viernes 20 de febrero de 2026

Lucas Raspall brindó una charla en Pergamino: cómo aprender a ser faro en tiempos de pantallas

El psiquiatra y especialista en crianza Lucas Raspall visitó Pergamino invitado por la Fundación OSDE para hablar sobre los desafíos de ser padres hoy.

6 de noviembre de 2025 - 12:18

“Evitar la frustración no es criar con respeto”, advierte Lucas Raspall sin rodeos. Para el psiquiatra rosarino, se ha instalado una confusión peligrosa alrededor del concepto de crianza respetuosa. Muchos padres creen que respetar al niño es concederle todo o protegerlo del sufrimiento, pero —según él— eso es, en realidad, una forma de maltrato. “Hacer todo para que no sufran los deja desarmados ante la vida. No poner límites no tiene nada que ver con el respeto”, enfatiza. Criar con respeto, explica, es reconocer al niño como sujeto de derecho, no como una extensión de los deseos adultos. Significa también facilitar su desarrollo emocional y social, ayudándolo a adquirir herramientas que le sirvan fuera del hogar, en la escuela, en los vínculos, en la vida real.

La necesaria asimetría de roles

Una de las ideas más potentes que Raspall compartió es la importancia de recuperar la simetría de roles. En tiempos donde muchos padres buscan ser “amigos” de sus hijos, el especialista llama a recordar que la orientación requiere un lugar de guía.

“Nosotros tenemos que estar un peldaño más arriba, sin miedo a decirlo. No es autoritarismo, es cuidado”, explica. Cuando esa asimetría se pierde —cuando los adultos renuncian al rol de referencia— los chicos “quedan a ciegas”. Y aunque la cercanía y la confianza son fundamentales, la autoridad emocional y moral de los padres es insustituible.

En la adolescencia, esta diferencia de lugares se vuelve todavía más vital. Raspall cita con humor a un colega: “A los padres de esta generación se les cayó la ‘d’. Somos todos pares ahora”. Y advierte que ese falso compañerismo deja a los adolescentes sin brújula en una etapa donde más necesitan orientación.

Tiempo: entre la culpa y la calidad

Las familias modernas viven corriendo. Entre trabajos, obligaciones y rutinas, el tiempo compartido con los hijos se achica y aparece la culpa. Pero ¿qué pesa más: la cantidad o la calidad del tiempo?

Raspall es claro: “Es un poco de ambas”. Si solo quedan quince minutos al día, no alcanzan. Pero también reconoce que cada familia tiene sus propias limitaciones y que lo importante es que ese tiempo sea verdaderamente significativo.

No se trata solo de momentos agradables: “A veces la calidad implica conversaciones incómodas, poner límites o hablar de lo que cuesta”. En tiempos de poco tiempo, dice, hay que apostar a la presencia auténtica, a ese rato sin pantallas, sin distracciones, donde lo esencial se mira a los ojos.

El desafío de las pantallas

La conversación inevitablemente deriva hacia uno de los grandes temas de la crianza contemporánea: las pantallas. Raspall reconoce que el problema no empieza con los chicos, sino con los adultos.

“Lidiamos con nosotros mismos. El principal predictor del uso de pantallas en un hijo es el uso que hacemos nosotros”, explica. Los niños aprenden observando, y si los adultos no logran desconectarse, difícilmente puedan pedirlo.

La evidencia científica ya es clara sobre los efectos del uso temprano y excesivo de dispositivos digitales: dificultades en la atención, alteraciones del sueño, menor tolerancia a la frustración y exposición a riesgos en línea. Sin embargo, el límite más difícil de sostener es el que se pone en casa.

En Argentina, el promedio de edad en que los chicos reciben su primer celular es de nueve años. “Es como darles la llave de un auto”, dice Raspall. Su recomendación es retrasar ese momento todo lo posible, y cuando finalmente llega, acompañar activamente. “Las herramientas de control parental sirven con los más chicos, pero en la adolescencia ya no funcionan. Por eso lo esencial sigue siendo educar y dialogar”.

Adolescencia y salud mental

El psiquiatra se detiene entonces en un tema que lo atraviesa con preocupación: el aumento de los problemas de salud mental en adolescentes, especialmente la depresión y el suicidio.

En Argentina, por primera vez, el suicidio es la principal causa de muerte en chicas de 10 a 19 años. La estadística estremece. Para Raspall, este fenómeno tiene múltiples causas, pero dos sobresalen: el uso inadecuado de redes sociales desde edades tempranas y la falta de acompañamiento sensible de los adultos.

“En las escuelas escucho a los chicos decir: ‘Nos sentimos solos’. Y eso te parte al medio, porque sabés que sus padres están, que hacen lo que pueden. Pero hay una ruptura en la comunicación. No basta con estar: hay que estar presentes con la mirada, con el cuerpo, con la escucha.”

El especialista describe esta generación como “expuesta a una gran maquinaria de comparación social” que erosiona la autoestima. “Las redes son dinamita para la identidad. Si a eso le sumás soledad, se genera una tormenta perfecta.”

No soltar cuando más nos necesitan

Raspall invita a repensar el rol adulto justamente en la etapa donde más se tiende a soltar: la adolescencia. “Cuando las cosas se ponen difíciles, no hay que soltar la mano. Hay que generar una nueva base de sustentación.”

Explica que muchos padres que practicaron una crianza mal entendida —sin límites, sobreprotectora o excesivamente complaciente— llegan a la adolescencia de sus hijos sin herramientas. “Ahí aparece lo que llamamos la generación de cristal: chicos con baja tolerancia a la frustración, que ante la primera dificultad se quiebran.”Pero Raspall es contundente: no son los chicos los responsables, sino los adultos que, por amor o miedo, les evitaron todo tipo de malestar. “Nos quejamos de su fragilidad, pero olvidamos que fuimos nosotros quienes les negamos la oportunidad de fortalecerse.”

Educación en tiempos de incertidumbre

El mensaje final del psiquiatra es esperanzador, pero también desafiante. Criar no es fácil, nunca lo fue. Cada generación enfrenta sus propias batallas, pero la de hoy —dice— exige reaprender a acompañar desde la presencia y no desde el control.

“No se trata de ser padres perfectos —reconoce—. Yo tengo tres hijos y me equivoco como todos. Pero se trata de ser padres disponibles, atentos, con la capacidad de escuchar y de sostener.”

Raspall no habla desde la superioridad del experto, sino desde la empatía de quien ve, todos los días, las consecuencias de una crianza desconectada emocionalmente. Su llamado es a recuperar el vínculo genuino, ese que enseña con el ejemplo, que contiene sin asfixiar, que pone límites sin herir.

“Criar es construir seres autónomos, pero también confiados. Y la confianza nace cuando un chico sabe que hay alguien ahí, firme, que lo acompaña sin miedo a decirle que no.”

Una invitación a volver a mirar

La charla en OSDE dejó algo más que conceptos teóricos. Dejó un eco profundo: la necesidad de repensar nuestra manera de estar. En tiempos donde el ruido digital ahoga el silencio y la prisa borra la ternura, volver a mirar, a escuchar y a poner límites con amor se vuelve un acto de resistencia.

Porque criar —como recuerda Lucas Raspall— no es impedir que los hijos sufran, sino enseñarles a atravesar el dolor sin perder la esperanza. Ser faro. Iluminar, sin olvidar que la luz también guía cuando la tormenta arrecia.

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