Javier Martínez sobre el Microestadio: "No cualquier ciudad puede hacer una obra así con recursos propios"
En una recorrida por el polideportivo de Pergamino, ya en su etapa final, el intendente Javier Martínez defendió el modelo de gestión basado en la austeridad
22 de marzo de 2026 - 07:00
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Javier Martínez remarcó que el Gimnasio está pensado para el deporte, pero también para grandes eventos culturales.
LA OPINION
En el corazón de una obra que ya muestra su dimensión real, con las tribunas definidas y el volumen del edificio imponiéndose en el paisaje urbano, el intendente Javier Martínez recorrió el nuevo gimnasio polideportivo municipal y dejó definiciones que exceden lo técnico. En diálogo mano a mano, el jefe comunal habló de gestión, de prioridades, de inversión y de una idea de ciudad que busca consolidarse más allá de los tiempos políticos.
“Estamos definiendo los últimos puntos. Es un gran trabajo de nuestra Secretaría de Desarrollo Urbano y un gran aporte de los pergaminenses para tener algo que es único. Yo, que recorro mucho el interior, no en cualquier ciudad de la Argentina se encuentra un estadio de estas características. Es un orgullo para nosotros”, afirmó.
–Esta es una obra que durante años estuvo en el imaginario de la ciudad. ¿Cómo fue el proceso que llevó a concretarla?
–Fue un proceso. Nosotros, cuando asumimos, teníamos claro que primero había que terminar lo que estaba pendiente. Recuerdo que una de las primeras recorridas fue en la Biblioteca Menéndez, en avenida Colón y Mitre, que estaba en una situación muy precaria, con estructuras de hormigón sin terminar. Ese era el primer compromiso con los pergaminenses: concluir lo que ya estaba en marcha. Después fuimos avanzando en función de las necesidades, tomando decisiones en equipo sobre qué requería la ciudad.
En ese camino se dio el desarrollo de Bellas Artes, en ese espacio del ferrocarril abandonado que hoy forma parte del Parque España, y también el avance del Teatro San Martín, que está a punto de inaugurarse. Y en un momento aparece esto: la necesidad de un estadio, de un espacio que nos permita dar un salto de calidad, levantar la vara de la ciudad y pensar en otro nivel de competencia.
Porque quienes venimos del deporte sabemos que cuando hay competencia de elite se genera un círculo virtuoso. No solo en la industria deportiva, sino también en la motivación de los chicos. El chico quiere ser ese deportista que ve competir en ese lugar. Y eso hace que se acerque al deporte, que se involucre. La idea de este estadio es también esa: ser un reflejo para la ciudad.
–Sin embargo, no es una obra pensada exclusivamente para el deporte…
–Exactamente. Es un estadio con capacidad para 3.500 personas sentadas, lo cual no es menor. Eso permite que espectáculos de nivel internacional, que necesitan determinada cantidad de butacas para ser viables, puedan llegar a Pergamino. Y eso cambia el esquema.
Está pensado para el deporte, sí, pero también para grandes eventos culturales. Y ahí aparece otro impacto: gastronomía, hotelería, transporte, servicios. Todo eso se mueve cuando hay eventos de esta escala. Entonces no es solo una obra deportiva, es una herramienta de desarrollo para la ciudad.
–¿Y en lo cotidiano, para el deporte local?
–También es clave. Pergamino viene creciendo mucho en disciplinas como básquet o vóley, con finales, torneos, eventos regionales. Este es el lugar donde tenemos que concentrar todo eso. Donde la gente pueda venir, sentarse en una grada como esta y disfrutar de un espectáculo deportivo de calidad. Eso también construye identidad.
–Una obra de esta magnitud inevitablemente abre el debate sobre los recursos. ¿Cómo se financió?
–Tiene que ver con una forma de administrar. Desde que asumimos, Pergamino tuvo un crecimiento sostenido en obra pública: más asfalto, más cordón, más luminaria, más servicios. Eso no es casual. Es producto de una administración austera de los recursos.
Nosotros planteamos desde el inicio el concepto de “alquiler cero”. El municipio pagaba 30 o 40 alquileres. Eso hoy es un recurso que se vuelca a la inversión. También optimizamos el recurso humano: el municipio tiene casi 400 personas menos que cuando ingresamos, lo que representa unos 10.000 millones de pesos anuales.
Este estadio costó alrededor de 3.000 millones. Es decir, es una parte de ese ahorro. Lo mismo pasó con otras obras: Bellas Artes, la biblioteca, centros de salud. La clave es administrar bien el recurso público.
También hubo decisiones de reaprovechamiento de espacios. Recuperamos galpones, dejamos de alquilar lugares innecesarios, devolvimos edificios que generaban costos altos de mantenimiento, como el del Correo. Son muchas decisiones que, sumadas, te permiten llegar a obras como esta.
–Obras como el Parque Belgrano fueron muy cuestionadas en su momento y hoy son un emblema. ¿Puede pasar lo mismo con el estadio?
–Sí, suele pasar. Hay críticas, muchas veces desde la política, pero también a veces desde la propia comunidad. Y después el tiempo acomoda las cosas. La gente termina apropiándose de estos espacios. Lo vimos con el Parque Belgrano, con el lago, con discusiones que no tenían demasiado sentido. Lo vemos ahora con la Peatonal. Y creo que con esto puede pasar lo mismo. Porque cuando vos traés a alguien de afuera y le mostrás este tipo de infraestructura, el orgullo aparece.
No cualquier ciudad, en el contexto actual, puede hacer una obra así sola. Con recursos propios, con el ahorro de su administración y con la tasa de sus vecinos. Eso también hay que valorarlo.
–¿Qué resta para la finalización total?
–Falta una parte importante que no se ve tanto: vestuarios, palcos de transmisión, cabinas, conectividad, luminaria. Todo eso ya está licitado, el contrato firmado y la empresa tiene un plazo de ejecución de entre 90 y 100 días.
También hay cuestiones vinculadas al funcionamiento, como los sistemas para eventos, pero eso ya está contemplado. Estamos en la etapa final, donde se terminan de integrar todos los componentes.
–¿Cuál es el monto total de la obra?
–La primera etapa fue de aproximadamente 1.500 millones de pesos y la segunda de un monto similar. En total estamos en el orden de los 3.000 millones.
–¿Hay una fecha estimada de inauguración?
–El Teatro San Martín lo vamos a inaugurar a fines de julio. El estadio probablemente en agosto, para no superponer los eventos. La idea es poder hacerlo con el tiempo que merece.
–Más allá de lo edilicio, usted pone mucho énfasis en el rol del deporte…
–Porque es fundamental. Cuando hablamos de problemas como las adicciones, los suicidios, las enfermedades mentales, el deporte aparece como una herramienta clave de prevención.
El deporte genera vínculos, disciplina, pertenencia. Y esos ámbitos, con docentes, con compañeros, con actividad constante, son espacios donde se pueden prevenir muchas situaciones complejas.
Esto es una inversión para el futuro. Para que nuestros nietos tengan un lugar donde hacer deporte, donde crecer, donde desarrollarse.
16-17-2 Javier
–Con el estadio y el teatro, ¿se cierra una etapa de grandes obras?
–En términos de espacios para espectáculos, sí. Pero siempre hay proyectos. Yo hasta el último día voy a seguir pensando en lo que la ciudad necesita.
Hoy estamos mirando obras de infraestructura vial. Un nuevo ingreso por la Ruta 188, en la zona del Club Viajantes, algo similar al acceso Pellegrini. Y también el Camino de la Cruz, que es una deuda pendiente para sacar el tránsito pesado de la ciudad y generar una protección ante crecidas.
Son obras más complejas, que quizás requieren financiamiento mixto, incluso algún empréstito. Pero son parte de lo que viene.
El pergaminismo como forma de gestión”
En el tramo final de la charla, Martínez sintetizó su mirada en un concepto que ya aparece como marca propia de su gestión.
–Usted habla del “pergaminismo”. ¿Qué significa?
–Es una forma de administrar. El “pergaminismo” tiene que ver con el pergaminense, con proteger lo propio, con querer que la ciudad sea pujante. Y también con sostener ese desarrollo más allá de los gobiernos, independientemente del color político.
No cualquier equipo, ni cualquier grupo, está preparado para continuar con una ciudad que tiene este nivel de desarrollo y de cuidado. El desafío es que eso se mantenga en el tiempo.
Un lugar en la historia
En su etapa final, el polideportivo municipal empieza a dejar de ser una obra para convertirse en un símbolo. No solo por su escala o por su impacto, sino por lo que representa en términos de modelo: una ciudad que invierte con recursos propios, que apuesta al deporte como herramienta social y que busca consolidar una identidad propia.
Ahora, como ocurrió con otras obras, será el uso cotidiano, la apropiación de los vecinos y el paso del tiempo los que terminen de definir su verdadero lugar en la historia de Pergamino.