sábado 21 de febrero de 2026

El tóxico y la tóxica: una pareja atrapada en un ciclo de disputas frecuentes inquieta a los vecinos

Se trata de una relación tóxica entre un hombre y una mujer que nunca termina en un final feliz porque hay reproches permanentes en la vía pública.

23 de noviembre de 2025 - 17:38

La tóxica y el tóxico retroalimentan las peleas frecuentes en la vía pública que de tan violentos que son los reproches orales y físicos preocupan a los vecinos o transeúntes que creen en la veracidad de las disputas que se generan a la vista de todo el mundo a plena luz del día en la zona sur de Pergamino.

En la zona comercial de la avenida Juan B. Justo, a metros del puente sobre el arroyo, vecinos, comerciantes y transeúntes coinciden en una escena tan repetida como desgastante: una pareja que discute, se enfrenta y se insulta casi a diario, en un ciclo de peleas que parece no dar tregua.

Entre gritos, reproches, empujones y episodios de visible ebriedad, la dupla se ha convertido en una presencia incómoda para quienes circulan por el sector.

Según describen quienes los ven pasar, ambos llegan con frecuencia caminando por la vereda, en la mayoría de los casos en evidente estado de alteración. Apenas intercambian algunas palabras, la discusión se enciende de inmediato. Los testigos hablan de planteos irracionales, reclamos que no se entienden, reproches que se superponen entre sí y estallan sin motivo aparente. A menudo la pelea verbal escala hacia empujones o forcejeos, obligando a peatones o automovilistas a desviar la mirada o cambiar de vereda para evitar quedar en medio del conflicto.

La reiteración de estos episodios llevó a que muchos frentistas los hayan bautizado de manera informal como “una pareja de fisuras”, por el deterioro personal que exhiben y la dinámica destructiva que los asocia. Lo que más llama la atención entre quienes los observan es el carácter pendular de la relación: pasan del enojo extremo a momentos de aparente calma, para volver casi de inmediato a un nuevo estallido. Esa oscilación constante, que algunos asocian a conductas erráticas o incluso a estados emocionales desregulados, genera la sensación de estar ante un vínculo atrapado en una especie de bipolaridad relacional.

El tóxico y la tóxica

Para quienes trabajan frente a la avenida, la situación dejó de ser llamativa para convertirse en rutina. “Todos los días lo mismo”, repiten comerciantes que ya pueden anticipar la hora aproximada en la que la pareja aparece. Algunos afirman haber sido testigos de discusiones tan absurdas como interminables: planteos sobre temas triviales, acusaciones cruzadas sin sentido y diálogos que parecen repetirse una y otra vez, como si la pareja estuviera atrapada en una escena sin salida.

El malestar entre quienes circulan por la zona no radica solo en el ruido o la incomodidad, sino en la escalada ocasional de agresiones físicas. Si bien no son frecuentes al punto de requerir constantes intervenciones policiales, sí alcanzan para generar preocupación y desconcierto entre quienes se cruzan con ellos sin preverlo. “Uno nunca sabe si van a gritar, a empujarse o simplemente a ponerse a discutir hasta que se cansan”, confiesa una vecina del tramo próximo al arroyo.

Mientras tanto, la escena se repite: la pareja aparece, discute, se enfrenta y, por momentos, parece reconciliarse solo para volver a pelear minutos después. Un ciclo que inquieta a la comunidad y que ya forma parte del paisaje urbano de esa transitada zona comercial de Pergamino.

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