miércoles 13 de mayo de 2026

Ramón Vega, un trabajador como tantos, que hace de la labor diaria una premisa de vida

30 de abril de 2016 - 00:00

DE LA REDACCION. El trabajo ocupa un rol básico y central en la vida para los seres humanos, por la cantidad de tiempo que se dedica a la labor cotidiana, porque permite la satisfacción de necesidades económicas y por su interrelación con otras áreas de la vida. Es columna vertebral de la realización humana y, aunque también es motivo de queja, su falta menoscaba mucho más el alma que el bolsillo.

Ya el libro del Génesis (2,15), que narra el comienzo de todas las cosas, dice que Dios creó al hombre para que trabajase. En esta breve frase está el fundamento de la dignidad de la persona.  No es el trabajo un castigo por el pecado original, como algunos todavía creen, sino que es el medio por el cual el hombre adquiere dignidad y se realiza como ser humano.

 

Uno como tantos

Anticipando el Día Internacional del Trabajo, LA OPINION pretende honrar a todas aquellas personas que se levantan cada día a cumplir una labor que, más allá que les reporta un ingreso monetario, es lo que los dignifica, los convierte en imprescindible para otros, les permite potenciar sus capacidades como persona. En síntesis, a quienes entienden que el trabajo los hace sentir realmente útiles, necesarios, autosuficientes y pertenecientes a una sociedad activamente económica. 

No fue sencillo escoger a uno entre tantos, y en esa búsqueda llegó a nuestros oídos, desde distintas bocas, la historia de Ramón Vega, a quien los que lo conocen describen como un trabajador nato.

Ramón es quien encarna en esta oportunidad la figura del laborioso que, como muchos, ha sabido ganar no sólo los recursos para desarrollar su vida material sino que, por su honestidad es reconocido y recordado por quienes fueron sus empleadores. También es la imagen de una generación que logró progresar, la ansiada movilidad social, a través del trabajo, con cuerpo y alma, y sin los estudios elementales. Que esto suceda hoy es algo muy poco probable, pero a él no le preocupa porque, gracias precisamente a sus horas de arduo trabajo, sus hijos sí han podido estudiar y, lo más importante, han sido criados con el ejemplo del trabajo como herramienta para el progreso.

 

De Malabrigo

Ramón Luis Vega tiene 61 años y es oriundo de Malabrigo, conocida como Ciudad Jardín que se encuentra al noreste de la provincia de Santa Fe. Allí Ramón nació y se crió hasta los 10 años junto a sus hermanas menores y junto a sus padres, Melitón que trabajaba en el monte cortando árboles y vendiendo leña, y Delia que era empleada doméstica. “Antes no era como ahora, que los niños terminan la escuela sino que muchos decidimos trabajar desde chicos. No me gustaba mucho estudiar así que hice hasta cuarto grado y después tuve que empezar a trabajar. Para esa época mis padres dejaron sus trabajos y todos juntos, en familia, nos trasladamos al Chaco para la cosecha de algodón y de maíz. En Villa Angela vivimos  siete años con mis padres y mis hermanas”, contó Ramón y enseguida le vienen a la mente los recuerdos de la casa de adobe que construyeron para vivir, donde el piso era de tierra, los techos de paja, las camas eran catreras de palos, el colchón se hacía con las chalas del maíz y la frazada era la bolsa blanca de harina (de arpillera) que lavaban antes de ponérsela arriba del cuerpo sino generaba picazón.

“El trabajo en esa época era bravo”, dice Ramón y señala que  la cosecha de algodón se hacía todos los días, sin descanso, desde las 7:00 hasta que se pesaba el material recogido, a las 16:00. Después de eso los trabajadores podían retornar a sus hogares.

 

Cosechero

Este santafesino pasó siete años en la cosecha hasta que, nuevamente en familia, decidieron volver a su pueblo natal.  Una vez instalados, empezó a realizar el trabajo, que según él, fue el más lindo que desarrolló porque era al aire libre: el mantenimiento de los cítricos en los frutales de Malabrigo. “Yo era el encargado de la planta, todo tenía que funcionar bien. En los frutales se plantaban quinotos, naranjas, limones, pomelos. Trabajé hasta los 20 porque después fui convocado al Servicio Militar que realice en Santo Tomé. Solo un año estuve allí y luego volví a trabajar en la planta de cítricos”, relata Vega.

 

Experimentar lo nuevo

Su conexión con Pergamino comenzó por una de sus hermanas, María Victoria, que llegó a Fontezuela, en primer lugar, para trabajar en el criadero de gallinas ponedoras de huevo. Durante una visita, los padres de Ramón empezaron a pergeñar cómo sería la vida en esta ciudad, por lo que luego de volver a Santa Fe les comentaron a sus otros hijos la decisión tomada: vivir en Pergamino. Melitón y Delia compraron una casa en el barrio 9 de Julio de nuestro medio.

Sin sus padres cerca, y a punto de ser papá de su primera hija, Ramón decidió dejar junto a su mujer, Margarita, Malabrigo. “Mi patrón no quería que me fuera pero yo tenía la necesidad de probar suerte, así que llegué a Fontezuela en 1983, viví en el pueblo porque mis nuevos empleadores me dieron una casa. Ese trabajo fue el más esclavo que tuve, iniciaba mi labor diaria a las 5:00 les daba de comer a las gallinas y terminaba a las 23:00. Trabajé cuatro años y me cansé”, explicó Ramón que se vino a vivir a Pergamino, junto a su madre que había enviudado, y comenzó a trabajar en una fábrica de mosaicos ubicada en avenida Ugarte. Allí estuvo siete años pero se vio en la obligación de dejar por un problema de salud que le impidió por un tiempo realizar un trabajo forzado.

Un semillero de Maguire fue el lugar en donde continuó su trabajo. Después vino un tiempo en una distribuidora para luego trabajar en la construcción junto a su tío.

 

Una cara visible en OSE

Cansado del trabajo duro, aquel que empezó haciendo desde que tan sólo era una niño, viendo un aviso en el Diario, decidió presentarse en la empresa de seguridad OSE, dirigida por la familia Nardi. “Tenía 44 años cuando me presenté ante Luis Nardi (padre) para decirle que quería trabajar en lo que él estaba necesitando: personal de seguridad o de limpieza. Me preguntaron en dónde había trabajado, le conté mi currículum y a las pocas horas me llamaron desde la empresa. Pasé por las oficinas y ahí me informaron que empezaba a trabajar como seguridad en la Exposición Rural, me dieron la ropa adecuada, me pidieron que estuviera presentable y así empecé este trabajo en el que llevo más de 18 años”, explicó Vega.

Ramón es una cara reconocida en la vigilancia de OSE, su honestidad y óptimo desempeño lo llevaron a ser uno de los más solicitados entre las empresas que OSE asiste en nuestra ciudad. También se puede ver a Ramón en la seguridad de cada partido que Douglas Haig juega como local, y en algunos clubes en los que se desarrollan partidos de basquetbol. “Fui seguridad en muchos lugares, en las canchas, en empresas, casamientos y cumpleaños, confiterías, en la muestra Agroactiva”, aseguró Ramón.

Queridos por muchos, Vega, con su presencia en diferentes ámbitos, conoció a muchas personas, algunas de las cuales se convirtieron en amigos. “Gracias a mi trabajo tuve la posibilidad de conocer mucha gente, algunos muy buenos a los que considero amigos”, agregó Ramón.

 

En el presente

Al compás de su trabajo, Ramón fue armando su vida familiar, aquella que comenzó en Malabrigo junto a Margarita, su mujer, con la que el próximo 4 de septiembre cumplirá 40 años de casado. Ambos son padres de Maira que estudia veterinaria en Casilda, Gisela que trabaja en Pergamino y será mamá por lo que Ramón se convertirá en abuelo primerizo; y Ezequiel, el “benjamín”, de la familia que hace trabajos de albañilería.

Actualmente, Ramón trabaja en la seguridad de OSE por espacio de ocho, nueve y algunos días 12 horas. A todos lados asiste con su fiel compañera, la bicicleta. Asegura que le gusta mucho trabajar y que instruyó a sus hijos en la honestidad y el trabajo. “Siempre les digo a mis hijos que trabajen honestamente, si estudian mejor pero que siempre valoren el trabajo, ese es mi consejo para todos”, expresó Vega.

 

El acto será en el monolito de Alsina y Sarmiento

 

Como es habitual en cada 1º de mayo, mañana en el monolito de calle Alsina y Sarmiento se desarrollará el acto en honor a los trabajadores.

La cita será 10:30, momento en que los participantes de la ceremonia compartan un chocolate con facturas para luego, a las 11:00 aproximadamente, dar paso al acto durante el que se depositará una ofrenda floral, en homenaje a los trabajadores fallecidos.

Por otra parte se dará lectura al documento que las organizaciones coordinadoras del encuentro, CGT Regional Pergamino, CTA, ATE, elaboraron para la ocasión.

 

El porqué de la fecha, Los Mártires de Chicago

 

El 1° de Mayo se conmemora en todo el mundo el Día Internacional del Trabajador en homenaje a los llamados Mártires de Chicago, grupo de sindicalistas anarquistas que fueron ejecutados en 1886. La protesta, llevada a cabo inicialmente por 80 mil trabajadores, pronto desembocó en una poderosa huelga nacional que afectó a numerosas fábricas de los Estados Unidos.

 

Ocho horas de labor

Ese mismo año, la Noble Order of the Knights of Labor, una organización de trabajadores, logró que el sector empresarial cediese ante la presión de las huelgas por todo el país.

Entonces, el presidente de Estados Unidos, Andrew Johnson, promulgó la Ingersoll estableciendo ocho horas de trabajo diario. Como los empleadores se negaron a acatarla, los trabajadores de la ciudad industrial de Chicago iniciaron una huelga el 1º de mayo, que comenzó con una manifestación de más de 80 mil trabajadores liderados por Albert Pearsons.

Ese movimiento había sido calificado como “indignante e irrespetuoso”, “delirio de lunáticos poco patriotas”, y manifestando que era “lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo”.

A partir de allí, el conflicto se fue extendiendo a otras ciudades norteamericanas, logrando que más de 400 mil obreros pararan en 5 mil huelgas simultáneas. La magnitud del conflicto causó preocupación al gobierno y al sector empresarial, que creyeron ver en las manifestaciones y huelgas el inicio de una revolución anarquista.

 

Atentado

Sin embargo, la fábrica Mc. Cormik de Chicago no reconoció la victoria de los trabajadores y el 1º de mayo de aquel año la policía disparó contra los manifestantes que, a las puertas de la fábrica, reivindicaban el nuevo acuerdo. Durante los siguientes días murieron más trabajadores, hasta que el día 4 una bomba estalló contra las fuerzas policiales, suceso conocido como “el atentado de Haymarket”.

El 21 de junio de 1886 comenzó el juicio a 31 obreros acusados de haber sido los promotores del conflicto. Todos fueron condenados, dos de ellos a cadena perpetua, uno a 15 años de trabajos forzados y cinco a la muerte en la horca. La culpabilidad de los condenados nunca fue probada.

 

 Diversos homenajes

En la actualidad, muchos países rememoran el 1º de mayo como el origen del movimiento obrero moderno. Hay algunos que no lo hacen –en general, países de colonización británica–, como Estados Unidos y Canadá, que celebran el Labor Day (Día del Trabajo) el primer lunes de septiembre; Nueva Zelanda, el cuarto lunes de octubre.

En Australia, cada estado federal decide la fecha de celebración.

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