sábado 21 de febrero de 2026
A 13 años de su partida

Juan Echecopar: el que hizo del fútbol un arte y de la humildad, una bandera

Fue un crack con todas las letras. De los que juegan con talento, pero también con el corazón. Ídolo en Estudiantes de La Plata, embajador del fútbol argentino en España, referente en Tráfico’s Old Boys, Lucini, la selección de Pergamino y, por supuesto, en Douglas Haig, donde se convirtió en leyenda.

29 de marzo de 2025 - 15:46

No todos los días nace alguien capaz de dejar una huella profunda, de esas que el tiempo no borra. Juan Miguel Echecopar fue uno de esos elegidos. Hoy se cumplen trece años de su partida, y Pergamino aún no se acostumbra a su ausencia física. Porque hay ausencias que duelen, pero también hay presencias que sobreviven a todo. Juan vive en los recuerdos, en las anécdotas que se repiten con cariño, en cada niño que patea una pelota soñando con volar tan alto como él.

Fue un crack con todas las letras. De los que juegan con talento, pero también con el corazón. Ídolo en Estudiantes de La Plata, embajador del fútbol argentino en España, referente en Tráfico’s Old Boys, Lucini, la selección de Pergamino y, por supuesto, en Douglas Haig, donde se convirtió en leyenda. ¿Cómo olvidar aquella epopeya de 1986 en Tandil, cuando con un grupo de valientes llevó al rojinegro a la B Nacional? Esa tarde ya forma parte del alma deportiva de la ciudad.

Pero lo que hacía distinto a Echecopar no era solo lo que hacía con una pelota. Era lo que inspiraba como persona. Su honestidad a prueba de todo. Su ética del esfuerzo. Su compromiso con cada camiseta que defendió. Y por sobre todo, su humildad. Esa que jamás se perdió, aunque los laureles lo hayan querido abrazar mil veces. Juan siempre fue el mismo: sencillo, amable, generoso. Nunca dejó de ser “Juancito”, ese vecino querido al que todos saludaban con admiración y afecto.

En una esquina del estadio de avenida Champagnat, donde vibra la historia rojinegra, hay una avenida que lleva su nombre. No es un homenaje más. Es un acto de justicia. Porque su legado es parte del ADN de Pergamino. En cada gol que se grita, en cada niño que se calza los botines por primera vez, hay un pedacito suyo.

Aquel 29 de marzo, un problema cardíaco nos lo llevó. Pero desde entonces, su figura se volvió aún más grande. Hoy, cuando su familia –Rosarito, sus hijos, sus nueras, su yerno y sus nietos– lo recuerdan con amor, también lo hace todo un pueblo. Y se lo puede imaginar, desde el cielo, siguiendo con orgullo los pasos de los suyos, como si fuera su mejor equipo, el más importante que le tocó dirigir.

Echecopar fue talento, sí. Pero también fue valores. Fue ejemplo. Fue luz para los que vinieron después. Por eso, en este nuevo aniversario, no alcanza con decir que lo extrañamos. Hay que decir también que lo admiramos. Que lo celebramos. Que nos sentimos afortunados de haberlo tenido entre nosotros.

Y que, mientras exista el fútbol en Pergamino, Juan Miguel Echecopar vivirá para siempre.

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