viernes 27 de febrero de 2026
Cultura y espectáculos

Falleció Jorge Sharry, el hombre que hizo del teatro una forma de abrazar la vida

Actor, director, docente, periodista y poeta, Jorge Sharry dedicó 58 años a las tablas y dejó una huella profunda en la cultura de Pergamino. Más que un artista notable, fue un ser humano de sensibilidad exquisita y lealtad entrañable.

27 de febrero de 2026 - 10:46

Jorge Sharry, reconocido actor y director de teatro, docente, periodista y poeta pergaminense, falleció este viernes a los 72 años, dejando tras de sí una trayectoria artística inmensa y, sobre todo, el recuerdo imborrable de su calidez humana.

Con 58 años de labor ininterrumpida en el teatro y más de 70 obras en su haber, Sharry fue uno de los pilares de la escena cultural de Pergamino. Su vocación no se limitó al escenario: formó generaciones desde la docencia, impulsó proyectos colectivos y sostuvo, a lo largo de décadas, un compromiso genuino con el teatro independiente.

Pero si algo lo distinguió fue su bonhomía. Dueño de una fina sensibilidad, de palabra justa y abrazo sincero, Jorge entendía el arte como un acto de encuentro. Cultivó amistades entrañables, acompañó procesos creativos con generosidad y construyó comunidad desde el respeto y la empatía. Para quienes lo conocieron, fue mucho más que un artista: fue un compañero de ruta.

En 2024 se despidió de las tablas con “Ya soñado”, un espectáculo profundamente íntimo basado en sus memorias, con dramaturgia, puesta en escena y dirección de su hija Majo. La obra no solo recorría pasajes de su vida —su familia, sus amores, sus sueños—, sino que también se entrelazaba con la historia misma del teatro en Pergamino, del que fue protagonista y testigo privilegiado. “Es mi hija, pero fundamentalmente una amiga y compañera de ruta”, expresó en una entrevista con LA OPINIÓN, sintetizando el espíritu con el que vivía el arte y los vínculos.

Ese mismo año recibió una distinción a su trayectoria en el marco de la Fiesta Regional del Teatro Independiente 2024 de la Región 14, realizada en Zárate, un reconocimiento que celebró no solo su talento sino su coherencia y dedicación de toda una vida.

Uno de los homenajes más significativos había tenido lugar en 2018, cuando cumplió 50 años ininterrumpidos con el teatro. La celebración se realizó en la Casa de la Cultura de Pergamino, en una emotiva jornada compartida con Pedro Tejedor, quien festejaba sus Bodas de Oro con la música. Fue una fiesta del arte y de la perseverancia, reflejo de una trayectoria construida con pasión y constancia.

Jorge Sharry se fue físicamente, pero su legado permanece vivo en cada escenario que pisó, en cada alumno que formó y en cada aplauso que aún resuena en la memoria colectiva. Su vida fue, en esencia, una obra abierta al encuentro, sostenida por el amor al teatro y por una humanidad que honró hasta el final.

Su vocación de actor

Su vocación de actor nace desde joven. “Creo que nunca quise ser otra cosa que no fuera actor”, decía. A los 14 años, su madre Susana López Gorrini de Sharry le consiguió la posibilidad de entrar a la Escuela de Teatro donde lo recibió Goly Bernal.

“La Escuela de Teatro, plagada de bohemios y gente que yo miraba desde mi corta edad, me indicó el camino a seguir y me dio el título de maestro de teatro. Mis profesores Rubén Albarracín, Ana D'Anna, el inolvidable Francisco Runco, Martha Esper, 'Pepe' Motta, Chari de Miguel, Marilú Toia, Mónica Elustondo, Ariel Bonomi y tantos otros, fueron ejemplo en la elección de mi manera de ver el arte teatral”, recordaba.

La escuela primaria la hizo en la Nº 2, etapa en la que recordaba a la señorita Ada Apesteguía y la señorita Faluga Gómez, entre otras. Su etapa de secundaria fue en el Colegio Nacional, del que se jubiló como preceptor. “Me recibí en 1970 en una promoción de seres maravillosos con los que todavía nos reunimos todos los meses", refería.

La familia

Jorge contaba que su madre fue una actriz frustrada. “Nunca se animó a estudiar teatro, pero dirigió obras teatrales cuantas veces pudo en el Colegio Nacional y fue estímulo de mi vocación, aunque mi viejo, Jorge Braulio Sharry, decía que genéticamente heredaba su vocación desde que él había hecho un patio criollo en Viña, sin texto y sentado sobre una cabeza de vaca. Viví desde siempre en un hogar complicado, con una madre que entregó su vida a la educación, un padre que intercambiaba vivencias bancarias con su deporte preferido, la pelota a paleta y asados con amigos y una abuela muy fuerte, Ada Gorrini de López Jacob, venida de Italia y con un carácter que siempre me resultó sorprendente. La vida quiso que se fueran demasiado pronto y casi al unísono. Algo que me marcó de por vida, fue la muerte de mi abuelo –Ricardo López Jacob- a quien admiraba y amaba. Durante muchos años mis abuelos juntaron moneda a moneda para viajar a Europa y volver, mi abuela, a su pueblo de la Lombardía. En el viaje de ida, mi abuelo, muy joven -tenía cerca de 54 años- murió y mi abuela nunca pudo volver a su tierra.

Cada vez que recordaba ese hecho, las lágrimas se apoderaban de mí. Lo superé cuando pude ir yo hasta ese pueblo, Rivanazzano, ubicado a pocos kilómetros de Pavía, cerca de Milán; pararme frente a la casa natal de mi abuela y llorar por todo lo que me quedaba de angustia. Fue en el 2003 y ahora abrazo ese recuerdo como un acto de justicia”.

María José

En 1977 Jorge conocíó en Rosario a Claudia Aiello compañera de grandes momentos de trabajo en la cultura pergaminense, tanto en teatro como en literatura.

De ese matrimonio resultó su única hija: María José. Pero 1984 deciden separarse, aunque manteniendo una muy buena relación. María José creció junto a ellos y, como no podía ser de otra manera, se dedica fundamentalmente al teatro.

“Ella es la proyección de mis sueños, porque si bien eligió un lugar muy duro para trabajar en el arte, ha estudiado mucho y desde hace varios años mis personajes pasan por su visión. Es ella la que me da el visto bueno en la generación de mis nuevos trabajos. Es un orgullo para mí que María José sepa mucho más que yo. En mí está la experiencia y el oficio y en ella está todo lo nuevo; es mi hija, pero fundamentalmente una amiga y compañera de ruta", decía.

El teatro

Su pasión por el teatro se remonta a Juventud de Teatro, grupo que fundó en 1970 junto a Hugo Conticello, Neme Carenzo y otros jóvenes del Ateneo La Merced e Interact y con el que permanecieron durante 21 años, siendo uno de los más importantes en lo que respecta a la historia teatral de Pergamino.

"Comenzamos cuando teníamos apenas 16 años y por el grupo pasó la mayoría de los actores que hoy están en actividad”, contaba.

“Atravesamos la dictadura, haciendo exclusivamente teatro nacional en respuesta a las prohibiciones a los autores y conformamos una estructura tan sólida que pudimos ofrecer a los pergaminenses los mejores espectáculos locales, marcando uno de los mejores momentos de la cultura local”.

Fueron muchos los que integraron sus elencos, entre otros Fernando Crespi, Rosana Cura, Marta Lere, Eduardo Cruz, Roberto Iriarte, Susana Pagani, Raúl Notta, Claudia Aiello, Gustavo Castells, Pamela Lombari, Sergio Cordero, Marita Fekete y muchos más. De todos modos, su debut teatral fue en el Festival del Estudiante de Tea en 1968, bajo la dirección de Carlitos Otegui, actuando y escribiendo sketchs, con Eduardo Gindín, Anahí Fachinat, Mario Salaberry y “Cachi” Gutiérrez, entre otros y después en la ETP “¡Oh, Macbeth!" de D'Anna - Albarracín en la que decía una frase y moría, pero fue la indescriptible alegría de trabajar junto a sus maestros, con apenas 15 años de edad.

El periodismo

Jorge Sharry se destacó como periodista fundamentalmente en su paso por el Diario LA OPINION. Comenzó en la revista Show, en la que tuvo maestros como Raúl Della Valle y “Chichino” Ayestarán. Pasó por diversos medios alternativos tanto en gráfica -Puertas Abiertas, Polémica, Lunes, etcétera, como en radio (la Radio Mas de Pololo Masagué) hasta que llegó a LA OPINION. “Allí trabajé hasta 1999, año en el que Emilia Mazer me llamó para ser uno de los protagonistas de su obra teatral 'Juana', primera experiencia en un teatro de Buenos Aires. Mi tiempo en el Diario fue maravilloso, con compañeros que todavía extraño. Entré cuando estaba Don Julio Venini y me fui ya con la dirección de Hugo Apesteguía que comprendió mi partida y la resumió en una frase que siempre recuerdo: “te entiendo... es como jugar en primera”, en referencia a mi debut teatral en Buenos Aires. Cómo olvidar esas tardes de trabajo con Graciela Venini, Lorenzo Pío Caldentey, Claudia Aiello, ‘Pancho' Bonet, Mario Di Chiara, ‘Manolo’ Núñez, Alvarito Kegay, Néstor Suárez, ‘Toto' Baduy, 'Petaca' Mollo, Haidée Andriolo, José Picone, Ricardo Piraccini, Omar Re, ‘Peluquín' Raimundo, Ricardo Zambuto, José Luis Lanzillotta y tantos otros. Informábamos desde el placer de encontrarnos todos juntos en la redacción”, contaba al tiempo que nombraba a Roberto Veros “quien me dio el ejemplo de cómo hacer periodismo con coherencia y honestidad”.

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