La guerra sucia (porque enchastran toda la ciudad, doña, no delire) se intensificó enormemente camino a las Paso. Ya los afiches duraban ratitos apenas y venían otros atrás y los tapaban con otros candidatos, pero los primeros volvían a pasar y al ver que se los habían tapado o arrancado en otros casos, entonces los volvían a pegar. Y como en una película de El Gordo y el Flaco (¿un poco antigua Tota no?), el proceso volvía a comenzar.
Resultado: paredes sucias, veredas más sucias aun, porque arrancaban afiches frescos y el engrudo pegaba al piso. Como venimos predicando hace varios domingos sin que nadie nos escuche en el ámbito político, así tiran la plata a la basura.
Ni qué hablar en los paredones donde quedó sin arrancar del todo un afiche y le ponen otro encima, que también terminará indefectiblemente roto. Nadie entiende nada, se mezclan fórmulas políticas y colores. Una verdadera clase de collage urbano.
Ahora vamos a ver quién se encarga de arreglar el desastre, sacar los pasacalles entrelazados con cables, los columneros engrampados y, obvio, los afiches. Porque aunque prolijos y estéticos, estos cartelitos que se enganchan a las columnas tienen la virtud de romperse menos que los pasacalles, que tras alguna tormenta terminan arrumbados en la calle, y allí los seguimos viendo, a un año de los comicios, promocionando la nada misma, porque el candidato ya ha ganado o perdido.
Mire doña a nosotros nos encanta el folklore político, los grupos desparramados por las esquinas y medias cuadras de la Peatonal, la música, las cartillas, las boletas. Pero el enchastre sin sentido no nos va Tota, porque bien podrían haberse repartido prolijamente los lugares de pegatina, antes de jugar al tapa afiches como si fueran niños caprichosos.
NERVIOS LOCOS
A esta hora doña, no es difícil de adivinar, todos los precandidatos están con unos nervios locos. Ya se dieron a conocer, recorrieron el Centro, los barrios, los pueblos, hablaron con cuanto les prestara el oído, salieron en los medios. Pero ahora llegó el momento crítico: ¿Le llegó a la gente el mensaje? ¿Me votará? ¿Le ganaré a fulano?
Todos se hacen los superados pero nosotros que los conocemos hace tantos años, detectamos los TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) que desarrollan cuando están nerviosos.
Unos se muerden el labio inferior, a otros le late un ojo, hay algunos con tal cara de miedo que no hace falta estudiarlos para darse cuenta, tienen la palabra terror en la frente como la marca de Caín, Tota. Observe y verá.
Es que en cada elección cada uno busca su propio paraíso, de modo que si no le salen bien las cosas, le espera un regio infierno, por lo menos por dos años si se pretende ser edil y cuatro si se busca la Intendencia.
Es cuestión de observación, nada más.
¿Y AHORA?
Todos los bunkers ya han sido preparados con su propio centro de cómputos para enterarse enseguida de cuál fue la suerte del candidato. Le explicamos la mecánica: todos mandaron a sus fiscales (algunos no tienen tantos entonces mandan solo uno por escuela, pero los grupos grandes cubren todas las mesas). Estos colaboradores vuelven con las planillas al local y un grupo las va cargando en las computadoras donde tienen un programa para sacar porcentuales en forma automática. ¿Se imagina lo que sería esperar el escrutinio oficial si no se hiciera este trabajito? ¡Una tortura doña!
Si la cosa está peleada todos se quedan hasta cualquier hora, festejan si les fue bien y se van.
Pero si el asunto viene mal y se está muy lejos de la meta propuesta, a las 20:00 aproximadamente todos se van yendo en puntas de pie y el último que cierre la puerta.
Es que cuando llega cierto número de mesas, no hace falta que estén todas, el panorama empieza a clarificarse y ahí se preparan para los festejos o para el velorio.
Y como siempre le decimos doña: el triunfo tiene más padres que la guía telefónica y la derrota, en cambio, es huérfana.
Suerte a todos los precandidatos, porque después de tantos años somos como amigos de la vida, Tota, que logren cumplir sus expectativas y como decía el gran Tato Bores, Vermouth con papas fritas y ¡good show!