Cuando Jesucristo entra en las aguas y Juan baña su cabeza, son sumergidos todos los pecados de los hombres. Las aguas limpian el cuerpo, y por eso son tomadas como símbolo de la limpieza de las almas que se arrepienten de sus pecados ante Dios. El año pasado, la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad al lugar del bautismo.
DE LA REDACCION. Para dar por concluido el ciclo navideño, la Iglesia celebrará el domingo la fiesta del Bautismo de Jesús.
En las aguas del río Jordán, Jesús pidió a Juan que lo bautizase. Apenas lo hizo, dice el Evangelio, se abrió el cielo y el Espíritu Santo en forma de paloma se posó sobre él, y en ese momento una voz del cielo dijo: Este es mi Hijo amado, mi predilecto. Con el bautismo del Señor comienza la vida pública de Jesús, que culminará en la Cruz. Cuenta el Evangelio que Jesús avanzó decidido entre el grupo de peregrinos de Galilea; se colocó ante Juan que lo reconoció, y comenzó un breve diálogo. Jesús llegó al Jordán para ser bautizado por Juan. Pero éste se resistió diciendo: Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿cómo vienes tú a mí?
Cumplir con la justicia
El bautista dijo que no conocía a Jesús como Mesías y portador del bautismo de fuego y del Espíritu Santo, pero lo conocía como pariente, al menos de oídas, por las palabras de su madre Isabel y de su padre Zacarías. Sabía que Jesús es justo, que no hay pecado en El, que reza, que ama a Dios, que ama a su padres. Quizá sabe más cosas, pero no lo sabe todo, pues el silencio de la vida oculta se extiende tanto a los cercanos en los lazos de sangre, como en los espirituales. Respondiendo Jesús le dijo: Déjame ahora; así es como debemos nosotros cumplir toda justicia. Entonces Juan se lo permitió.
Y cumple Jesús toda justicia. Desciende a las aguas ante Juan. En aquellos momentos el inocente de todo pecado asume todos los pecados de los hombres. Los miles de millones de pecados de los hombres caen sobre sus espaldas, y los asume haciéndose pecado, como si fuesen suyos, sin serlo. Esta decisión libre le costará sangre y sudor, amor difícil, amor total que llegará a estar crucificado, hasta dar la vida por todos.
Limpieza
Cuando Jesús entra en las aguas y Juan baña su cabeza, son sumergidos todos los pecados de los hombres. Las aguas limpian el cuerpo, y por eso son tomadas como símbolo de la limpieza de las almas que se arrepienten ante Dios de sus pecados. Más no pueden hacer. Pero al sumergirse Jesús en las aguas, las santifica, les da una fuerza nueva. Más adelante, el bautismo lavará con las aguas los pecados hasta la raíz, y dará la nueva vida que Cristo conquistará en su resurrección. Serán, efectivamente, aguas vivas que saltan hasta la vida eterna.
Dios se manifiesta
Al salir Jesús del agua sucede el gran acontecimiento: Dios se manifiesta. Inmediatamente después de ser bautizado, Jesús salió del agua; y he aquí que se le abrieron los Cielos, y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz del Cielo que decía: Este es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido.
La voz es la del Padre, eterno Amante, el que engendra al Hijo en un acto de amor eterno, dándole toda su vida. El Hijo es el Amado, igual al Padre según su divinidad. Es tan Hijo que es consustancial con el Padre, los dos son uno en unión de amor. El Padre le dio toda su vida, y el Hijo ama al Padre con ese amor obediente que demuestra Jesús cuando desciende a las aguas como hombre que se sabe Dios, desde una libertad humana con la que se entrega por los hombres y ama al Padre. Y el Padre se complace en ese hombre que lo ama con amor total y mira a los demás hombres saliendo del pecado, y los ama en el Hijo.
El Espíritu
La paloma simboliza el Espíritu. Anunció la nueva tierra y la paz de Dios a los hombres después del diluvio, que habían sido castigados por sus pecados. Anuncia el amor a los que quieren vivir de amor. Anuncia junto a Jesús la nueva Alianza, en que, de nuevo, el Espíritu de Dios volará sobre las aguas del mundo. Limpiará los corazones con el fuego de su amor, purificará las intenciones, llenará de Dios a todos los que crean y esperen, inflamará de amor a los amantes que desean el amor total, tan lejano al amor propio.
Jesús es ungido por el Espíritu. Jesús es así el Cristo, el nuevo rey del reino del Padre. Antes los reyes eran ungidos con aceite, y la gracia de Dios les daba fuerzas. Ahora el Espíritu mismo invade a Jesús. Podrá actuar con plena libertad en su alma dócil, le impulsará, le encenderá en fuego divino. Por eso Jesús lleno del Espíritu Santo, regresó del Jordán, y fue conducido por el Espíritu al desierto. Comienza su vida de Ungido por el Espíritu que lo lleva a lo más alejado del paraíso, al desierto, donde se mortifica, reza y sufre la tentación de Satanás.
Patrimonio de la humanidad
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) incluyó en la nómina de lugares considerados Patrimonio de la Humanidad al lugar del bautismo de Jesús, en la ribera del río Jordán en el límite de Jordania con Israel.
El Comité del Patrimonio Mundial, reunido en Bonn, Alemania, fue el encargado de evaluar las candidaturas inscritas a la lista. En el caso del lugar del Bautismo de Jesús, Jordania sostuvo que el punto exacto se encuentra en el lado oriental del río Jordán en un punto llamado Al-Maghtas, si bien un gran número de peregrinos visitan el lugar desde el lado israelí por contar con mejor infraestructura. El lugar en Jordania fue visitado por tres Pontífices, a mediado del año pasado, como confirmación del parecer de la Iglesia sobre la autenticidad del lugar santo.
Ubicación
La tradición cristiana, desde el siglo III, identificó el lugar en la margen occidental del río Jordán, en un remanso que forma antes de desembocar en el Mar Muerto. En esa zona se encuentran el Monasterio Greco Ortodoxo de San Juan, que data del siglo XV, y una capilla franciscana de 1933.
El Evangelista San Juan fue uno de los que contribuyó a arrojar luz a las investigaciones. En el capítulo primero de su Evangelio explica que Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.
En marzo del año 2000, San Juan Pablo II presidió una Eucaristía en el lugar del bautismo, en la que participaron más de 25 mil personas.
Los expertos que revisaron la candidatura señalaron que el lugar del bautismo de Jesucristo es de inmenso significado religioso para la mayoría de denominaciones de la fe cristiana, que han aceptado este sitio como la ubicación del Bautismo de Jesús.