martes 12 de mayo de 2026

Con amplia convocatoria se recordó el natalicio de María Crescencia Pérez

19 de agosto de 2015 - 00:00

La feligresía participó de las actividades realizadas en acción de gracias a la nueva beata. El lunes feriado, los devotos asistieron a la misa programada por cumplirse el aniversario número 118 del nacimiento de la hermana. Mañana se celebrará una misa en la Capilla del Colegio.

DE LA REDACCION. El pasado lunes feriado en la Capilla del Colegio Nuestra Señora del Huerto se desarrolló una celebración de la Eucaristía especial al cumplirse un nuevo aniversario, exactamente el número 118, del natalicio de la beata María Crescencia Pérez.

Con una amplia convocatoria, los pergaminenses volvieron a confirmar su admiración por esta sierva de Dios que el 17 de noviembre de 2012 fue beatificada, en una ceremonia desarrollada en el Circuito El Panorámico.

Es importante mencionar que mañana, como cada 20 de mes, en virtud de cumplirse un nuevo aniversario de la desaparición física de la Hermana, se oficiará una misa a las 18:00, presidida por el padre Carlos Miri, en la Capilla del Colegio donde descansa el cuerpo incorrupto de la beata.

 

La humilde violeta

Cuenta la historia que María Angélica Pérez nació en San Martín, provincia de Buenos Aires, un 17 de agosto de 1897. En 1905 su familia se mudó a Pergamino y dos años después, junto a una de sus hermanas, ingresó al “Hogar de Jesús”. 

En esta institución educativa, a cargo de la Congregación de las Hermanas del Huerto, permaneció pupila hasta fines de 1915. Por este entonces la vocación de María Angélica estaba definida. Tanto es así que abandonó el Hogar de Jesús para ingresar al noviciado. En ese momento dejó a sus dos familias: a sus padres y hermanos, y a las Hermanas del Hogar. Se trasladaba para cumplir con su gran vocación a la Ciudad de Buenos Aires, a la Casa Provincial de las Hermanas del Huerto, en el barrio de Villa Devoto. Era el 31 de diciembre de 1915. Un año después, con la vestición del hábito religioso, comenzó a llamarse Hermana María Crescencia en honor del santo mártir Crescencio.

La Hermana Crescencia, luego de hacer su primera Profesión Religiosa en 1918, es enviada al Colegio del Huerto en la ciudad de Buenos Aires, donde enseña el catecismo y da clases de labores a las niñas pupilas y externas. Siempre pronta para cumplir la voluntad de Dios, es enviada para seguir prestando su servicio en el ámbito asistencial a fines del año 1924. Viaja a Mar del Plata, al Sanatorio Marítimo, donde es responsable del cuidado y educación de las niñas con tuberculosis.

En Mar del Plata permanece hasta 1928, cuando a causa de este frágil estado de salud sus superiores deciden enviarla a Vallenar (al norte de Chile), donde el clima sería más benévolo. Continúa allí, junto a las Hermanas de la Comunidad, trabajando por y para los enfermos internados en el hospital Nicolás Naranjo.

En Vallenar, Chile, el 20 de mayo de 1932 María Crescencia falleció serenamente y en concepto de santidad tras padecer una gran enfermedad.

Su cuerpo incorrupto descansa en la tumba de la Capilla del Colegio Nuestra Señora del Huerto de Pergamino.

 

Beatificación

El proceso diocesano de beatificación de la hermana Crescencia comenzó un 27 de febrero de 1986 (iniciado por el entonces obispo de San Nicolás, monseñor Domingo Salvador Castagna). En 1989, el proceso fue presentado en Roma.

En 2004 el Papa Juan Pablo II reconoció las virtudes heroicas de la Hermana Crescencia, por lo que pasó a ser considerada venerable. En 2011 la Santa Sede reconoció un milagro atribuido a su intercesión y el Papa Benedicto XVI firmó el decreto de su beatificación, ceremonia que se llevó a cabo el 17 de noviembre de 2012, en el Circuito El Panorámico con una celebración que fue presidida por Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos.

 

Cardelli

En una de las numerosas veces que monseñor Héctor Cardelli, obispo de la Diócesis de San Nicolás, se refirió a la beata expresó: “Crescencia fue una niña frágil, muy buena, humana, con infinidad de condiciones espirituales, cognitivas y servicial. 

“Comenzó cultivando la fe, el amor a Dios y aceptó su plan. El encuentro con Dios la fue llevando, a través del servicio, de la sencillez, de las pequeñas cosas, de la caridad, de su cotidianeidad, a fortalecer ese amor. Eso es la santidad, ser consciente de que Dios me ama y amar a mi prójimo como él me amó.

“Dios estaba haciendo su amor concreto en María Crescencia. Por eso le damos gracias a Dios por esta beata, por el nacimiento de ‘Sor Dulzura’, por este llamado a la santidad que el Padre nos hace a través de ella, una fiel servidora que supo escuchar a Dios, aceptó su plan, lo hizo vida en su vida y hoy se constituye en un ejemplo a replicar”.

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