Cada 7 de septiembre se celebra en Argentina el Día del Trabajador Metalúrgico, una fecha que rinde homenaje a la fundación de la Union Obrera Metalúrgica (UOM) en 1943 y que reconoce la labor de miles de obreros y técnicos que, a lo largo de generaciones, dieron forma al desarrollo industrial del país. En Pergamino, la conmemoración adquiere un sentido particular, ya que el oficio metalúrgico está íntimamente ligado a la vida económica de la región, especialmente a la maquinaria agrícola y a la cadena de valor que acompaña al campo.
En el plano nacional, el trabajador metalúrgico es considerado un pilar de la industria argentina. La actividad involucra a más de 200.000 empleados y se despliega en ramas muy diversas: desde autopartes y maquinaria agrícola hasta la siderurgia, la fabricación de electrodomésticos, herramientas, estructuras metálicas y bienes de consumo durables. Se trata de un sector que, por su peso en la producción, suele marcar el pulso de la economía en general: cuando la metalurgia crece, se activa también un amplio espectro de industrias que dependen de sus insumos y servicios. No es casualidad que las paritarias de la UOM se conviertan cada año en una referencia para otros gremios, ya que el salario metalúrgico funciona como termómetro del poder adquisitivo de los trabajadores industriales.
Sin embargo, el presente de la actividad está atravesado por grandes desafíos. La apertura comercial y la competencia de productos importados, las restricciones para acceder a insumos esenciales y la caída del consumo interno han golpeado con fuerza a las empresas del sector, sobre todo a las pequeñas y medianas. A esto se suma el impacto de la reconversión tecnológica: la automatización y la digitalización de procesos obligan a una actualización constante de la capacitación laboral, para que los trabajadores no queden rezagados en un mercado cada vez más exigente. En este contexto, el rol del sindicato y de las instituciones de formación profesional es clave para acompañar esa transición.
La metalurgia, pese a estas dificultades, mantiene su condición de columna vertebral del entramado productivo argentino. No solo porque abastece a sectores estratégicos como la construcción, la agroindustria, la energía o el transporte, sino porque genera empleo de calidad con un alto nivel de especialización. Su presencia se advierte en polos industriales consolidados, como el cordón Rosario-San Lorenzo, el conurbano bonaerense o los parques del interior del país. Allí conviven grandes compañías con talleres familiares que conservan el espíritu artesanal de los inicios del oficio. Esa dualidad -la del trabajador que maneja una máquina CNC en una planta de última generación y la del que todavía corta y suelda piezas en un pequeño galpón- muestra la amplitud y diversidad del sector.
En Pergamino, la identidad metalúrgica se vincula de manera directa con la maquinaria agrícola y la provisión de insumos para el campo, motor histórico de la economía local. Desde hace décadas, talleres y pymes metalúrgicas fabrican y reparan sembradoras, cosechadoras, pulverizadoras y distintos implementos que nutren a los productores de la región. Muchas de estas empresas nacieron como iniciativas familiares y se transmitieron de generación en generación, con un conocimiento que se hereda tanto como el oficio. El trabajador metalúrgico pergaminense se caracteriza por su versatilidad: es capaz de adaptarse a los cambios tecnológicos y, al mismo tiempo, mantener la tradición del trabajo manual que distingue a la industria local.
Hoy, ese entramado productivo enfrenta los mismos problemas que a nivel nacional: dificultades para importar insumos, alta presión impositiva, costos financieros elevados y un horizonte económico incierto. Pero a pesar de todo, el orgullo de oficio persiste. En cada taller o fábrica de Pergamino, el Día del Trabajador Metalúrgico se vive como una oportunidad para reafirmar la importancia de un rubro que no solo genera empleo, sino que también alimenta la cadena agroindustrial y sostiene el perfil productivo del Partido. Celebrar a los metalúrgicos, en este contexto, es también reconocer el valor del trabajo argentino en su sentido más concreto: el que transforma el metal en herramienta, máquina o estructura, con la fuerza del esfuerzo humano y la dignidad del trabajo.