Abud: -Lo primero que se tiene en cuenta es el Indice de Masa Corporal (IMC), que es la relación entre el peso y la estatura; todo aquel que a raíz del cálculo de este coeficiente- tenga un IMC mayor a 35 hasta 39 con enfermedades asociadas a la obesidad, es un paciente que califica para la cirugía; y aquel que tiene un IMC mayor a 40 es directamente un paciente quirúrgico.
Angles: -La cirugía bariátrica empezó a tomar auge cuando la obesidad comenzó a considerarse una enfermedad. Hasta entonces era operado el paciente híper obeso, hoy se operan aquellos con obesidad mórbida y quienes cumplen con determinados requisitos. Son muchas las personas que entran en el rango quirúrgico porque la obesidad ha aumentado y se trata como una enfermedad. La cirugía es una herramienta más.
-¿Los pacientes visualizan la cirugía como una solución mágica al tema de la obesidad?
Abud: -Quienes llegan al centro vienen buscando la última solución que es la cirugía. Algunos cumplen con los requisitos para operarse y los que no están en ese rango, acceden al tratamiento psiconutricional pero son los menos. Generalmente quienes llegan al Centro, vienen con la expectativa de operarse, ven en la cirugía una solución a su problema y nosotros también, aunque les aclaramos que el tratamiento de la obesidad no es la cirugía, esta forma parte del tratamiento. De hecho, el equipo trabaja mucho en el preoperatorio, en el cambio de hábitos del paciente y el acompañamiento sigue en el tratamiento de sostén.
-¿Cuáles son los procedimientos quirúrgicos a los que puede someterse un paciente?
Abud: -Hay dos procedimientos disponibles. La manga gástrica y el bypass gástrico. Ambas son herramientas muy efectivas, pero para cada caso hay una técnica especial. Después de la evaluación del paciente decidimos qué tipo de cirugía es la más apropiada. La manga consiste en achicar el estómago, sacar una porción, para que el paciente pueda alimentarse con una dieta variada y menos porciones de comida. Con el bypass achicamos el estómago pero salteamos una parte del intestino delgado para evitar la absorción de azúcares y grasas. Este procedimiento está indicado en pacientes metabólicos.
-¿Por qué algunos pacientes vuelven a recuperar peso?
Abud: -A los dos años hay una re-ganancia de peso, es común que pase y en la mayoría de los casos sucede porque las personas suelen abandonar el tratamiento. Si el paciente entiende que la obesidad es una enfermedad crónica, y que por más que se haya operado tiene que seguir con el tratamiento, la posibilidad de recuperar peso es menor.
-¿La cirugía se busca por una cuestión de salud o de estética?
Abud: -El que llega a la consulta es un paciente que ha tocado fondo y nosotros le explicamos que la obesidad es una enfermedad que lo afecta tanto física como psicológicamente. Nosotros abordamos este tema como una cuestión de salud y no como algo estético. La expectativa de la estética siempre está, pero los pacientes también saben que tienen una enfermedad y vienen para poder manejarla mejor.
-¿Cuáles son las vías de llegada de los pacientes?
Angles: -La derivación recién ahora se está haciendo un poco más consciente por parte de los colegas. Recibimos derivaciones de traumatólogos por problemas osteoarticulares de sus pacientes por obesidad severa, por ejemplo. Pero entendemos que hay que incentivar la derivación de los clínicos y cardiólogos. La cirugía de la obesidad es una subespecialidad relativamente nueva y de a poco la comunidad médica la va internalizando. En la actualidad la mayoría de los pacientes llegan por demanda espontánea.
-¿El tratamiento de la obesidad está contemplado en la cobertura de obras sociales?
Angles: -Es obligatorio porque la obesidad ha sido reconocida como una enfermedad crónica. Para la cirugía hay que reunir una serie de requisitos y por supuesto algunas obras sociales intentan esquivar este tema y el paciente se desalienta pero la cobertura está contemplada.
Hacia las primeras experiencias en el hospital público
Hace un tiempo autoridades del Hospital Interzonal de Agudos San José anunciaron el lanzamiento de un programa para realizar cirugía bariátrica en el nosocomio. En la oportunidad el doctor Camilo Abud, profesional que también se desempeña en el ámbito hospitalario, explicó la forma en que iba a realizarse el abordaje de los pacientes que estuvieran en condiciones de someterse al procedimiento.
En el marco de la entrevista concedida a LA OPINION, el cirujano confirmó que a través del Ministerio de Salud se han autorizado dos cirugías y comentó que en el preoperatorio se trabaja con una estrategia similar a la que se aplica en el Centro de Cirugía Bariátrica Pergamino.
En este sentido confió que los pacientes se encuentran en la etapa preoperatoria con importantes avances de cara a lo que serán los procedimientos.
En diálogo con LA OPINION, autoridades del Hospital confirmaron la autorización de los procedimientos por parte del Ministerio de Salud y recordaron que bajo la órbita de este programa se asiste a pacientes que no tienen cobertura social.
La interdisciplina: una clave del éxito para el paciente
Hay consensos respecto de que el éxito de la cirugía bariátrica depende en gran medida del proceso que emprende el paciente cuando, guiado por el profesional que lo trata, decide encauzarse hacia un tratamiento integral de su obesidad. Para llegar a la cirugía las personas recorren un largo camino que los prepara no sólo para establecer una nueva relación con la comida, sino para encontrarse con una nueva imagen corporal.
Profesionales del equipo interdisciplinario del Centro de Cirugía Bariátrica Pergamino en diálogo con LA OPINION describieron las distintas instancias de este proceso.
Psicólogos, nutricionistas, clínicos y endocrinólogos además de los cirujanos participan del tratamiento previo. Reconocen que la mayoría de las personas viene para operarse ya y se encuentra con que primero tienen que modificar el pensamiento y las conductas que tienen respecto de la comida.
Tratamos de que puedan controlar el deseo de comer, trabajamos mucho con las emociones para que puedan lograr el éxito quirúrgico; intentamos que logren otro vínculo con la comida, que no sea ni de exceso ni de falta, que busquen una relación más sana, aseguran.
Desde el punto de vista psicológico se trabaja sobre la conducta alimentaria, se los interroga sobre sus hábitos nutricionales y se los guía a que puedan dejar de llenar con comida otras faltas.
El imperativo del trabajo preoperatorio es que puedan internalizar la idea de que la obesidad es una enfermedad crónica de la que deberán ocuparse durante toda la vida, y que la cirugía no es la solución mágica. Aquellos que entienden este proceso, asisten a las consultas de atención nutricional y psicológica y concurren a los talleres gratuitos, luego de operados obtienen mejores resultados. Del mismo modo admiten que en la luna de miel post cirugía algunos dejan de asistir a estos espacios y regresan cuando se vuelven a encontrar con el problema de la obesidad.
Un nuevo cuerpo
Una vez operados, a los pacientes les cuesta reconocerse en una nueva imagen corporal. Pasa tiempo hasta que puede ir aceptando la imagen real y tardan en poder reconocerse frente al espejo. Les cuesta ver lo que han bajado y esto les produce frustración, comentaron los profesionales.
Para evitar que ese sentimiento los lleve a ganar peso nuevamente, los equipos interdisciplinarios trabajan con distintas estrategias: utilizan bolsas de arena para que sientan nuevamente cómo era cargar el peso que perdieron. También usan globos para trabajar con el tema del volumen. La idea es que puedan reconocerse con ese nuevo cuerpo y aprendan a llevarlo, aseguran.
El aspecto nutricional
Tan importante como la cuestión psicológica es la nutricional. Tanto en la etapa preoperatoria como en la posterior. Hay objetivos que deben cumplir antes de la cirugía y se trabaja en forma personalizada porque no todos llegan a la obesidad de la misma manera, describen, y señalan que se emplean ejercicios para identificar el hambre emocional del real.
A la par de ello se los prepara para el cambio drástico en la forma de alimentarse que van a tener en las distintas etapas posteriores a la cirugía. Es un proceso que lleva tiempo y el mayor éxito lo logramos cuando son metódicos, afirman.
A la par del aspecto nutricional, los pacientes pasan por controles estrictos desde el punto de vista médico. La endocrinología cumple un papel fundamental por cuanto permite detectar desórdenes desde el punto de vista endócrino.
La persona debe ser tratada integralmente, y debe sentirse acompañada en la adopción de hábitos que luego pueda sostener. De ese proceso depende el éxito, concluyen las profesionales.
Este artículo se armó sobre la base del testimonio brindado por Mariana Español, (psicóloga); Vanesa de Gaetani, (psicóloga); Valeria Mayo (nutricionista); Lea Juárez Alem, (endocrinóloga); y Sabrina Fanucchi (nutricionista). El equipo del Centro de Cirugía Bariátrica Pergamino se completa con el psicólogo Germán Debeljuh y la nutricionista Marisol Tocci. Los segundos miércoles de cada mes en la sede del Centro se brindan talleres abiertos a la comunidad.
Una historia, en primera persona
Miriam Bonacalza cuenta que peleó toda la vida con la obesidad y refiere que tuvo sobrepeso desde que tiene uso de razón. A los 15 años comenzó con dietas con pastillas y hasta que llegó a la cirugía su vida fue un derrotero en el que lograba bajar de peso, pero nunca conseguía mantenerse.
El último registro de peso que tiene es el de los 180 kilos, pero aclara que en Pergamino no había balanzas que pudieran contabilizar más que eso, así que durante mucho tiempo no conseguía donde pesarse. Lo que cuenta la ubica en el año 2005. Cocinaba sentada y se tomaba un remis para ir a unas pocas cuadras de su casa. Tenía una vida sedentaria en la que era obesa y fumaba. Llegó al cirujano por una eventración de la cesárea y para eso tenía que bajar de peso. Con una nutricionista bajó 60 kilos. Pero siempre pesaba más de 100 kilos. Algunos años después, cuando la curva volvía a ser ascendente comenzó a pensar en la idea de la cirugía bariátrica. Cambio de obra social de por medio, comenzó a hacer los trámites en 2010 y en 2011 la operaron con 113 kilos. A los seis meses superó la meta de lo que había sido establecido como un peso sano de 78 kilos y llegó a pesar 71, un peso en el que se mantiene.
Sabiendo que debería someterse a cirugías reconstructivas ya por una cuestión estética, asegura sentirse a gusto con su cuerpo y con lo que siente en el desarrollo de una vida que cambió por completo. Asegura que el acompañamiento psicológico y nutricional fue fundamental para ella en el aprendizaje de nuevos hábitos que contemplan formas de comer y formas de ejercitar su cuerpo. Yo aprendí que la cirugía es una herramienta más, no la solución mágica y yo sé que debo estar atenta para no recuperar peso.
Convive con el fantasma de la obesidad, pero asegura que no se priva de nada al momento de sentarse a comer. Solo respeta sus deseos y sus tiempos. Como cualquier persona, pero en porciones menores porque sé que mi estómago no tiene la misma capacidad. No tomo medicamentos por fuera de una vitamina que me ayuda a incorporar algunos nutrientes, pero tengo una vida normal.
Confiesa que aún hoy le cuesta reconocer su nueva imagen corporal: Un día pasé por el espejo y me volví a mirar porque me desconocí en el espejo. Y es el día de hoy que no puedo reconocer el talle de la ropa. Me cambió hasta el talle del calzado, llegué a usar zapatillas de hombre porque no conseguía.
Su relación con la vida también cambió. Sus relaciones, su posición frente al mundo. Se operó a los 52 años y hoy tiene 57. Mi vínculo con el cuerpo es diferente, yo disfruto más de la vida y me sorprendo en cosas que hoy puedo llegar a hacer y que nunca se me hubieran ocurrido.
Aunque su cuerpo le pasa la factura de tantos años de obesidad, hoy se descubre haciendo gimnasia y trotando. Eso la gratifica y no extraña nada de su vida de antes. Eran todas limitaciones, quería ir a visitar a mis hijos que estudiaban en Rosario y no entraba en el asiento. Sentía que por ahí los avergonzaba con el tamaño de mi cuerpo.
Lo que cuenta lo relata desde el lugar de la vivencia personal, desde el pudor que sintió ante la crueldad con la que la propia sociedad trata a los pacientes obesos. Tiene una mirada compasiva de su historia y esperanzada del futuro y da su testimonio porque entiende que puede servir para ayudar a otros.