Julio nació en Pergamino el 21 de abril de 1951. Vivió su niñez y adolescencia en su casa de 3 de Febrero casi esquina Italia, muy próxima al Colegio Nacional, donde terminó su secundario. Salió un día a tentar suerte en esa tierra para muchos desconocida en aquellos tiempos y se quedó.
El guitarrista y cantante pergaminense Julio Benzaquén, falleció en Johannesburgo, Sudáfrica, ciudad donde residió por cuatro décadas, el 27 de abril, una semana después de cumplir 67 años.
Salió un día a tentar suerte en esa tierra para muchos desconocida en aquellos tiempos y se quedó. La guitarra fue su íntima compañera hasta sus últimos momentos.
Julio nació en Pergamino el 21 de abril de 1951. Vivió su niñez y adolescencia en su casa de 3 de Febrero casi esquina Italia, muy próxima al Colegio Nacional, donde terminó su secundario. Dedicaba más horas por día a ensayar con su instrumento que a cumplir con las tareas escolares. En esos tiempos del Secundario una vez tomó la aventura de viajar a Cosquín y tuvo la suerte de actuar en el escenario mayor una jornada, casi al amanecer. Recuerdo –también- cuando participó en un famoso programa del mediodía en Canal 3 de Rosario. Sus compañeros, atentos al televisor. Al día siguiente el único comentario en el Colegio era la actuación de Julio en la pantalla. Julio se graduó como Bachiller en 1968.
Durante un año -1969- vivió en Mar del Plata y trabó contacto con Roberto Cambaré, quien fue su mentor y quien le aportó muchas canciones para su repertorio. Por otra parte Víctor Abel Giménez, compositor de música popular y conductor de radio en la ciudad balnearia, lo apoyó mucho y le posibilitó llegar a su primera (y única) grabación.
Su único disco de larga duración se llama “Folklore de Cuatro Rumbos” el mismo título de la audición de Giménez, por Radio Atlántica de Mar del Plata. En ese disco del sello Emi-0deón participa el guitarrista Horacio Sarlinga. Se incluyen las canciones: Vamos pa’ las carpas (Víctor Abel Giménez ); El día que te olvide (Oscar Valles); La Michi coplera (Angel Ritro / Rafael Paeta); Alfonsina y el mar (Félix Luna / Ariel Ramírez); Cruzando el Dulce (José Eduardo Montoya); Canción mañanera (Roberto Cambaré); Ojitos de mora (Oscar Valles); Coplas para un corazón (Roberto Cambaré); Soy vidalero (Ramón Navarro / Carlos Lastra); Huella guitarrera (Víctor Abel Giménez); Que haré, que debo hacer (Alberto Agesta /Horacio Aguirre); Visión en el río (E. Miranda); Caminando (Atahualpa Yupanqui); Una lágrima y un beso (Chango Valdez / R. Vilar). Utiliza el nombre artístico de “Chango Valdez”, recordando su apellido materno.
Se radica en la Capital Federal intentando intensificar sus actividades artísticas. Trabajaba mucho los fines de semana en reductos pequeños, pero que albergaban espectadores con muy buen gusto musical.
Por amigos se enteró que existía en Johannesburgo la posibilidad de un trabajo bien remunerado y que le daría tiempo como para desarrollar paralelamente su vocación artística. Consiguió el pasaje y se fue por seis meses. Comenzó a ilusionarse con distintos proyectos que iban surgiendo y se fue quedando. Hizo solamente tres viajes de visita a la Argentina. Los espacios de ausencia se fueron extendiendo. Su actividad como guía turístico y animador de peñas fue cada vez más intensa. Los visitantes latinoamericanos de todas las latitudes lo buscaban por su simpatía y características de buen anfitrión. En oportunidad del Mundial de Fútbol de 2010, Julio nos comentó telefónicamente de la furia de las vuvuzelas y su relación con los jugadores argentinos que entrenaban en un estadio que estaba precisamente frente a su casa. Por teléfono, me prometió -cientos de veces- que vendría a reencontrarse con sus compañeros del Colegio Nacional. Esto último nunca se logró. (Antonio Fante)