El Departamento Ejecutivo, a través de la Dirección de Protocolo y Ceremonial, organiza una ceremonia en el marco del 40º aniversario de la dictadura cívico militar. El encuentro se hará en las puertas de la casa en donde viviera el desaparecido y asesinado Gerardo Pérez. Su mamá, Amanda, será una de las oradoras junto al intendente municipal, Javier Martínez.
DE LA REDACCION. El jueves, a partir de las 10:00, en Bombero Esquivel 1351, el Municipio desarrollará el acto en el marco del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia.
El lugar escogido es la casa de Gerardo Pérez, que fuera víctima de la dictadura cívico militar.
De acuerdo con el cronograma de actividades, después de la recepción de autoridades y del recibimiento de las Banderas de ceremonia, se izará la Bandera nacional, luego se entonarán las estrofas del Himno.
Dos serán los oradores: Amanda Sadaba de Pérez, mamá de Gerardo Pérez y el intendente del Partido de Pergamino, Javier Martínez.
Lo que sucedió
El 24 de marzo de 1976 un golpe de Estado cívico-militar derrocó al gobierno constitucional de la presidenta María Estela Martínez de Perón e instauró una dictadura que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983 a través de una Junta Militar encabezada por los comandantes de las tres Fuerzas Armadas: Jorge R. Videla (Ejército), Emilio E. Massera (Armada) y Orlando R. Agosti (Fuerza Aérea).Se autodenominó Proceso de Reorganización Nacional y es por eso que suele ser referida simplemente como «el Proceso».
Los golpistas tomaron al poder en un contexto de violencia creciente, caracterizado por acciones de terrorismo de Estado llevadas adelante por las Fuerzas Armadas y el grupo parapolicial Triple A y la actuación de organizaciones guerrilleras.
La Junta Militar llevó a cabo una acción represiva en la línea del terrorismo de Estado conocida mundialmente como la Guerra Sucia, coordinada con las demás dictaduras instaladas en los países sudamericanos mediante el Plan Cóndor, que contó con el apoyo de los principales medios de comunicación privados e influyentes grupos de poder civil, la protección inicial del gobierno de los Estados Unidos y la pasividad de la comunidad internacional.
El gobierno secuestró, torturó y ejecutó clandestinamente a decenas de miles de personas, sospechadas de ser guerrilleros o activistas civiles sin relación con las organizaciones armadas y estableció centros clandestinos de detención para llevar a cabo estas tareas.
No laborable
El 2 de agosto de 2002 el Congreso de la Nación Argentina promulgó la Ley Nº 25.633 creando al Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia con el fin de conmemorar a las víctimas, pero sin darle categoría de día no laborable. Tres años después, durante la gestión del presidente Néstor Kirchner, se impulsó desde el Poder Ejecutivo Nacional que la fecha se convirtiera en un día no laborable, inamovible.
Es por ello que el jueves será feriado, coincidiendo con el Jueves Santo, por lo que esos días no habrá actividad oficial, no atenderán los bancos, en las escuelas y universidades no se dictarán clases y en las clínicas y hospitales se atenderán solo las urgencias, al igual que los comercios que no abrirán sus puertas durante el feriado.
Una fecha para no olvidar
La 173º reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina, reunida en Buenos Aires el 14 y 15 de este mes, elaboró un comunicado recordando el 24 de marzo.
El documento expresa: El próximo 24 de marzo se cumplen cuarenta años de la ruptura del orden constitucional y del estado de derecho. Un hecho que nunca más se debe repetir ni podemos olvidar.
Era un momento complejo y difícil para toda la sociedad. Argentina vivía una escalada de violencia que culminó en el terrorismo de Estado, protagonista de crímenes de diversa índole, entre ellos: la tortura, el asesinato, la desaparición de personas y el secuestro de niños.
Los argentinos no podemos dejar de preguntarnos cómo se pudo llegar al período más oscuro de nuestra historia. Sus consecuencias de enfrentamientos, dolor y muerte aún permanecen y se nos presentan como un pasado que tenemos que afrontar y sanar.
La vuelta a la democracia marcó el inicio de un camino de verdad, de justicia y de encuentro entre todos, que urge seguir transitando, para alcanzar la concordia y la amistad social.
El reconocimiento del valor de la vida, de la dignidad y de los derechos inalienables de la persona constituyen la base indispensable de toda convivencia humana y del destino feliz de un pueblo.
La memoria del 24 de marzo, este año, coincide con la celebración del Jueves Santo, día de dolor y de traición, pero también día en que Jesús manifestó su amor hasta el fin entregando la vida por nosotros. En su Sangre hemos sido reconciliados. Cristo es nuestra paz (Efesios 2,14) y el fundamento de una esperanza que nos impulsa a construir una sociedad auténticamente humana.
Su ejemplo nos ayuda a cicatrizar nuestras heridas en la verdad, el arrepentimiento, la reparación en justicia y el anhelo de alcanzar misericordia.