En estos días se conoció el veredicto condenatorio contra el cartero que se dedicaba a la comercialización de estupefacientes al menudeo utilizando, de manera deliberada e increíble, las propias instalaciones de su lugar de trabajo para ocultar el material ilícito.
El Tribunal Oral en lo Criminal 1 del Departamento Judicial de Pergamino, a cargo del juez Guillermo Burrone, dictó una pena de cinco años de prisión de efectivo cumplimiento y una considerable multa económica para un cartero de 49 años de edad.
Este individuo no solo distribuía dosis de cocaína y marihuana bajo la modalidad de entregas a domicilio movilizándose con distintos vehículos y motocicletas, sino que además almacenaba gran parte de las sustancias prohibidas en un casillero metálico perteneciente al Correo Argentino, puntualmente en la céntrica sucursal ubicada en la intersección de las calles Merced y Echevarría.
La sentencia definitiva, emanada recientemente de los tribunales pergaminenses, desnuda una compleja trama que entremezcla de forma alarmante el narcotráfico barrial, el acopio clandestino de armas de fuego de grueso calibre y municiones, y un dramático trasfondo de violencia de género sistemática que padecía su ex concubina.
Dicha mujer, quien también se desempeñaba en las mismas oficinas, resultó finalmente absuelta de todos los cargos de narcotráfico en su contra tras comprobarse el calvario físico y psicológico al que era sometida de forma diaria.
Pesquisas policiales iniciales
El largo y minucioso camino hacia el desbaratamiento de esta organización unipersonal comenzó a transitarse en agosto del año 2021, a raíz de un valioso dato aportado de manera confidencial a las fuerzas de seguridad locales.
El oficial Julio Carrión, mientras desarrollaba tareas inherentes a otra causa judicial de diferente índole, escuchó por primera vez el fuerte rumor sobre “El Cartero”, que residía en las inmediaciones del barrio Aeroclub y que se encontraba vendiendo estupefacientes a gran escala y con total tranquilidad. A partir de esa información inicial, los agentes de seguridad comenzaron a tejer una meticulosa red de averiguaciones sigilosas. Fingiendo hábilmente ser un comprador interesado en vehículos usados, el pesquisa logró identificar con exactitud los dos domicilios que frecuentaba el principal sospechoso: una vivienda situada en la calle Belcuore y otra casa quinta del barrio Aeroclub. El testimonio de algunos vecinos anónimos fue crucial para confirmar las sospechas y apuntalar firmemente la teoría de que el sujeto utilizaba su fachada de trabajador formal para movilizarse con total impunidad por las calles pergaminenses.
Seguimientos por Pergamino
El fiscal Francisco Furnari y el entonces ayudante fiscal Juan Tomás Godoy monitorearon la investigación de las fuerzas policiales que desplegaron un minucioso y prolongado operativo de vigilancia encubierta que se extendió de forma ininterrumpida durante varios meses. Los expertos seguimientos documentaron fotográficamente el incesante peregrinar del sospechoso a bordo de diversos medios de movilidad de su propiedad: una motocicleta tipo cross marca Honda Tornado de 250 centímetros cúbicos, un automóvil Honda Civic de color gris y un vehículo Fiat Uno. Los investigadores presenciaron, en reiteradas y comprobadas ocasiones, las clásicas maniobras de "pasamanos", absolutamente típicas de la fluida compraventa de drogas al menudeo. Estos intercambios furtivos se producían a plena luz del día y en distintos puntos neurálgicos e hipertransitados de la ciudad, tales como la avenida Colón, las calles Biscayart, Barrancas del Paraná, las inmediaciones de un Club y hasta en las adyacencias del cementerio municipal. Asimismo, las exhaustivas pesquisas confirmaron que el vendedor también utilizaba frecuentemente una carpintería ubicada en la calle Alvear como un punto de encuentro seguro con sus ocasionales clientes motorizados.
Allanamientos y secuestros
El esperado punto culminante de la extensa investigación criminal se concretó a finales del mes de octubre de 2022, momento exacto en el que la justicia de garantías ordenó una serie de allanamientos de urgencia requerido por los fiscales Furnari y Godoy. El primer gran golpe se asestó en la vía pública, logrando la rápida interceptación del encausado a muy pocos metros de la intersección de Biscayart y 25 de Mayo. En el interior de su morral personal, la policía incautó tubos plásticos y cajas de cigarrillos comerciales que escondían numerosos envoltorios oscuros con clorhidrato de cocaína y gruesos fajos de dinero. Sin embargo, los hallazgos más contundentes e irrefutables se produjeron dentro de sus propiedades. En la finca del barrio Aeroclub, los uniformados descubrieron cocaína hábilmente fraccionada dentro de la mesa de luz y en un ropero de madera, además de un gran envoltorio con picadura de marihuana celosamente guardado en el freezer de la heladera. El patio trasero de la residencia albergaba frondosas plantas de cannabis sativa en pleno período de floración, y en un cesto de basura doméstico se hallaron incontables recortes de nylon con faltantes circulares. Paralelamente, la requisa en las dependencias del Correo Argentino dejó completamente perplejos a los efectivos: oculto en una bolsa que llevaba inscripciones oficiales de logística, se incautó un pesado paquete con 425 gramos de cocaína de extrema pureza, frascos con marihuana, dinero en dólares y valiosas alhajas. Asimismo, en los inmuebles se halló un peligroso arsenal que incluía una escopeta calibre 16, un revólver de guerra y numerosas municiones.
Violencia de género
El voluminoso expediente judicial instruido reveló también una faceta sumamente oscura, hostil y violenta en la vida personal y familiar del ahora condenado, íntimamente vinculada a las graves agresiones que perpetraba contra su entonces pareja, una mujer de 46 años de edad. Ella, quien tristemente compartía el mismo ámbito laboral en las instalaciones postales, era víctima directa de un hostigamiento machista atroz, fuertemente caracterizado por constantes amenazas de muerte, brutales insultos degradantes y severos episodios de agresiones físicas in crescendo. La minuciosa instrucción logró comprobar cabalmente que, en el mes de agosto de 2022, el sujeto la amedrentó con aberrantes mensajes de audio, para luego tomarla salvajemente por el cuello exigiéndole dinero en efectivo. Los profundos peritajes psicológicos practicados posteriormente a la víctima fueron absolutamente determinantes para lograr comprender su delicadísima situación de extrema vulnerabilidad emocional. Los profesionales describieron un evidente patrón de comportamiento violento sistemático que había erosionado y destruido por completo la autoestima de la mujer, manteniéndola cotidianamente bajo un estado de sumisión forzada y terror constante.
Veredicto del juez
Al momento de dictar la ineludible sentencia definitiva bajo la rápida modalidad de juicio abreviado consensuado, el doctor Burrone evaluó muy meticulosamente todo el abrumador plexo probatorio. Quedó inobjetablemente demostrada la plena materialidad ilícita de los actos cometidos por El Cartero. Por la grave multiplicidad de estos comprobados hechos ilícitos, tipificados en concurso real, se le impuso inmediatamente la mencionada pena de un lustro tras las oscuras rejas y una severísima multa. Asimismo, el fallo de primera instancia dispuso sin miramientos el decomiso definitivo de sus diversos vehículos automotores, sus armas de fuego y los aparatos de telefonía celular utilizados para delinquir. Por el contrario, en un claro acto de estricta justicia, sano criterio jurídico y enorme perspectiva de género, el juez Burrone resolvió firmar el veredicto absolutorio para la ex pareja. El titular del estrado consideró apropiadamente que no existía absolutamente ninguna prueba firme que la vinculara mínimamente con la comercialización de la droga incautada, y que el mero hecho fáctico de que su violenta expareja utilizara unilateralmente su casillero laboral para esconder los estupefacientes jamás la convertía en cómplice, especialmente por el innegable pánico y la inmensa dominación que sufría.