sábado 13 de junio de 2026

Juicio oral, por dos robos a la misma casa de mujeres en una semana, a quienes asaltaron por un mal dato

Juzgan a un sujeto acusado de integrar una banda que cometió dos robos armados en una vivienda rural de Pergamino durante agosto y septiembre de 2024.

13 de mayo de 2026 - 17:37

Una madre adulta mayor y su hija declararon este miércoles ante el Tribunal Oral en lo Criminal Nº1 de Pergamino en el juicio oral contra un sujeto acusado de participar en dos violentos robos rurales ocurridos en una vivienda ubicada cerca del cruce de la ruta 8 y la autopista Pilar-Pergamino, en cercanías de la curva del Aeroclub Pergamino.

El debate oral comenzó este miércoles y continuará hasta el jueves bajo la conducción del juez Ignacio Uthurry. El acusado, Emanuel Aballay, ocupa el banquillo imputado por dos episodios de robo agravado cometidos contra una mujer adulta mayor y su hija en una finca rural situada a la altura del kilómetro 235 de la ruta nacional 8.

Además de los asaltos, también enfrenta cargos por la tenencia de un handy que transmitía la frecuencia policial activa, secuestrado durante un procedimiento de la brigada motorizada de la Policía Local en septiembre de 2024.

Robos rurales violentos

Durante la primera jornada del juicio se escucharon los alegatos iniciales de la Fiscalía y de la Defensa Oficial. Luego declararon las dos víctimas, quienes reconstruyeron ante el Tribunal los momentos de extrema tensión vividos durante los atracos perpetrados por delincuentes encapuchados, armados y con guantes.

Los testimonios estuvieron cargados de dramatismo y revelaron el nivel de violencia psicológica y física ejercido por los asaltantes, quienes irrumpieron en la vivienda convencidos de que las mujeres ocultaban una importante suma de dinero en dólares.

Según trascendió en la audiencia, los ladrones exigían insistentemente “100 mil dólares” y hacían referencias a datos que no coincidían con la realidad de las víctimas. Entre las inconsistencias mencionadas surgió que los delincuentes reclamaban un dinero “que le había llevado la hija” a una mujer que en realidad es soltera y también buscaban una camioneta de características distintas a la que poseían las damnificadas.

La hipótesis que comenzó a tomar fuerza durante el debate oral es que la banda habría actuado con información equivocada y que la confusión podría estar relacionada con una socia comercial de una de las víctimas en un emprendimiento gastronómico.

Declaraciones policiales

También comparecieron efectivos policiales que participaron de la investigación. Declaró una oficial de la brigada motorizada de la Policía Local que intervino en el procedimiento realizado el 1 de septiembre de 2024, cuando interceptaron al acusado en inmediaciones de Soberanía y Torrent.

Según expuso la uniformada, el sospechoso intentó desprenderse de un handy marca Baoleng al advertir la presencia policial. El aparato estaba sintonizado en la frecuencia policial activa y transmitía comunicaciones reservadas de la fuerza de seguridad.

A su vez, brindó testimonio la jefa de operaciones de la DDI Pergamino que encabezó la investigación para la Fiscalía Nº3 y que vinculó al acusado con al menos uno de los robos perpetrados en la vivienda rural.

Primer robo armado

El primero de los hechos ocurrió el 24 de agosto de 2024 alrededor de las 21:00. De acuerdo con la acusación fiscal, cuatro delincuentes irrumpieron en la propiedad tras romper la puerta de la cocina a patadas.

Las víctimas fueron reducidas bajo amenazas con armas de fuego. A una de ellas la trasladaron al living, donde la intimidaron con una picana eléctrica mientras le exigían dólares. Finalmente entregó 300 mil pesos que guardaba en otra habitación.

Los delincuentes ataron a la mujer con cables y la amenazaron con cortarle un dedo si no entregaba más dinero. Mientras tanto, su madre permanecía sentada en la cocina con la cabeza cubierta por un mantel.

Durante aproximadamente una hora revisaron toda la vivienda y también los vehículos estacionados en el predio. La fuga se precipitó cuando, según la investigación, un cómplice apostado afuera les advirtió por handy que el sereno de la empresa Akron había detectado movimientos sospechosos.

Antes de escapar sustrajeron dinero en efectivo, teléfonos celulares, joyas de plata, una escopeta y distintos elementos de la vivienda.

Segundo asalto rural

El segundo episodio ocurrió apenas una semana después, durante la madrugada del 1 de septiembre de 2024. Según la imputación, tres delincuentes volvieron a ingresar a la misma vivienda mientras las dos mujeres dormían en la misma habitación.

Las víctimas fueron nuevamente maniatadas y amenazadas con armas de fuego mientras les exigían dinero y las llaves de una camioneta. Las mujeres les dijeron que ya no tenían efectivo debido al robo sufrido días antes.

Los delincuentes finalmente escaparon en un automóvil Citroën C3 perteneciente a una de las damnificadas, luego de atarlas nuevamente y destruir los teléfonos celulares que tenían en la habitación.

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Handy con frecuencia policial

Horas después de ese segundo robo, efectivos de la Patrulla Motorizada Municipal interceptaron al acusado en la vía pública. De acuerdo con la acusación, el sujeto llevaba un handy que transmitía la frecuencia policial utilizada por los móviles y efectivos de seguridad.

Ese hallazgo derivó en una causa penal independiente que ahora también forma parte del juicio oral desarrollado en el Tribunal Oral en lo Criminal Nº1.

El debate continuará este jueves con la incorporación de nuevas pruebas y los alegatos finales de las partes, tras lo cual el juez deberá resolver la situación procesal del acusado.

Declaración de una víctima

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Una mujer que padeció dos violentos asaltos en su vivienda rural ubicada sobre el kilómetro 235 de la Ruta Nacional 8, en Pergamino, declaró que los delincuentes actuaron bajo una confusión de identidad y estaban convencidos de que en la propiedad había una importante suma de dinero en dólares. Los hechos ocurrieron el 24 de agosto y el 1 de septiembre de 2024.

El testimonio de la víctima, incorporado a la investigación judicial, permitió reconstruir detalles estremecedores de ambos episodios y dejó en evidencia el profundo impacto emocional que sufrió tras los ataques. Según relató, al menos cuatro delincuentes irrumpieron en la vivienda y durante el robo mantenían comunicaciones por handy con una persona que se encontraba fuera del inmueble y les insistía en que debían encontrar “100.000 dólares”.

De acuerdo con las fuentes del caso, la mujer explicó que los asaltantes la confundieron con la propietaria de una estación de servicio donde ella explota un bar. La similitud entre ambas camionetas habría sido uno de los factores que originó el error: la víctima posee una Ford Ranger gris, mientras que la empresaria tiene una Toyota del mismo color.

Además, durante el asalto los delincuentes preguntaban reiteradamente por una hija que la víctima no tiene, otro dato que reforzó la hipótesis de una equivocación basada en información errónea sobre la situación familiar y económica de la mujer.

Maniatada y encerrada en el baño

En su declaración, la damnificada recordó con angustia el primer atraco ocurrido el 24 de agosto de 2024. Los delincuentes ingresaron violentamente a la vivienda rural, la maniataron y la encerraron en el baño mientras recorrían la casa en busca del dinero que creían encontrar.

La mujer logró desatarse por sus propios medios y acudió en auxilio de su madre, quien también estaba en la vivienda al momento del robo. Afortunadamente, la adulta mayor resultó ilesa, aunque ambas quedaron profundamente afectadas por la violencia del episodio.

Tras la fuga de los asaltantes, la víctima debió caminar hasta una garita de seguridad cercana para pedir ayuda y comunicarse con la Policía, debido a que los delincuentes se habían llevado los teléfonos celulares.

Un segundo golpe y el miedo permanente

Pocos días después, el 1 de septiembre de 2024, la vivienda volvió a ser escenario de otro asalto. La reiteración del ataque incrementó el temor de la familia y profundizó la sensación de vulnerabilidad.

La víctima declaró que, después de los hechos, continuar viviendo en esa casa se volvió imposible. Según expresó ante los investigadores, el terror que le generaban los asaltos le impedía regresar con normalidad a la propiedad rural.

La situación emocional llegó a tal punto que decidió desprenderse de la vivienda mediante una permuta realizada a través de una entidad bancaria. Según relató, ya no quería volver a pisar el lugar y priorizó abandonar la propiedad antes que obtener un beneficio económico por su venta.

“La camioneta era mi herramienta de trabajo”

Durante su exposición, la mujer también explicó que nunca manejó las cifras millonarias que buscaban los delincuentes. Señaló que su camioneta era indispensable para sostener sus actividades laborales: además de atender el bar, trabajaba como ingeniera agrónoma autónoma realizando inspecciones de cultivos.

Esa realidad económica contrastaba por completo con la información que aparentemente manejaban los asaltantes, quienes actuaron convencidos de que la familia ocultaba una suma cercana a los 100 mil dólares.

Los testimonios incorporados a la causa fortalecieron la hipótesis de que los robos fueron planificados sobre datos falsos y que la vivienda rural terminó siendo blanco de una organización criminal que operó a partir de una equivocación de identidad.

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