En una reciente resolución que unifica diversos expedientes judiciales, el Tribunal en lo Criminal Nº 1 de Pergamino, integrado -para esta causa- por el juez Ignacio Uthurry, sentenció a tres años de reclusión de cumplimiento efectivo a Rodrigo Alejandro Coronel.
El dictamen surge tras un acuerdo de juicio abreviado donde el acusado admitió su responsabilidad en una extensa serie de ilícitos que van desde el saqueo organizado en predios rurales hasta un calvario de hostigamiento y maltrato hacia su ex pareja.
El magistrado validó el pacto entre la fiscalía y la defensa, considerando que se cumplimentaron todos los requisitos legales para evitar el debate oral y público mediante la aplicación de este instituto procesal. La sentencia ratifica la culpabilidad del encartado en múltiples hechos que afectaron tanto la propiedad privada de empresas locales como la integridad física y psicológica de su propio núcleo familiar.
Saqueos en granjas
La actividad delictiva de Coronel comenzó a ser documentada a finales de 2024, cuando el establecimiento rural Santa Rosa, perteneciente a la firma Lizman, sufrió importantes pérdidas materiales. Según consta en la causa penal 267-2025, en la madrugada del 27 de septiembre de aquel año, el ahora condenado violentó perímetros de alambre para sustraer 500 metros de cable trifásico de cuatro filamentos y diversas bombas de agua de colores verde y azul. Los testimonios del casero Cristian Ernesto Rosales y del veterinario Sebastián Tosi fueron fundamentales para reconstruir la mecánica de los despojos, que incluyeron cortes precisos en los tejidos de las naves de crianza de aves. Pocos meses después, en la granja Santa Mónica, el sujeto repitió el patrón sustrayendo más de un centenar de gallinas y gallos blancos, además de otros 600 metros de cableado eléctrico, afectando gravemente la alimentación y operatividad de los galpones. La investigación policial logró vincularlo directamente gracias al análisis minucioso de las cámaras de seguridad que, aunque intentaron ser desviadas de su enfoque original durante el lapso delictivo, captaron el desplazamiento sospechoso de su automóvil Fiat Uno blanco con vidrios polarizados por las inmediaciones de la Ruta 178. El allanamiento posterior en su domicilio de la calle Roman permitió recuperar parte del botín, incluyendo gallinas ponedoras que fueron reconocidas por los encargados de la granja damnificada.
Ataques a la pareja
Sin embargo, el perfil delictivo de Rodrigo Coronel reveló una faceta aún más oscura al analizarse su conducta persistente en el ámbito doméstico. La víctima principal, la madre de sus tres hijos pequeños, padeció un hostigamiento constante que escaló en niveles de agresión alarmantes durante el año 2025. El 31 de mayo de aquel año, el condenado irrumpió violentamente en la vivienda de la mujer en las calles Jauregui y San José tras una discusión. Durante el incidente, la amenazó de muerte y destrozó a patadas la puerta de ingreso al domicilio, la cual quedó visiblemente doblada a la altura de la cerradura. En un acto de total desprecio por la propiedad de su ex pareja, el agresor se llevó la motocicleta Motomel 110 de la víctima, regresando al lugar poco después a bordo del mismo vehículo, momento en el que fue interceptado y aprehendido por el personal policial actuante. Los mensajes de texto incorporados como evidencia digital son estremecedores y evidencian el nivel de violencia psicológica ejercida: "te lo juro por mis tres hijos que no tenga la oportunidad de ir a casa y que estemos solos porque te mato" y "sabes que la noche es muy larga". Estos mensajes buscaban anular la voluntad de la mujer a través del terror constante. La vecina relató cómo la hija menor de la pareja tuvo que pedir ayuda desesperada ante el ataque violento de su propio padre.
Círculo de violencia
El proceso judicial puso especial énfasis en el contexto de violencia de género que atravesó la relación de nueve años entre Coronel y su pareja. Los informes psicológicos del Ministerio Público Fiscal y las actuaciones de la auxiliar letrada de la Fiscalía 4 permitieron identificar un patrón típico de acumulación de tensión y explosiones violentas en el vínculo.
A pesar de la existencia de denuncias previas y las retractaciones propias del círculo de abuso, la justicia logró determinar que la víctima vivía en un estado de miedo permanente y vulnerabilidad extrema. En julio de 2025, bajo los efectos aparentes de estupefacientes, el sujeto volvió a presentarse en el domicilio exigiendo sumas de dinero bajo la amenaza directa de prender fuego la vivienda con sus cinco hijos menores adentro.
La hija mayor de la víctima, de apenas 14 años de edad, tuvo que intervenir físicamente junto a su madre para repeler la agresión y evitar que el sujeto se llevara pertenencias personales. Este episodio demostró el total desapego de Coronel hacia las medidas cautelares de prohibición de acercamiento y contacto que ya habían sido ordenadas y notificadas legalmente en su contra.
Resistencia a la autoridad
La conducta hostil de Coronel no se limitó a su entorno familiar, sino que se extendió a la resistencia activa contra las fuerzas de seguridad pública. Durante un intento de aprehensión ocurrido en julio de 2025, el sujeto se tornó extremadamente agresivo con los uniformados que acudieron al llamado de emergencia. En el forcejeo, atacó físicamente a los oficiales Medina y Standeke, provocándoles lesiones de carácter leve en los dedos y rodillas mientras intentaba evadir la detención una vez más. El relato de los efectivos policiales corroboró el estado de violencia que se vivía en el lugar, donde la propia hija de la víctima alertó sobre la violación de la "perimetral" vigente. Incluso después de este episodio, el 28 de julio, el condenado fue captado nuevamente circulando en su automóvil por las cercanías del domicilio de Saucedo, demostrando un hostigamiento desmedido y ejemplificativo de una relación atravesada por el ejercicio de poder y sumisión. El magistrado resaltó en sus considerandos que estos episodios son típicos de la violencia que ejercen hombres contra mujeres en una cultura que aún arrastra resabios machistas que invisibilizan el sometimiento.
Fallo del juez
Al momento de dictar la sentencia definitiva, el juez Ignacio Uthurry tomó en cuenta un antecedente condenatorio firme de fecha 18 de marzo de 2024, dictado por el Juzgado Correccional nro. 2, donde se le había impuesto a Coronel un año de prisión en suspenso por delitos previos. Aunque el magistrado expresó en sus fundamentos que la pena acordada de tres años podría parecer insuficiente para una verdadera resocialización dada la multiplicidad de bienes jurídicos lesionados y la gravedad de los hechos de género, la naturaleza jurídica del juicio abreviado obliga al juzgador a respetar el tope punitivo solicitado por la fiscalía interviniente. De esta manera, Rodrigo Alejandro Coronel fue finalmente declarado autor penalmente responsable de los delitos de robo agravado por ser en despoblado, violación de domicilio, amenazas, daños, desobediencia y resistencia a la autoridad, todos en concurso real entre sí. La condena de cumplimiento efectivo impone las accesorias legales y costas correspondientes, marcando un precedente en la protección de las víctimas de violencia familiar en la ciudad. El veredicto cierra una etapa de reiteradas infracciones legales por parte de un hombre de 24 años que, a pesar de su juventud, ya acumulaba un frondoso historial de conflictos con la ley penal y desobediencia a las órdenes judiciales emitidas para garantizar la paz social.
Rodrigo Alejandro Coronel fue condenado a tres años de prisión efectiva en 2026.