jueves 09 de abril de 2026

Inseguridad, la sensación que no deja vivir tranquilo

16 de febrero de 2020 - 00:00

Por no tomarse las medidas a tiempo, cuando el accionar de la delincuencia comenzaba a preocupar, hace más de una década, hoy se padece una situación delicada. En la actualidad se producen hechos graves, prácticamente a diario, que obligan a los pergaminenses a extremar sus recaudos para no ser víctimas.


Aunque aparezca reiterativo, el de la inseguridad nunca es un tema para dejarlo de lado. Lamentablemente nuestra comunidad se ha acostumbrado a convivir con ciertos hechos delictivos, algo que hasta hace unos años no sucedía pero se podía prever. Para frenar esa escalada, desde hace más de una década había que tomar una serie de medidas, que no llegaron –y si llegaron fueron solo paliativos- y ahora se están notando las consecuencias.

No es que no se haya hecho nada, pero todo lo que se hizo, evidentemente no fue suficiente.

Todos los días se cometen delitos en Pergamino, algunos verdaderamente graves por la presencia de armas de fuego portadas por sujetos que actúan con total desprecio por la vida de sus semejantes. La impunidad es otra característica de los malvivientes actuales, que usufructúan al máximo las ventajas que el elástico sistema penal les brinda.

En este contexto, hay una realidad concreta que la marcan las estadísticas compuestas por los delitos que se conocen públicamente, y otra abstracta que es la sensación de inseguridad que la forman tanto aquellos hechos como los que no se denuncian o no trascienden.

Como en el ámbito climatológico, en materia de seguridad hay una temperatura real y una sensación térmica, siendo esta última la que verdaderamente se sufre en la piel, ya sea agravando el frío o aumentando el calor.

Al evaluarse la realidad delictiva hay dos caminos posibles para obtener una relativa certidumbre. Por un lado es necesario consultar las estadísticas que manejan los organismos oficiales, y por otro amerita colocar el termómetro en la sensación que percibe y transmite la gente. Muchas veces los números de las planillas no se condicen con el pensamiento en general de la ciudadanía (además no todo lo que sucede se denuncia y pasa a formar parte de la estadística), pues por más que se asegure que el índice delictual pudo haber decrecido, por cada hecho que se registra, en el ambiente se acrecienta esa marcada inquietud que se ha transformado, junto con el de la situación económica, en el reclamo más profundo de la sociedad, no solo en Pergamino sino en todo el país.

Algunos números

De hecho, según estadísticas oficiales, a nivel país se registró una baja en la tasa de robos, que pasó de 1027,2 en 2015 a 1002,7 en 2016; en 2017 se registró un nuevo descenso, para llegar a 920,2. En 2018 la tasa subió nuevamente hasta 955,9, y en 2019 fue de 838,3 robos cada cien mil habitantes.

Allí está a las claras que si bien proporcionalmente entre cantidad de habitantes y cantidad de delitos hay una leve merma, la inseguridad en líneas generales no ha decrecido, por lo que no es sólo una sensación, sino una realidad palpable que pone en riesgo a todos y cada uno de los habitantes, sin distingos de ninguna naturaleza.

A nivel local se pudo establecer un comparativo de enero de este año con el mismo mes del año pasado. Allí los números reflejan que prácticamente se mantuvo en los mismos porcentajes la actividad delictiva de los denominados hechos “de calle”, es decir los robos contra la propiedad y en la vía pública. En rigor de verdad, en los primeros 30 días del año en este 2020 hubo 10 hechos menos que en enero de 2019.

Pero hay un dato tan relevante como preocupante: si bien hubo menos robos, lo que subió casi al doble fue el índice de los denominados “calificados” es decir los cometidos con armas de fuego. Y, se sabe, cuando hay un arma de por medio, un robo puede pasar a homicidio en cuestión de segundos.

Con esos datos se demuestra que los delincuentes, que van mutando en sus “modus operandi” pero que generalmente son siempre los mismos, mantienen su actividad. A la par hay una tarea de la Policía y la Justicia para el esclarecimiento y la detención de los sujetos de mal vivir que no siempre resulta tan efectiva como la sociedad necesita. Pero queda en evidencia que, por más móviles policiales y efectivos que se vean en las calles, la mejora en la acción preventiva todavía es una materia pendiente.

Siempre al acecho

La delincuencia nunca descansa; aunque a veces pasen jornadas sin que se conozcan hechos resonantes, existe la certeza de que los robos y asaltos están siempre a la orden del día. Y los hay de todo tipo: a grandes y chicos, a ricos y pobres, a casas y comercios, con violencia y sin ella. En fin, se advierte en la ciudad una realidad, propia por un lado del crecimiento demográfico y por otro por el marcado incremento de las actividades económicas en esta región de la cual Pergamino es cabecera. No menos decisivo para que ello suceda es la no del todo eficiente labor policial en la prevención de delitos y la no siempre acertada acción de la Justicia, sumado a la falta de una verdadera política de Estado en materia de Seguridad. De hecho, por estas horas el Gobierno nacional llegó con su propio manual para desacreditar todo lo hecho en los cuatro años anteriores. Con razón o sin ella, no está bien que pasemos sin escalas del supuesto “garantismo” a la supuesta “mano dura” y viceversa. Fundamentalmente porque ni una ni otra cosa fue la receta eficiente contra un flagelo que tiene raíces en la multiplicidad de causas, no solo en la interpretación del Código Penal, ni en la ideología de la derecha o de la izquierda.

Por eso cabe insistir en que de no haber consensos verdaderos en la política de seguridad, habrá consecuencias mucho más lamentables en el corto plazo.

Cierto es que la problemática no es exclusiva de nuestra ciudad, y que según en cristal con que se lo mire Pergamino es un paraíso en relación a lo que sucede en las grandes urbes. Pero no hay que dejar que aquellos altos índices delictuales se radiquen por este lado.

Antes de que sucedan hechos más graves aun de los que se han padecido, urge la toma de medidas para acotar las posibilidades de los delincuentes, y para ello es necesario que las autoridades políticas, legisladores, concejales, fiscales, jueces y dirigentes comunitarios conformen un homogéneo equipo de trabajo que atienda esta problemática ya no sólo en la coyuntura sino también en el mediano y largo plazo.

Medidas preventivas

Ante esta situación, al advertirse que los resortes naturales de la Policía y la Justicia no pueden resolver el grave problema, impera una decisión que no debe postergarse en ninguna familia, comercio o empresa: la autoprotección. Esto no significa comprar ni utilizar armas, sino tomar ciertos recaudos para contrarrestar la eventual acción de algún delincuente.

Todos, a esta altura de los acontecimientos, deben tener la certeza de que la delincuencia está instalada y puede atacar en cualquier momento y lugar. Hay que saber que, salvo los hechos delictivos que se cometen “al boleo”, la mayoría se planifican en función de los movimientos de las víctimas. Los cacos, en general, hacen tareas de inteligencia y conocen los horarios de ingreso y salida, quién está en la casa, cuándo puede haber dinero, etcétera. Si la gente logra cambiar algunos hábitos y no hacer su vida rutinaria, es una buena medida para complicarles la vida a los delincuentes.

Al mismo tiempo, y en la medida de las posibilidades que cada uno tenga, siempre será positivo tener sistema de alarma, aberturas rígidas, establecer una red de contactos con vecinos, no brindar datos, no atender ni personal ni telefónicamente a desconocidos, etcétera.

Por lo pronto, el autovalimiento es una medida que no debe dejar de implementarse, al tiempo de utilizar el servicio de emergencia policial (911) cuando se advierta la presencia de sujetos sospechosos.

Por otro lado, es oportuno aclarar que algunos hechos delictivos que se producen en Pergamino no trascienden públicamente por diferentes motivos: en algunos casos porque sus víctimas así lo prefieren y se lo hacen saber al periodismo; en otros porque no se denuncian y también hay casos que suelen ser ocultados o minimizados. La gravedad de la situación debería obligar a todas las partes a dar a conocer lo que acontece, con el fin de que la población tome real conciencia de lo que está sucediendo.

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