martes 12 de mayo de 2026

El impacto de las altas temperaturas en los vehículos según los colores

19 de agosto de 2015 - 00:00

Por Marcelo Chamut.

Para la Redacción de LA OPINION.

 

Sucedió en Kyneton, una ciudad a 90 kilómetros de Melbourne, en Australia, donde un niño de 22 meses fue encontrado dentro de un coche, a altas temperaturas, inconsciente. Los servicios de emergencias acudieron tan pronto como pudieron, rompieron los cristales del vehículo y lo sacaron para intentar salvarle la vida. No fue posible, y el niño falleció.

 

Los coches oscuros 

Todo el mundo sabe que el vehículo se convierte en un horno cuando se lo deja al sol. ¿Pero cuánto más en un coche de un color a otro?

El Racc, junto con el automóvil club suizo (TCS), ha realizado un informe para demostrar los riesgos que conllevan las altas temperaturas que se pueden llegar a alcanzar en el interior de un coche al ser expuesto a la radiación del sol durante el verano. Así, los expertos alertan de que, por ejemplo, un vehículo parado y sin aire acondicionado podría alcanzar los 55 grados, cuando la temperatura exterior es de 35 grados.

El estudio se ha realizado sobre dos vehículos iguales salvo por el color de la carrocería y la tapicería de los asientos. La selección de los colores (negro y blanco) se hizo teniendo en cuenta la marcada diferencia existente en la absorción del calor que ofrece cada uno de los colores. Después de haber expuesto ambos vehículos a la radiación solar durante 60 minutos, se ha podido medir una diferencia de casi 20 grados entre ambos coches (80 grados el de color negro y 63 grados el blanco). En definitiva, los coches con carrocerías pintadas con colores oscuros absorben más radiación solar que los pintados con colores claros. 

En cuanto al incremento de temperatura sobre la superficie de los vehículos se produce de forma progresiva, teniendo su máximo incremento en los primeros 20 minutos de exposición. Según explican los expertos, en los primeros 10 minutos, el coche negro alcanza una temperatura de aproximadamente 60 grados, tardando otros 50 minutos en llegar su máximo. En el caso del coche blanco, al cabo de 10 minutos, la temperatura es de 50 grados, necesitando el resto del tiempo de exposición para alcanzar su temperatura máxima de 63 grados. En este sentido, el estudio advierte de que tocar brevemente la superficie de un coche expuesto al sol únicamente durante 10 minutos puede provocar quemaduras en la piel. 

Por otra parte, el documento indica que una exposición continua a temperaturas elevadas puede hacer que la habilidad del cuerpo de compensar la temperatura corporal se vea afectada, produciendo mareos y en determinadas ocasiones requiera de asistencia hospitalaria de emergencia.

Los niños son particularmente vulnerables en situaciones extremas de temperatura: debido a su menor desarrollo del aparato respiratorio, son más vulnerables a los golpes de calor. Por ello apuntan a que, bajo ningún concepto, deje encerrado a su hijo dentro del vehículo.

Racc indica que las mascotas también son muy vulnerables a las temperaturas extremas en el interior de un vehículo, pues a diferencia de las personas no disponen del mecanismo de sudoración para refrigerar su cuerpo.

Protegerse de las quemaduras en la piel, prestar atención al color del vehículo antes de comprarlo, tomarse tiempo antes de empezar un viaje y evitar los saltos grandes de temperatura entre el interior del coche y el exterior, son otros de los consejos.

 

Pérdida de potencia

¿Sabía que, en verano, su coche puede llegar a perder hasta un 15% de potencia sin que se deba a ninguna avería?

Quizá no le llame la atención que saber que el calor del verano no le sienta muy bien a su coche; sin embargo, es muy probable que sí se sorprenda cuando conozca que, cuando fuera hay más de 35º C, su motor llega a perder unos cinco caballos promedio -que llegan hasta 15 CV en el caso de algunos motores con turbo- y además, aumenta el consumo de combustible en una media de un litro cada 100 kilómetros.

Y ello por no hablar de los inconvenientes que pueden aparecer en otros sistemas como los frenos -que se fatigan antes-, los neumáticos -es posible que su duración se acorte en un 15%-, la pintura de la carrocería -que puede perder brillo-, el interior -que tiende a decolorarse, deformarse o, incluso, intoxicarte-. Todos los motores, tanto diesel como nafta, necesitan introducir aire en los cilindros para que se pueda quemar el combustible. Sin embargo, cuando la temperatura es elevada, el aire contiene una menor proporción de oxígeno, y esa circunstancia provoca que la mezcla no se queme con tanta facilidad, de manera que el rendimiento del motor decae. Esto se aprecia sobre todo en los motores turbo o con compresor de aire -sobre todo si no llevan intercooler-, pues pierden hasta 15 CV. ¿El motivo? Que estos motores necesitan más aire para funcionar, de forma que la falta de oxígeno también les afecta más.

 

No olvidarse de...

- Neumáticos. En verano, alcanzan una mayor temperatura, sobre todo circulando rápido por autopista. Si llevamos la presión demasiado baja, la banda de rodadura se calentará más todavía, algo que acortará su vida hasta en un 15%; por eso, conviene revisar la presión todas las semanas y, sobre todo, antes de emprender un viaje largo.

- Tapicería. Aparcar el coche al sol durante varias horas hace que el interior soporte temperaturas de más de 60 grados. Esto puede provocar desajustes en el salpicadero por la deformación de sus partes, además de la decoloración de las zonas donde el sol pegue  de lleno. Para evitarlo, intente aparcar a la sombra o emplee parasoles.

- Carrocería. Con el paso del tiempo, la pintura -ya sea normal o metalizada- pierde brillo y este proceso se ve acelerado si aparcamos durante periodos prolongados al sol. Al mismo tiempo, también tienden a decolorarse los plásticos de los paragolpes, de los retrovisores, las juntas de las puertas se agrietan -igual que las escobillas-.

- Frenos. Para frenar, las pastillas de freno rozan contra el disco, generando calor; en verano, alcanzan temperaturas aún mayores y, además, se refrigeran menos. Así, es más fácil que se sobrecalienten, empeorando la frenada y acortando la vida del líquido de frenos -sustitúyalo cada dos años- y de los discos -se deforman-. Por eso, conviene emplear marchas cortas al bajar puertos y evitar practicar una conducción agresiva.

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