Federico Canal: de perder una pierna a cambiar vidas con la calistenia
A los 19 años sufrió un accidente en moto y pidió que le amputaran la pierna izquierda. Cayó en la depresión y las adicciones, pero encontró en la calistenia una forma de salir adelante.
Federico Canal contó su historia y los proyectos que busca hacer realidad.
LA OPINION
Con 25 años,Federico Canal, es mucho más que un instructor de calistenia. Este pergaminense es un ejemplo de resiliencia, de cómo convertir la adversidad en impulso. A los 19, un accidente en moto cambió su vida: terminó con la amputación de su pierna izquierda, por encima de la rodilla.
La depresión y las adicciones formaron parte de un proceso oscuro del que salió a través del entrenamiento, la calistenia y la fuerza de voluntad. Hoy brinda clases en el Parque Belgrano y en el Parque Ugarte, persigue el sueño de tener su propio gimnasio de calistenia y está trabajando en la creación de una ONG para ayudar a otras personas amputadas. En una entrevista en el programa Fuera de Página, del canal de streaming de LA OPINION, y Radio Wi! Play (FM 105.1), contó su historia sin filtros y con la misma sinceridad con la que enfrenta cada día.
-Tu historia habla de una superación increíble. Pero empecemos por el presente: ¿dónde estás dando clases hoy?
-Me pueden encontrar los lunes, miércoles y viernes, de 9:00 a 11:00 en el Parque Belgrano, en Chile y Zeballos. También los martes y jueves a las 15:00 y a las 19:00 en el mismo lugar. Y los lunes, miércoles y viernes a las 17:30 en el Parque Ugarte.
-¿Cómo es una clase de calistenia y cuánto duran?
-Duran una hora aproximadamente al principio, después pueden extenderse a una hora y media dependiendo del trabajo. Ahora se sumaron un montón de personas, más de 35 presenciales y unas 20 virtuales. gente con sobrepeso, súper flacos, varones, mujeres, la mayoría es gente adulta. La calistenia es abierta a todos. Si querés lo hacés, si no, no.
“Pedí que me amputen”
-¿Cómo llegaste a perder la pierna?
-A los 19 años tuve un accidente en moto haciendo wheelie. Me llevé la moto encima, me choqué un auto, me corté la arteria poplítea, los tendones, me abrí toda la rodilla, se dislocó completamente. Estuve 26 días internado y al día 23 pedí que me amputen. Bajé más de 30 kilos. No comía, me daban morfina todos los días, de 4 a 6 miligramos.
-¿No había posibilidades de salvar la pierna?
-Me dijeron que tenía que estar dos años en cama para ver si se salvaba. Y si se salvaba, iba a quedar dura, recta. Así que la amputación fue una decisión mía. Le dije a mi vieja, llorando, que me quería ir a mi casa, que no aguantaba más. La amputación fue cinco centímetros arriba de la rodilla.
-¿Cómo fue el camino desde el accidente hasta encontrar la calistenia?
-Yo tenía muchas ganas de andar en moto. Estuve siete meses sin prótesis y nueve meses sin andar en moto. La pasé para la mierda, la primera prótesis que tuve la revolié de acá o para allá, no la quería, no me sentía cómodo, después dije “tengo que empezar a caminar”, a usarla. Empecé de un poquito, después dejé todas las pastillas que me dieron para tomar los médicos, me apagaban el cerebro, porque a mí me dolía la pierna y no la tenía. Estuve con depresión, drogas, malas juntas… muchas cosas más. Hace dos años y medio caí al Parque Belgrano, salí como todos los días de mi casa, agarré la moto para armarme un porro solo, porque me quedé sin amigos. Y caí a la plaza, vi los fierros y dije: “a ver qué onda esto”. Y me puse a entrenar.
-Fue un proceso de amigarte con tu nueva vida…
-Sí, dejé absolutamente todo. Pasé de tomar siete pastillas por día a cero. Le hablé al espejo. Me empecé a proponer pequeñas metas: ir hasta la Plaza Merced con muletas, bañarme parado y fui saliendo.
-¿Y sabías algo de calistenia?
-No. Estaba haciendo las cosas mal. Algunas sí, otras no. Pero conocí una banda de gente muy grosa, a “Valen” Curti y “Fede” Vitelli. Empecé a entrenar con ellos, me enseñaron un montón y después hice un curso de instructor de calistenia. Mis primeros alumnos fueron “Javi” Sáenz y “Santi” Santander.
-¿Cuáles son tus proyectos ahora?
-Lo principal es tener mi propio gimnasio de calistenia. Para poder dar clases más tranquilo, meter mis horarios, tener mis elementos y no tener que andar en moto cargando 25 cosas. Y también estoy armando una ONG: RENGONG. Es para ayudar, por ahora, solo a los que les falta una pierna. La idea es conseguir una prótesis por mes. Ya le doné una a un chico que se llama “Leo”, acá en Pergamino.
-¿Cómo sería esa ONG?
-Estoy tramitando todo. La idea es que las personas puedan donar o suscribirse a una mensualidad, y yo a cambio les doy rutinas, dietas, lo que sea. Una prótesis cuesta entre 6 y 15 millones de pesos. Estoy trabajando con la ortopedia BM Medicine de Buenos Aires, que me ofrece los elementos a precio de costo.
-¿Y las personas con discapacidad pueden entrenar con vos?
-Absolutamente gratis. Ya me hablaron un montón. Los agrego a un grupo y les doy clases virtuales martes y jueves de 9:00 a 11:00. También pueden venir al Parque gratis.
Federico Canal 2
“La calistenia me salvó”
-¿Qué es la calistenia y por qué tiene tantos beneficios?
-Calistenia significa “fuerza y belleza”. Es el control total del cuerpo. Se entrena con el peso corporal. Mejora resistencia, fuerza, equilibrio, coordinación, agilidad. Es muy mental. Por eso mucha gente arranca y deja. No podés variar el peso, solo el ángulo del ejercicio. Pero aprendés un montón de habilidades. No es como el gimnasio que te deja grandote pero tosco. Acá hay flexibilidad, agilidad, control. Es más natural.
-¿A partir de qué edad se puede empezar?
-No hay una edad. Si le querés poner un número, diría cinco años. El alumno más chico que tengo tiene 10 y el más grande 50. Hay un par de videos de una mujer de 70 años que empezó calistenia y está chocha, hace dominadas, levanta más de 100 kilos de peso muerto. El cuerpo es una máquina, hay que entrenarlo.
-Después de todo, ¿seguís andando en moto?
-Sí. Yo siempre anduve con casco y si no lo tengo me siento raro. Choqué con casco, di con el parante del auto, si no estaría muerto. En ese momento hacer wheelie era como un placer. Al día de hoy, me encanta subirme a la moto. Siempre digo que me tienen que cortar los dos brazos y las dos piernas para dejar de andar en moto. Y aún así, buscaría la forma de subirme.
-¿Y qué aprendiste de todo esto?
-Que todo depende de uno. Por más que tengas familia atrás, si no querés salir, no salís. La culpa no es de nadie más. Yo corté mis propios vínculos. Tuve que tocar fondo para salir. Hoy estoy bien, y quiero que mi vida no sea una mierda. Quiero ayudar a otros.
La historia de Federico es un testimonio de cómo la disciplina, la persistencia y el deseo de ayudar a otros pueden transformar una tragedia en una oportunidad. Si querés conocer más sobre “Fede” o unirte a sus clases, podés encontrarlo en Instagram como Rengo Canal y su perfil de calistenia es Rengostenia.
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08-09-2025 20:57
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