Un nuevo 7 de agosto volvió a teñir de emoción y recogimiento las calles del barrio 12 de Octubre. Desde las primeras horas de la tarde de este jueves, decenas de pergaminenses se acercaron al templo de la calle Falucho al 800 para participar de las actividades en honor a San Cayetano, el santo patrono del pan, el trabajo y la paz.
La comunidad, guiada por el padre Aníbal Tabares, organizó una jornada de encuentro espiritual cargada de sentido. Pasadas las 14:30, se dio inicio a la procesión por las calles aledañas: una caminata sencilla pero profundamente simbólica, acompañada por oraciones, agradecimientos y pedidos. Más tarde, en el SUM del jardín que lleva el nombre del santo, se celebró la misa ante una importante concurrencia, en un ambiente de devoción y respeto. Algunas personas participaron activamente de la ceremonia, mientras que otras se acercaron solo a la imagen de San Cayetano para dejar una vela, una estampa o una súplica silenciosa.
San Cayetano, símbolo de lucha y consuelo
La historia de Cayetano de Thiene, nacido en Italia en 1480, es un testimonio de transformación. De académico brillante y miembro de la corte papal, renunció a todos sus privilegios para dedicarse a los más pobres, fundando instituciones solidarias y promoviendo el valor del trabajo como camino hacia la dignidad.
En Argentina, su figura cobró fuerza en contextos de crisis, convirtiéndose en un símbolo popular de resistencia, fe y esperanza. Hoy, cuando la incertidumbre económica golpea con fuerza a muchas familias, la frase “San Cayetano, danos trabajo” deja de ser solo una oración y se convierte en un pedido urgente. La devoción hacia este santo trasciende las creencias religiosas: convoca a quienes necesitan un trabajo digno, un plato en la mesa, una razón para no rendirse.
Un acto de fe que une
La celebración de este jueves en Pergamino fue mucho más que un rito religioso: fue un acto colectivo de esperanza, una expresión de humanidad compartida en tiempos donde la fe también se vuelve refugio. Porque cuando escasea el pan y el trabajo se vuelve esquivo, acercarse a San Cayetano es, para muchos, una forma de abrazar la esperanza y seguir soñando con un futuro más justo.