El investigador detalló la cronología del proyecto y recordó que lo más sustancioso se desarrolló durante 2014 y 2015. Asimismo agradeció a la Municipalidad de Pergamino por la colaboración brindada para la ejecución del proyecto que analizó el tema desde el componente ambiental -con resultados en muestras de agua- y humano -con un estudio epidemiológico y resultados toxicológicos-.
En su presentación Pagano recordó que uno de los objetivos del estudio fue obtener una perspectiva que contribuya a la toma de decisiones para proteger la salud y el ambiente, a partir de la aplicación de buenas prácticas agrícolas para lograr que los productos alimentarios no afecten la salud ni la seguridad alimentaria de la población.
El impacto en las aguas
Los resultados del proyecto en relación al impacto de los agroquímicos en el ambiente fueron explicados por la doctora Olga Heredia, quien comentó que como parte del estudio se realizaron muestreos en aguas superficiales y subterráneas de la zona agrícola del Partido de Pergamino, desde la confluencia del Botija y el arroyo Pergamino hasta el puente de la ruta nacional Nº8. También comentó que durante 2014 y gracias a la colaboración de Aapresid se colectaron muestras de agua, tanto superficiales como subterráneas de una zona más al norte del Partido y aclaró que aunque los datos son definitivos, falta evaluar la relación entre resultados y realizar mapas de distribución de la concentración del herbicida, al tiempo que relacionar fechas y dosis de aplicación de glifosato.
Para el glifosato y su principal metabolito, que es el Ampa, tomamos como parámetro los valores internacionales de referencia que indican que el nivel máximo de contaminantes que podemos encontrar es de 700 partes por billón. También consideramos que la Subsecretaría de Recursos Hídricos los valores deben ser menores a 300 ppb para glifosato y para la proyección de la abiota acuática, 240 ppb, explicó Heredia y destacó que los resultados del estudio corresponden a noviembre y diciembre de 2014 y 2015 hasta septiembre.
Según refirió la investigadora, los niveles de glifosato y ampa son bajos, tanto en aguas superficiales, salvo alguna excepción que puede atribuirse a una contaminación puntual.
Con respecto a la presencia de glifosato y ampa en el agua de red, detalló que se han encontrado estos compuestos en algunas muestras, pero en niveles bajos.
Tanto el arroyo Pergamino como el Botija tienen un nivel de glifosato muy bajo y no representan ningún tipo de riesgo, aseguró Heredia y especificó que el arroyo Pergamino se encuentra más contaminado que el Botija, que está más limpio en todas las variables que se analizaron.
En términos generales, la investigadora concluyó: Se encontraron muestras positivas de estos compuestos pero todos los datos son muy por debajo de los niveles internacionales y nacionales dados para el herbicida.
La cuestión epidemiológica
En la continuidad de la presentación, la doctora María Irigoyen, profesional de la Facultad de Farmacia y Bioquímica, y quien tuvo a su cargo la realización del estudio epidemiológico, detalló: Trabajamos con 149 voluntarios, en dos rondas pre y post aplicación de fungicidas y de los 149 voluntarios de la primera ronda, 110 fueron nuevamente analizados en la segunda, es decir un 75 por ciento.
La especialista refirió que el muestreo se realizó en las distintas localidades del Partido de Pergamino e indicó que se realizaron entrevistas personales, fichas epidemiológicas, muestras de sangre, orina, agua de bebida y en algunos casos comidas. También comentó que el estudio contó con la colaboración de Agrolimpio y la Asamblea por la Salud, la Vida y el Ambiente y destacó el trabajo de los Centros de Atención Primaria de la Salud del partido por su disposición.
La investigadora detalló la composición de la muestra al referir que el 64 por ciento fueron empleados de Gobierno y el resto particulares y de estos, un 60 por ciento vinculados al agro y un 40 por ciento ambientalistas. Para la realización del estudio se conformaron grupos con las siguientes categorías: expuestos laboralmente; expuestos ambientalmente; y no expuestos o control.
Como parte de su exposición Irigoyen describió aspectos vinculados al contexto de vida de los voluntarios al señalar: el 12 por ciento de los hogares tiene huerta y arboleda y ninguno aplica fitosanitarios; el 59 por ciento tiene jardín o parque; y de este grupo el 49 por ciento aplica algunos insecticidas una vez al año. El 90 por ciento de los hogares usa insecticidas de uso domésticos.
Según el estudio en el 80 por ciento de las localidades se verificó la presencia de basurales a cielo abierto y se recogió como dato que en todas las delegaciones se realizan fumigaciones con insecticidas según necesidad ambiental o pedido de vecinos. Este es un dato que resulta significativo para mostrar que el problema es más abarcativo que el campo, sin con esto restarle peso, planteó la investigadora.
Con respecto a la salud el 68 por ciento de los voluntarios del estudio comentaron padecer algún problema de salud. El 60 por ciento tenía diagnóstico y seguimiento médico; y entre las patologías prevalentes aparecieron la hipertensión, alergias y problemas respiratorios, apuntó y mencionó que el 75 por ciento de los voluntarios consume medicamentos en forma habitual y el 30 por ciento se automedica.
Además hizo algunas referencias sobre la percepción que las personas tienen respecto al impacto de los agroquímicos en la salud: En los pueblos, el 80 por ciento de las familias se quejan de los olores y de este porcentaje el 40 asocia malestar descomposturas con la fumigación aérea. El 65 por ciento percibe que las fumigaciones terrestres con insecticidas los afectan. El 30 por ciento cree que la aplicación de glifosato puede afectarlos. En la ciudad, en cambio, el 35 por ciento cree que las fumigaciones afectan la salud; y el 90 por ciento cree que el glifosato no afecta la salud.
En otro orden, refirió que se observa un escaso uso de elementos de protección en la aplicación de fitosanitarios y alertó: el 97 por ciento de los empleados municipales que realizan fumigaciones no conocen las buenas prácticas agrícolas y pocos usan guantes.
De acuerdo a los datos epidemiológicos del estudio, la población no expuesta es la que presenta mayores dificultades respiratorias, algo que consideran un hallazgo.
En el aspecto epidemiológico el trabajo concluye en que hay evidencias de signos y síntomas asociados a una sumatoria de exposiciones.
Los resultados de laboratorio
La doctora Edda Villamil, tuvo a su cargo la descripción de los resultados de los análisis de laboratorios realizados sobre la base de las muestras tomadas a los voluntarios. En su exposición refirió que se concretaron análisis de colinesterada, evaluando dos enzimas que se inhiben ante la exposición a ciertos productos químicos de uso en las producciones intensivas de esta zona. Tomamos las muestras en dos momentos: pre y post aplicación de los insecticidas.
Ambas enzimas se inhiben por exposición a insecticidas, planteó, aunque aclaró que es un indicativo ya que hay otras patologías que inhiben estas enzimas y algunos factores como el estado de embarazo y el consumo de alcohol.
La profesional recordó que se trabajó sobre 148 muestras y refirió que cuando dividimos la población entre los ambientales y los no expuestos, las diferencias no resultan significativas para ninguna de las enzimas, algo que puede indicar que la aparición en sangre de algunos compuestos es independiente de las actividades de la persona.
En la etapa pos exposición de agroquímicos, los valores obtenidos refieren que hay más casos de inhibición de estas enzimas que en el período post aplicación, agregó e insistió en que de los datos se desprende una hipótesis relacionada a que la exposición podría no estar relacionada con la actividad laboral, algo que a su juicio es necesario investigar.
En este punto resaltó: La comparación de los datos obtenidos en una y otra etapa confirman la hipótesis de que hay una exposición a insecticidas no relacionada a la actividad agropecuaria y posiblemente asociada al uso doméstico de determinados productos.
Igualmente insistió en que en Pergamino los niveles de inhibición son bajos y no significan intoxicación; lo que están marcando es exposición y es posible que exista por uso doméstico por lo cual es necesario continuar con los estudios.
En lo que atañe a restos de insecticida en sangre, se investigaron distintos tipos de plaguicidas, muchos de ellos relacionados con el cultivo intensivo que se hace en la zona. Sobre esto, Villamil comentó que aunque ya no se utiliza más el DDT aún persiste.
Ahora bien, aun cuando hay alta frecuencia, los niveles son bajos y si los comparamos con los valores de referencia estamos en niveles muy bajos, remarcó y comentó que no hay diferencias entre los rastros en sangre de personas expuestas laboralmente y los expuestos ambientales, salvo en el caso particular del endosulfan.
En este aspecto el estudio concluye: La frecuencia de aparición de plaguicidas en sangre fue similar a la señalada por otros estudios realizados en el país. No hay diferencias significativas, no podemos decir que en Pergamino la población haya estado más expuesta a este tipo de compuestos. Las concentraciones halladas fueron mayores a las indicadas como valores de referencia, pero son niveles extremadamente bajos.
Por último, la profesional comentó resultados de las muestras de agua analizadas y en líneas generales planteó que se repite el mismo perfil que en los análisis de sangre. Los niveles de endosulfan resultan más altos.
En términos generales las aguas de bebida de Pergamino presentan pocos plaguicidas y en concentraciones por debajo de los niveles de referencia excepto el endosulfan, reiteró.
En lo que atañe al arsénico, indicó que las muestras analizadas correspondieron a los estudios preliminares y comentó que no se han encontrado valores importantes de arsénico en las aguas y tampoco niveles elevados de glifosato en las muestras analizadas.
Controversias
Al final de la presentación se abrió un espacio de preguntas y respuestas y se generaron controversias de algunos participantes con los especialistas en relación a estos resultados. El secretario de Salud, Matías Villeta medió acertadamente en la situación y solicitó que las intervenciones se ajustaran a interrogar sobre los resultados del estudio y en todo caso se discrepara con ellos, pero sin abrir un debate sobre cuestiones más amplias que excedían el tema de la reunión. Asimismo, se mostró dispuesto a generar desde la cartera sanitaria los espacios de encuentro que sirvan para reflexionar sobre las múltiples cuestiones que giran alrededor del uso de fitosanitarios y su potencial efecto en la salud de la población, siempre sobre la base de evidencias científicas.