La prestigiosa neurocientífica cubana visitó nuestra ciudad invitada por el grupo Arché. En la Unnoba brindó una conferencia en la que, además de relatar su experiencia con el gobierno de Fidel Castro, pregonó la importancia de desarrollar una sociedad basada en la aplicación de cuatro valores: familia, libertad, amor y el servicio.
DE LA REDACCION. Días pasados visitó nuestra ciudad la prestigiosa neurocirujana, cubana y presidenta de la Asociación Civil Crecer en Libertad, Hilda Molina. Invitada por el Grupo Arché, la médica brindó una conferencia basada en sus conocimientos y la observación de la condición humana que adquirió tanto desde el ejercicio de su profesión como a partir de sus experiencias personales en los duros momentos que vivió con el régimen castrista y cómo ello la plantó frente a la vida.
Antes de iniciar su charla en la Unnoba, LA OPINION mantuvo contacto con la prestigiosa doctora que manifestó que la misión con la que realiza estas conferencias es transmitir valores, más que hablar de su historia política.
- Para usted, ¿cuáles son los pilares de una vida en dignidad?
-En mis charlas hablo de una vida en dignidad basándome en lo que me enseñaron mis ancestros que me decían que la sociedad cubana se edificó sobre cuatro pilares. El primero de ellos es la familia, que es cuna de los demás pilares porque todo lo demás se forja en la familia que es donde se forma la personalidad, que puede ser sana o deformada.
La libertad bien entendida, como condición inherente al ser humano, es otro de los pilares. La libertad propia que debemos manejar muy bien y la ajena que debemos respetar.
La doctrina del amor. Y en este punto vale aclarar que el amor no debe limitarse solo al que se tienen las parejas sino que debemos rescatar el verdadero significado del amor. Desde mi profesión puedo afirmar que el amor, como fraternidad, es el sentimiento más perfecto que generan las neuronas y el único sentimiento que puede por sí solo salvar al mundo. Si todo el mundo practicara el amor, de veras no habría problemas, no habría guerras, no habría delitos ni violencia. El amor es la antítesis del odio convertido en institución, del odio utilizado como instrumento de gobierno.
Y el último pilar es la vocación de servicio. Todos debemos tener nuestro propio proyecto de vida, lo importante de ese proyecto es que esté inspirado en la vocación de servicio. Cualquier cosa que se haga en servir a los demás es un proyecto honorable.
-¿Qué es lo que hay que priorizar para no perder los valores?
- Los problemas económicos se pueden resolver pero cuando una sociedad pierde sus valores y da paso a los antivalores es una situación difícil de resolver. Por eso creo que la gente tiene que salvar su familia, tiene que luchar contra el odio, la venganza, la violencia, hay que enseñarle a las personas la dignidad que da el servicio, que importante es aquel que sirve a los demás. Yo me aferré a estos valores y humildemente ayudo a las personas que luchan en contra de los antivalores instaurados en esta sociedad. El protagonista de los cambios sociales es el pueblo. El ser humano tiene de demonio y de ángel pero tiene más de ángel, el problema es que no saca ese ángel que habita en él y esto solo se logra con educación en valores. No hay políticas públicas destinadas a promover los valores.
-¿Cuál considera que es el antivalor que más daño hace?
-La destrucción de la familia es el antivalor más dañino y esto genera una enfermedad social. En el mundo se están violando los derechos humanos, se están quitando las libertades, existe el odio y esto es porque se atenta contra la familia, donde se forma la personalidad. Con una familia destruida tendremos personas que luego aportarán a generar la enfermedad social. En la familia bien constituida se germina el proyecto de vida, se aprende a ser libre, se aprende a amar.
Otro grave problema tiene que ver con el egoísmo humano y social, egoísmo que permite que no nos fijemos en lo que le pasa a mi hermano, al otro. Es terrible que los políticos hablen de los pobres, inventen un discurso y sobre esas personas vulnerables edifique un imperio para beneficio personal.
-¿Cuál era su proyecto de vida y por qué no se pudo cumplir?
-Mi proyecto de vida era ser médica para servir a aquellos que no podían pagar. Quería que me permitieran la apertura de un Centro Internacional de Restauración Neurológica, que logré crear en Cuba, que no era del Gobierno, que surgió gracias al aporte de neurocientíficos del mundo a pesar de que Cuba no tenía nexo con el mundo. Con mucho trabajo, me comuniqué con científicos del mundo que se enamoraron de mi proyecto que tenía como fin último ayudar a la gente de bajos recursos que tenían un problema neurológico.
El propio Fidel Castro decidió que ese Centro, templo del humanitarismo y la ciencia, se dedicara exclusivamente a atender a extranjeros y así poder obtener una rentabilidad en dólares. Y hasta ahí llegué yo porque sentí que estaban profanando mi Centro y lo querían convertir en un negocio. Por eso decidí irme.
Quiero aclarar, antes que nada, que no soy anticastrista, no soy de la política, no soy anti nada, soy una mujer de la medicina que quiso ayudar pero me di cuenta que a mi país lo convirtieron en un laboratorio de experimentación social, política, económica y psicológica. Sé que esto ha significado una involución, que generó, entre otras cosas, la desaparición de la familia, la falta de libertades, la institucionalización del odio y del miedo. Y en ese contexto tanto yo como muchas personas no pudimos hacer carne nuestro proyecto de vida.
-Sufrió una decepción
-Me decepcioné mucho con el gobierno cubano, aprendí que no hay que creer en los discursos y entendí que debemos fijarnos si el que habla, vive como habla; si el que habla de los pobres, vive como los pobres o si hablan de los pobres y los utilizan para rédito propio, un acto de total inmoralidad. Por eso les digo a los jóvenes que no se dejen deslumbrar con discursos, vean la realidad de la vida de las personas.
-¿Qué debe garantizar el Estado para tener una sociedad sana?
-La educación y la salud. Es inaceptable que cualquier gobierno no garantice servicio de salud público, decoroso, científico y humanitario. Es también fundamental que quienes presten su servicio lo hagan con vocación. Lo mismo sucede con la educación. Es el gobierno el que debe garantizar el acceso a la educación pública decorosa y no politizada. Esto es una deuda pendiente de todo el mundo. Y estoy convencida de que si los políticos no robaran se podría garantizar la salud y la educación.