Adolescentes y redes sociales: entre la conexión y la presión
La psicóloga María Victoria Mattú analiza el vínculo de los adolescentes con la digitalización y advierte sobre la importancia de la presencia adulta.
8 de diciembre de 2025 - 12:25
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La exposición constante en redes impulsa a muchos adolescentes a buscar validación permanente, un fenómeno cada vez más visible en consultorios y escuelas.
FUNDACION CLINICA DE LA FAMILIA
En un contexto donde casi toda la vida social de los jóvenes transcurre en pantallas, la Licenciada María Victoria Mattú —psicóloga pergaminense especializada en atención clínica de adolescentes y adultos— describe el vínculo de los adolescentes con las redes como “ambivalente”: un espacio que los conecta, pero al mismo tiempo los somete a una presión constante.
La digitalización, en escenario que atrae y a la vez vulnera
“Me resulta interesante describir la relación de los adolescentes con las redes sociales como un vínculo ambivalente. La virtualidad es para ellos una parte esencial de la vida. Muchas veces termina acercándolos al sentido de pertenencia”, comienza diciendo la experta. Mattú señala que el 98,5% de los adolescentes argentinos está registrado en alguna red, y que esto no es inocuo: ansiedad, insomnio, bajo rendimiento escolar, problemas de conducta y exposición temprana aparecen como consecuencias frecuentes.
La profesional remarca que los jóvenes quedan atrapados en una dinámica de comparación y validación permanente, alimentada por modelos de cuerpos perfectos y vidas idealizadas. “Consumir prácticamente todo el tiempo modelos aspiracionales. Los lleva casi directamente a la frustración e inseguridad”, afirma.
En su consultorio escucha frases como: “Si lo que muestro no gusta, es como que no existo”, un ejemplo claro del FOMO ( que es el miedo a quedar afuera).
Cuando lo virtual ya no se corta
La continuidad del espacio digital convierte los conflictos cotidianos en situaciones más difíciles de contener. Lo que antes terminaba en la escuela hoy sigue en los chats: bullying, ciberacoso, estafas y apuestas online forman parte del nuevo escenario.
Mattú destaca que en ciudades intermedias como Pergamino la exposición es aún mayor: una foto o comentario malintencionado circula rápido y multiplica el impacto en la escuela, el club o el barrio.
La presencia adulta como eje
En un pasaje clave, la psicóloga subraya que no se trata de prohibir, sino de estar presentes. “Es herramienta fundamental poner límite, establecer horarios de uso, momentos libres de pantalla, acuerdos sanos en relación al vínculo con las redes sociales”, expresa.
Para Mattú, la regulación y el acompañamiento pueden convertir la virtualidad también en un espacio que potencie aspectos positivos.
Mattú asistió recientemente a una conferencia que el psiquiatra Lucas Raspall, especialista en adolescencia, dio en Pergamino, donde —según destaca— quedó latente un mensaje central: “La relación con nuestros hijos no siempre es democrática: con argumentos claros que no siempre el adolescente comprende y es esperable por la etapa que atraviesa, se debe establecer el límite, la última palabra debe ser del adulto que acompaña y guía. La paciencia como herramienta y recurso, debe ser una aliada fundamental”.
La psicóloga considera que ese enfoque aporta claridad en un tiempo en el que muchos adultos sienten que no saben cómo intervenir ni cómo poner límites frente al uso compulsivo del celular. También valoró la masiva participación de familias pergaminenses en esa jornada.
Hay escenas que se presentan a diario en el consultorio que ilustran de manera concreta lo que toda la sociedad observa a diario: adolescentes que sienten que solo existen si otros los ven, los validan y aprueban.
Desafío colectivo: acompañar sin invadir
“Me gustaría dejar a las familias, docentes y cada adulto responsable que la respuesta no está en prohibir sino en estar presentes, brindar confianza para que no haya temor de contar cualquier contexto”, sostuvo.
El acompañamiento a adolescentes implica si o si el compromiso a un desafío que a veces resulta aún más difícil de lo pensado, pero no imposible. Observarlos y estar atentos como padres no es tarea sencilla, pero es tan importante como escucharlos.
Mattú enfatiza que es tarea de toda la comunidad: familias, escuelas, clubes y cualquier espacio donde haya jóvenes. El objetivo no es alejarlos de la virtualidad, sino ayudarlos a usarla sin lastimarse, sin abusar de ella y sin perder el contacto con la realidad concreta.