El miércoles 20 de octubre de 1976, Ricardo Ismael Piraccini, apasionado de la poesía y la palabra simple, reunió en su casa a ocho personas que, como él, sabían encontrar belleza en lo cotidiano y traducirla en versos. Los había elegido cuidadosamente, convencido de que compartían su manera de entender la poesía: sin grandilocuencias, con sensibilidad y hondura.
Aquella noche convocó a Raúl Arballo, Ángel Lapolla, José Orlando Maderna, Roberto Susán, Gerardo Luis Nóbili, Aníbal Marzano, Alfredo Martín y Vilma Saldías. Junto a él, eran nueve los que integraron ese primer encuentro. No tenían nombre todavía, pero poco después, un sueño de Ricardo le dio sentido al grupo: vio hojarasca esparcida por la plaza y supo que ése sería el nombre. Lo propuso, y fue aceptado unánimemente.
Así nació Hojarasca, el primer grupo literario de la ciudad de Pergamino, que hoy —tras casi medio siglo de existencia— sigue escribiendo su historia con versos, encuentros y memoria.
Grupo Literario Hojarasca: una historia viva
Desde aquel día de primavera de 1976, el camino de Hojarasca ha sido ininterrumpido, lleno de poesía, afectos y compromiso cultural. Sus seis integrantes actuales se preparan con emoción para celebrar los 50 años del grupo: “Que, Dios mediante, estaremos presentes para brindar en la copa de la gratitud”, expresan.
El paso del tiempo no ha debilitado su esencia. Por el contrario, la ha fortalecido. Cada integrante actual guarda una mirada personal y sentida sobre lo que significa Hojarasca:
Para Marta Alvarez de Calderón, “pensar en Hojarasca es atesorar la poesía vistiéndola con palabras que le permitan vivir”.
Norma Deville de Bertone lo siente como “el oasis que sacia su sed de versos y amistad”.
Ángel Lapolla, uno de los fundadores, celebra con emoción: “Disfruto los 49 años que Hojarasca cumple; muchos años de lirismo y tan solo un corazón”.
María Luisa Posincovich, quien se integró en 1997, expresa: “Gracias, Hojarasca, por recibirme en el grupo y difundir la magia de la poesía en casi medio siglo de vida”.
Finalmente, Marta Susana Siciliano evoca el origen del nombre con una imagen tan poética como real: “Cuando pienso en Hojarasca, acude a mi pensamiento la mirada de Ricardo Ismael Piraccini, su fundador, cuando en aquel amanecer de primavera, al abrir la ventana, contempló la hojarasca esparcida en la plaza. En ese instante nació el nombre del grupo”.
Una propuesta cultural abierta y generosa
Hojarasca es un grupo literario que se define por su sencillez y por su vocación de compartir. Abierto a quienes deseen acercar sus escritos poéticos, encuentra un espacio para publicar semanalmente en la columna dominical del diario LA OPINION, medio al que agradecen profundamente por su apoyo constante y desinteresado.
Sus integrantes, con trayectorias amplias en el ámbito cultural local, han mantenido viva la llama de la palabra durante décadas. Aunque reconocen que su actividad se ha vuelto más pausada con el paso del tiempo, siguen celebrando cada 21 de septiembre la llegada de la primavera con un encuentro de poesía y esperanza en el "Monolito al Poeta", uno de sus espacios simbólicos.
La herencia de Ricardo Piraccini
Más allá de su rol como fundador, Ricardo Ismael Piraccini dejó un legado emocional y ético a sus compañeros: el compromiso de cuidarse mutuamente y de cuidar Hojarasca como un bien compartido. Lo expresó, como siempre, a través de la poesía:
“Yo tengo una novia, la llevo en el alma / y ella hace que sea siempre esperanzada, que viva dichosa, que cada jornada sea un día de fiesta, porque ella es mi amada / yo tengo una novia, mi novia adorada... Yo tengo una novia, se llama Hojarasca".
Hojarasca, con su delicado equilibrio entre lirismo y sencillez, sigue siendo un refugio de palabras para quienes creen que la poesía es una forma de resistencia, de belleza y de amistad.