Racing vivió una noche que quedará grabada en su historia reciente: derrotó 1-0 a Boca en la Bombonera, lo eliminó del Torneo Clausura y se metió en la final. Apenas sonó el pitazo final, Gustavo Costas explotó de emoción: abrazos, gritos, lágrimas contenidas y una certeza que repitió una y otra vez: “Con este grupo voy a la guerra”.
“Estoy feliz, contento de haber logrado pasar y eliminar a un cuadro como Boca. Estoy orgulloso de este grupo y de cómo jugó el equipo en el segundo tiempo”, dijo el entrenador, todavía envuelto en un ambiente de adrenalina y celebración. Costas reconoció que la primera parte había sido floja, pesada, condicionada por la tensión: “Fue malísimo para ambos. Nos pesó a los dos”.
“En el entretiempo los cagué a pedos”
El técnico explicó cómo cambió el partido en el descanso:
“En el entretiempo los cagué a pedos. En el segundo tiempo dominamos, salimos jugando. No aparecía el gol… hasta que apareció con ese golazo. Lo merecíamos”.
Esa reacción, sostuvo, responde a la identidad que viene construyendo: intensidad, valentía, pelota al piso y una convicción colectiva que Racing había perdido tras su traumática eliminación de la Copa Libertadores. “Nos cambió la cabeza aquel gol a Newell’s. Nos devolvió la felicidad”, recordó.
El entrenador también marcó otro hito:
“No nos había pasado nunca dejar afuera a River y a Boca en el mismo torneo”.Pero avisó: “Todavía no ganamos nada”.
El análisis táctico y el reclamo: “Cada falta nuestra era amarilla”
Costas destacó detalles del juego: las facilidades sobre el sector izquierdo en el primer tiempo, la necesidad de atacar mejor el área y la importancia de sostener el plan defensivo. También se mostró crítico con el arbitraje:
“Cada falta nuestra era amarilla. Corrimos el riesgo de quedarnos con seis jugadores en el primer tiempo”.
Sobre los cambios de Boca, fue tajante:
“No me voy a meter en los cambios de Boca”.
Maravilla Martínez, el desahogo del goleador
El entrenador dedicó un capítulo especial al autor del gol, Adrián “Maravilla” Martínez, quien venía de una racha adversa:
“No lo hinché tanto las bolas. A los 9 a veces se les cierra el arco. Hoy metió un golazo. Le tenemos una fe bárbara”.
La escena en el vestuario lo dijo todo:
“Todos cantaban por él. Eso ayuda mucho”.
“Estos chicos dejan la vida. Juegan desgarrados, rotos”
Costas volvió a hablar del espíritu del plantel, un tema recurrente en su gestión:
“Encontramos un grupo con pertenencia, que se mata por la camiseta. Más allá del dinero. Juegan desgarrados, rotos, y eso no se ve en todos lados”.
Y agregó una reflexión sobre el fútbol actual:
“Hace dos meses que definimos mano a mano. Si perdés, te vas. Antes ganabas un clásico y festejabas dos semanas; ahora no se puede. La historia la escriben los que ganan”.
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El mensaje final y una frase que quedó como bandera
Antes de despedirse, Costas recordó una charla con Diego Milito sobre su continuidad, habló de la importancia de cambiar la mentalidad del plantel y hasta mencionó que las vacaciones deberán esperar hasta el 21 de diciembre.
Pero su frase final fue la que retumbó más fuerte:
“Con este grupo voy a la guerra y a cualquier lado.”
Racing está en la final. Y llega con una convicción que, para Costas, vale tanto como cualquier sistema táctico.