Después del tiempo de preparación, los fieles de esta advocación mariana, participarán hoy de la procesión que se realizará a partir de las 16:00. Luego, el padre Juan Cabrera celebrará misa en la Capilla del Hospital San José. Se pedirá, especialmente, por los enfermos.
DE LA REDACCION. Hoy, como cada 27 de junio, es la fiesta de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Esta advocación de la Santísima Virgen María está relacionada con un antiguo icono oriental, del Siglo XIII o XIV, de autor desconocido y que, se estima, reproduce la pintura de Nuestra Señora hecha por San Lucas, el Evangelista, hace casi dos mil años.
En nuestra ciudad, la capilla que lleva el nombre de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro se encuentra en el predio del Hospital San José. Allí durante muchos años se desempeñó el padre Gastón Romanello, por ello sus restos descansan en una tumba construida en el templo. Actualmente, las actividades que se desarrollan son coordinadas por el padre Juan Juanito Cabrera.
Con motivo de celebrarse las fiestas patronales en honor a dicha advocación mariana, y luego de llevarse adelante el tiempo de preparación, hoy se realizará la celebración central. A partir de las 16:00, será le procesión mientras que luego se oficiará misa en la que se pedirá por los enfermos. Para culminar con la festividad los asistentes compartirán una merienda a la canasta.
Imagen
La historia de esta advocación mariana se remite a un cuadro en el que se muestra a la Virgen con el Niño Jesús.
Durante siglos, la imagen original se veneró en Constantinopla (hoy Estambul, Turquía) como reliquia milagrosa, hasta que fue destruida por los musulmanes en 1453, cuando los turcos conquistaron la ciudad. Tiempo después, durante ese Siglo XV, la bella copia de la pintura perdida de Nuestra Señora se encontraba en manos de un comerciante, cristiano piadoso y devoto de la Virgen María que para salvaguardar la imagen se escapó con ella rumbo a Roma.
Pasado un tiempo, el mercader se enfermó de gravedad y al sentir cercana la muerte, desde su lecho llamó a su amigo de más confianza y le rogó que le prometiera que se encargaría de colocar la pintura de la Virgen en una iglesia ilustre.
Un día, después de la muerte del esposo, la hijita de la familia, de seis años, vino hacia su madre apresurada con la noticia de que una hermosa y resplandeciente Señora se le había aparecido mientras estaba mirando la pintura. La Señora le había dicho que les dijera a su madre y a su abuelo que Nuestra Señora del Perpetuo Socorro deseaba ser puesta en una iglesia.
Con la intención de cumplir con el mandato de Nuestra Señora, la viuda ubicó la imagen en la iglesia de San Mateo Apóstol.