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Se lo puede ver por algunos barrios repartiendo los diarios. Comenzó a los 16 años, con su bicicleta por calles de tierra. En lo deportivo, tanto en el basquetbol como en el fútbol, tuvo un activo desempeño como asistente, técnico y dirigente. Hoy sigue vinculado al Club Gimnasia y Esgrima, aunque sin cargos. Los pilares: su familia, los amigos y las imborrables anécdotas de la trayectoria deportiva.
O scar Enrique Riera nació el 27 de agosto de 1954 en Pergamino. Creció en el barrio Trocha, donde aún vive. Lo suelen llamar Bicho, Poroto o Cachorro, apodos que fue adoptando en la vida y en el deporte, un ámbito al que siempre estuvo vinculado. Hijo de Héctor Oscar Riera y Blanca Thomé, creció en una familia que tuvo que hacer múltiples sacrificios para que él se forjara un porvenir. Su padre era cobrador de varios clubes y pertenecía al gremio de los panaderos; y su madre, ama de casa. Es el mayor de varios hermanos: Rubén Raúl, que falleció siendo muy chico; Alberto; y Rubén Raúl, que lleva el nombre de su hermano por decisión de su padre. Con todos Oscar siempre se sintió muy unido y en varias ocasiones del diálogo señala que han sido y son sus pilares. Recuerda una infancia feliz, con anécdotas simples, asociadas a los juegos de chicos en la entonces calle Misiones, que se transformaba por momentos en cancha de fútbol, en pista de carreras de autitos o en escenario para jugar a las bolitas. Fue a la Escuela Nº 6 y más tarde al Colegio Nacional, pero enseguida supo que el estudio no era lo suyo y comenzó a trabajar. A los 15 años entró en la Farmacia Fénix y a los 16 comenzó su camino como canillita, el oficio que abrazó para siempre y el que mantiene en la actualidad. Cualquiera puede verlo con su moto haciendo el reparto. Solo los domingos lo hace acompañado por su esposa y en auto, lo que de por sí se transforma en cierta medida en un paseo y en la posibilidad de compartir más tiempo juntos. Cuando se inició en la tarea lo hacía en la típica bicicleta que tenía la rueda chica adelante. Su zona de reparto abarcaba cinco sectores: La Amalia, el barrio Obrero, la zona del Matadero Municipal, José Hernández y la zona donde hoy están ubicadas las 512 Viviendas. Su clientela ha sido y es muy fiel y se siente muy agradecido a esa gente de toda la vida. Hace 46 años que me compran los diarios y en tanto tiempo se establecen relaciones con los clientes, a mí me gusta mucho charlar con ellos, me cuentan sus historias de vida, he conocido a padres, hijos y nietos en una misma familia.
Su rutina de canillita arranca todos los días a las 7:30, salvo los domingos que inicia mucho antes. Disfruta de su trabajo y confiesa que los pocos días feriados que le propone su oficio, lo dejan con la sensación de no saber bien en qué ocupar el tiempo.
Un puntal
Hace 37 años que está casado con Mónica Araceli Puntela, a quien conoció cuando ella, oriunda de Salto, se vino a vivir a Pergamino, en la casa de una tía que vivía a pocos metros de donde estaba Oscar. En esa condición de vecinos se enamoraron, estuvieron un año y medio de novios, se casaron y comparten la vida. Asegura que son compañeros inseparables y que su familia ha sido siempre un puntal. Tienen dos hijos: Sebastián (36), que se dedica a hacer tatuajes, está en pareja con Noelia y es papá de Valentín, el único nieto de Oscar que tiene 16 años. Y Cintia (34) que es comunicadora social y masoterapeuta. Vive en Pergamino, estuvo unos años en España y está en pareja con Marcelo.
El deporte
Desde chico Oscar estuvo vinculado al mundo del deporte, en principio porque su padre estuvo ligado a la actividad y porque sus primos desempeñaron diversos roles que lo acercaron siempre a las instituciones deportivas. El tener medio día libre por su trabajo en cierto modo facilitó que pudiera dedicarse con pasión a cada una de las cosas que hizo. Jugó al bowling. Deportivamente eso fue lo mío y llegué a ser campeón argentino en Mar del Plata representando a Douglas Haig, integrando un quinteto imbatible con: Raúl Iriarte, Miguel Amarillo, Miguel Angel García Picle, Julio Rottini y Oscar Chueco Martin (suplente).
Siendo muy joven lo convocaron para dar masajes a los chicos que jugaban en el Club Sports. Estuve dos años yendo a la Liga de Fútbol para que un fenómeno, Orlando Talo Delorenzini me fuera enseñando la técnica. Aprendí y empecé. Eso me fue dando experiencia y tanto es así que en 1969 ya era masajista de Sports campeón invicto de la ciudad de Pergamino durante cuatro años, cuenta.
En el club, Elido Lalo Garbini, que era el técnico de la primera división de basquetbol, le pide que le diera una mano con el plantel. Y ahí estuvo Oscar. En el momento en que se produce en Sports el desprendimiento de varios directivos, era delegado en la Asociación de Basquetbol y el Club Gimnasia y Esgrima, a través de Ricardo Cochengo Piscia, lo llama porque se estaba preparando para incursionar en lo que terminó siendo la Liga Nacional. Integré los planteles de Gimnasia y Esgrima desde 1985; hicimos el ascenso, subimos de categorías y llegamos a la Liga Nacional. Yo era masajista, utilero y más de una vez hasta gerente en algún viaje, refiere este hombre que con el tiempo fue adquiriendo experiencia en el abordaje de lesiones deportivas. Siempre me caractericé por intervenir si estoy seguro de lo que hago y eso me fue llevando a sentirme muy seguro.
Su trabajo con el equipo le permitió viajar mucho, disfrutar de experiencias inolvidables y ser parte de la historia deportiva de la ciudad. Cuando viajaba el reparto lo hacía mi hermano Rubén. Siempre disfruté de cada cosa que hice y la experiencia en la Liga Nacional fue espectacular. Sentí una gran tristeza cuando nos tuvimos que ir, confiesa.
En el Club Gimnasia y Esgrima, el profesor Ricardo Bojanich le comenta que la institución perdía chicos que se iban a jugar a otros clubes porque no estaba organizado el fútbol infantil. Ahí Oscar puso manos a la obra e inició el fútbol en Gimnasia y Esgrima en 1986. Armamos un grupo cuyo principal referente fue mi hermano Rubén, que actualmente trabaja en el fútbol infantil en la institución.
Fue una experiencia extraordinaria. Llegamos a ganar ocho campeonatos de primera división y varios de inferiores. Yo fui secretario del club, una institución que me atrapó. Estaba en la Liga Nacional y tenía el fútbol infantil con todas las categorías muy bien representadas. A medida que los chicos fueron creciendo aparecieron nuevos desafíos, ingresé como delegado en la Liga de Fútbol, después me nombraron secretario y despacito me fui metiendo más en la cuestión dirigencial. A la par hice el curso de técnico nacional, pero con el tiempo dejé de dirigir y me aboqué de lleno a la cuestión institucional porque teníamos una estructura de 150 jugadores que había que sostener. Llegamos a salir campeones con equipos de inferiores, jugadores llegaron a jugar en primera división de Pergamino y algunos también en el profesionalismo.
En la Liga fui diez años secretario. Hace un par de años, siendo vicepresidente de la Liga Mayor, me tocó presidir la Liga Infantil, y fui el primer presidente del desprendimiento. Hoy sigo vinculado al Club Gimnasia y Esgrima y a la actividad deportiva, pero sin equipos a cargo ni cargos directivos. En pocos días más cumplo 62 años y me da la sensación de que uno despacito se va retirando de algunas actividades. Fueron 30 años de mucha actividad y de mucha responsabilidad, que yo viví con alegría. Siempre fui muy pasional en todo lo que hice y ahora es tiempo de levantar el pie del acelerador. Sigo vinculado a Gimnasia y Esgrima porque ahí tengo muchísimos amigos y conservo el recuerdo de las más lindas vivencias.
En 1991 vino la selección mayor de basquetbol a Pergamino a hacer una pretemporada, le pidieron al cuerpo médico colaboración, y ahí estuve yo dos meses con la selección mayor a mi cargo. Viajamos a Uruguay, Brasil y estoy hablando de jugadores como Marcelo Milanesio, Diego Cela, Oroño, y tantos otros. Todavía conservo una carta de agradecimiento de la Confederación, esos chicos me querían llevar con ellos a un panamericano que se hacía en Venezuela.
En 1992 viajamos a Estados Unidos con el fútbol infantil de Gimnasia y Esgrima. Fue un viaje inolvidable. El torneo era una excusa para estar cuatro días en Disney. Héctor Chulengo Riera fue conmigo y no me voy a olvidar más que lloramos como dos chicos cuando vimos el castillo de Mickey, era como estar en una película de dibujos animados y volver a ser un poco niños.
El deporte me ha dado grandes satisfacciones. Por mis manos pasaron figuras que me marcaron mucho, jugadores de jerarquía que fueron grandes. En el basquetbol, 150 americanos pasaron por mis manos, campeones de la NBA. Uno de los primeros que vino a Pergamino fue Patrick, campeón NBA, que llegó con el anillo que le dan de campeón. Cuando estás en contacto con ellos te das cuenta de la humildad que tienen los grandes. En más de una oportunidad, tanto en el basquetbol como en el fútbol, como en la vida misma, sentí que estaba en el momento justo en el lugar indicado para vivir experiencias extraordinarias.
Cabulero, amigo de sus amigos. Cuando no trabaja le gusta descansar. En 2014 ganó el Gran DT del diario Clarín y eso le dio la posibilidad de viajar al Mundial de Brasil para presenciar el partido inaugural de la selección argentina. En su deseo está el poder viajar un poco más. Disfruta del tiempo compartido con la familia y los amigos. Tengo muchos amigos, entre ellos, Paloma Fontana, Roberto Amué, Leo Salvucci, Boni Ferreyra, Cruz Galán, Bocha Calvo y Nicolás González.
Se emociona cuando habla de ellos y en ellos reconoce el valor que tienen en su vida los innumerables amigos que cosechó en su labor como canillita y en su tarea como hombre dedicado al deporte. También lo hace cuando habla de su familia. Lo deportivo, y lo personal confluyen sobre el final del diálogo, cuando Oscar refiere la sensación de gratitud que experimenta al sentirse querido y acompañado para transitar con sus afectos más entrañables cada una de las experiencias de la vida. Como en otras épocas voceando para vender un diario o estando cerca de la gloria deportiva, sin perder la esencia, donde está lo que vale.