martes 12 de mayo de 2026

Intensa muestra de fe: numerosos fieles renovaron su amor por San Cayetano

8 de agosto de 2015 - 00:00

Como cada 7 de agosto, la feligresía se acercó al templo de calle Falucho para bendecir, agradecer y hacer sus peticiones al santo más popular de nuestro país. Las buenas condiciones climáticas permitieron que la procesión recorriera las calles del barrio 12 de Octubre. Luego el padre Carlos Biagioli celebró la misa en el Salón de Usos Múltiples del Jardín de Infantes.

DE LA REDACCION. Numerosos feligreses veneraron ayer a San Cayetano, “el patrono del trabajo”. 

San Cayetano es considerado un santo popular ya que moviliza un considerable número de fieles. En nuestro país, la imagen del Santo comenzó a difundirse, junto con la espiga, símbolo del pan y el trabajo. Desde ese momento ha quedado establecida la festividad de San Cayetano, en la que miles de personas en todas partes del mundo se acercan a su santuario para pedirle “pan y trabajo”, pero San Cayetano está dispuesto a escucharnos todo el año.

La comunidad religiosa dispuso para la fecha del santo la celebración de cinco misas, la primera a las 7:00 y la última a las 19:00. 

La ceremonia oficial se llevó a cabo a partir de las 15:30 y la cálida y soleada jornada posibilitó el desarrollo de la procesión por las calles del barrio 12 de Octubre. Más tarde se ofició la misa central, presidida por el párroco Carlos Biagioli, en el Salón de Usos Múltiples del Jardín de Infantes.

Minutos antes de las 16:00, un grupo de colaboradores de la Iglesia de Falucho al 800, trasladó la imagen de San Cayetano desde la parroquia al exterior, mientras que alumnos del Jardín de Infantes hicieron lo mismo con una pequeña imagen.

Al son del cántico “San Cayetano va pasando por aquí”, y con aplausos y alabanzas, los fieles veneraron al patrono del trabajo en su día, portando estampitas, panes y espigas de trigo en las manos, que luego serían bendecidas por el sacerdote.

Durante la celebración de la Eucaristía, los fieles agradecieron al “santo popular” y pidieron paz, pan y trabajo. Antes de finalizar la misa fueron bendecidos los panes. Por último compartieron tortas fritas y mate cocido, elaborados por los colaboradores del barrio.

 

Homilía

En la ceremonia de la Eucaristía, y luego de la lectura del Evangelio, el padre Carlos Biagioli, se dirigió a los presentes durante la homilía. Al inicio de su alocución, fue crítico de una situación que se vive a diario, y con un lenguaje sencillo manifestó: “No vale la pena venir a rezar a San Cayetano, dar glorias a Dios y participar de la misa si luego como paganos. Si seguimos a Dios y cultivamos las pequeñas y simples cosas de la vida, si evocamos a San Cayetano y no comprendemos lo esencial de su misterio, mejor entonces quedémonos en casa tomando mates con tortas fritas”.

 

Mensaje divino

Prosiguiendo con su homilía, Biagioli fue contundente al decir que las alabanzas a Dios valen la pena cuando en realidad se logra comprender y atesorar en el corazón ese mensaje divino que “nos llena de consuelo, que nos renueva, que da sentido a nuestra vida”.

La Palabra de Dios de ayer proclamaba que Dios es bueno y es fuerte, y en este sentido, el sacerdote refirió que “Dios tiene las condiciones necesarias para que nosotros confiemos en él. A Dios nada se le escapa de las manos porque es poderoso, es bueno, quiere el bien de sus hijos, necesita que sus fieles estén bien. Dios lamenta profundamente cada vez que nosotros damos un ‘paso en falso’, cada vez que me equivoco. Dios tiene una bondad infinita y quiere que sus hijos confiemos en él para vivir con paz y alegría”.

 

Presencia de Dios

El Salmo que fue leído en la misa celebrada en honor a San Cayetano expresaba: “Felices los que temen al Señor”. El temor de Dios en el Evangelio no se refiere al miedo sino que significa: sensación de presencia de Dios al alma que se abre a su gracia. Y en este marco, Biagioli, destacó que “debemos sentir la presencia de Dios en cualquier situación, ante los problemas y les aseguro que los conflictos pasan, que la alegría reina en el corazón. Cuando reconozco a Dios en mi corazón la capacidad de servicio que tengo no advierte cansancio”.

Haciendo valer con un ejemplo lo expuesto, el sacerdote contó su experiencia de diálogo con una adolescente del barrio: “Días pasados una joven del barrio me preguntaba para qué servía la comunión y yo le contesté que la Eucaristía hace que cuando estemos tristes experimentemos la alegría, nos sintamos más alegres. Veía que mientras le hablaba la niña se sorprendía y pensé que estaba comprendiendo, pero después me di cuenta de que estas mismas sensaciones las produce la marihuana, lo que conocemos como porro. Lo importante es que aprendamos a reconocer a Dios en nuestra vida para que las experiencias más placenteras puedan devenir de su presencia en nuestro corazón”.

 

Confianza en Dios

San Cayetano tuvo un corazón “traspasado por la gracia, un corazón que vive el fruto maduro de la fe que es la confianza”, y por ello, Biagioli instó a vivir esta alegría que proviene de Dios. “No podemos vivir agarrándonos los bolsillos, pensando en qué nos conviene si comprar dólares o poner el dinero en un plazo fijo”, reclamó y al mismo tiempo afirmó que cuando esto sucede es porque “existe una paganización del hombre” y ante ello pidió un “poquito de confianza en Dios” para que las cosas cambien.

“El fruto de la confianza radica en sentirnos hermanos por eso debemos aprender a comunicarnos, tendríamos que salir al encuentro de los pobres con toda confianza, como dice el Papa Francisco, ‘sin tenerle miedo ni asco’. Cuando somos hermanos, cuando existe el vínculo, los bienes materiales fluyen, todos viven seguros”, agregó el sacerdote.

 

Dios asegura

Por último, en el contexto electoral, indicó: “Dejen que los políticos prometan, pero siempre sepan que Dios no promete sino que asegura. En Dios podemos confiar totalmente. Dejemos para la fe lo que solo la fe puede hacer. Creamos en Dios, en este padre inconmensurable que está dispuesto a darnos todo. Estamos en las vísperas del año de la misericordia y Dios es misericordioso, El genera en el alma de sus hijos sentimientos distintos a los mundanos, al egoísmo y a la desconfianza. Por eso pidamos la gracia a Dios de poder recibir este mensaje en nuestro corazón, que podamos hacer viva esta fe que motivó a San Cayetano a convertirse al amor del Padre”.

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