La crisis del sistema de salud pública en Pergamino ya no puede disimularse. Tras el fuerte comunicado de la Sociedad Argentina de Pediatría Filial Pergamino, que expuso la gravedad de la situación en el Servicio de Pediatría del Hospital San José, las voces de quienes trabajan en el día a día terminan de dimensionar un escenario que, según coinciden, “llegó a su límite”.
En una entrevista con LA OPINIÓN, las profesionales Elin Bruno, Débora Mendi, Yanina Baibona y Elena Vicente describieron con crudeza cómo se sostiene —cada vez con mayor dificultad— un sistema que depende casi exclusivamente del compromiso personal de quienes aún permanecen en sus puestos.
Sin conducción y sostenido “a pulmón”
Uno de los datos más contundentes es la ausencia de conducción formal en áreas clave. Pediatría, Neonatología y Terapia Intensiva Pediátrica no cuentan actualmente con jefaturas. “Son tres servicios que no tienen jefe y que se vienen sosteniendo con el esfuerzo de quienes hacemos guardias”, explicaron. Esta situación implica que la organización, la toma de decisiones y la resolución de conflictos recaigan directamente en los propios profesionales, sin una estructura clara de respaldo. “Siempre tratamos de resolver los problemas puertas adentro, pero ya no se puede más. Por eso decidimos hacerlo visible”, afirmaron.
Falta de profesionales: el problema central
El diagnóstico es unánime: la crisis tiene como eje la falta de recurso humano. En Neonatología, por ejemplo, el número es tan concreto como alarmante: “Somos seis profesionales para cubrir siete días de la semana”.
La ecuación no cierra. Licencias, vacaciones o cualquier imprevisto dejan huecos imposibles de cubrir. “Las guardias se arman como se puede”, resumieron.
En Pediatría, la situación se vuelve aún más crítica: “Hay días en los que un solo médico tiene que cubrir la guardia, la internación y responder a toda la demanda”.
Ese escenario se traduce en jornadas de 24 horas con una carga de trabajo extrema: “Es muchísimo. Es una responsabilidad enorme para una sola persona”.
Guardias al descubierto y riesgo en la atención
Las profesionales no dudaron en ejemplificar con situaciones concretas que grafican la gravedad del momento. “Hay días en los que no contamos con médico terapista intensivo pediátrico”, señalaron.
Esto implica que, ante un caso crítico, la única alternativa es la derivación. Pero incluso esa tarea recae en el mismo médico que está atendiendo la guardia general. “Estamos hablando de una sola persona que tiene que hacerse cargo de todo: la urgencia, la demanda externa, la sala de internación y, además, gestionar derivaciones de pacientes críticos”, explicaron.
La imagen que eligieron para describir el funcionamiento actual es contundente: “Es un Tetris. Movés una pieza y se cae otra”.
Más demanda en un contexto cada vez más exigente
El Hospital San José no solo atiende a la población local, sino que es referencia para toda la región. En los últimos años, esa demanda se incrementó.
“Antes recibíamos derivaciones de las localidades que forman parte de la Región Sanitaria IV, ahora también llegan de otros lugares. Eso genera una sobrecarga aún mayor”, indicaron.
A este escenario se suma un factor estacional clave: la llegada del invierno. “Sabemos que la demanda va a aumentar en todos los niveles: guardia, internación, terapia intensiva y neonatología”.
Un sistema que pierde profesionales
El deterioro también se refleja en la pérdida progresiva de recursos humanos. “Cada vez hay menos médicos que eligen la pediatría”, advirtieron.
Pero además, muchos de los que ya están dentro del sistema comienzan a alejarse. “El desgaste es muy grande. Hay profesionales que optan por irse al sector privado o buscar trabajos con menos carga”.
El impacto no es solo laboral, sino también personal. “Esto nos está afectando la salud. Hay un cansancio físico y emocional muy fuerte”.
Del orgullo al deterioro en apenas 15 años
El contraste con el pasado es uno de los aspectos que más duele a quienes forman parte del hospital desde hace años.
“Hace 15 años, este era un servicio modelo. Cuando hacíamos la residencia, la sala estaba llena de médicos. Hoy hay uno o dos residentes”, recordaron.
La caída, según describen, fue progresiva pero constante. “Se fue deteriorando con el tiempo, y ahora estamos viendo las consecuencias”.
“Llegamos a un límite”
El concepto se repite en cada testimonio: el sistema alcanzó un punto de saturación.
“Llegamos al límite del funcionamiento en casi todas las áreas”, afirmaron.
Y agregaron: “Ya no podemos hacernos cargo de todas las problemáticas. Necesitamos que esto se sepa”.
El peor escenario: el cierre del servicio
La advertencia más fuerte llegó al analizar el futuro inmediato. Las profesionales fueron claras y directas: “Si esto continúa así, el final va a ser el cierre del servicio”.
La frase no es una exageración ni una hipótesis lejana. Es, según explicaron, una consecuencia lógica de un sistema que pierde profesionales y no logra reemplazarlos.
“Un servicio sin médicos no se puede sostener”, resumieron.
Un mensaje a la comunidad
En medio de la preocupación, también hubo lugar para dirigirse a la población. Las médicas pidieron comprensión ante las demoras y dificultades en la atención.
“Sabemos que hay esperas, pero pedimos paciencia. No es que no estamos trabajando, hay una problemática mucho mayor detrás”, señalaron.
El objetivo, insistieron, es que la comunidad comprenda el contexto en el que se brinda la atención.
La responsabilidad que debe asumir la conducción
La visibilización de esta crisis no es un hecho aislado. Otros servicios del Hospital San José comenzaron a hacerse eco de la gravedad de la situación, lo que refuerza la idea de que no se trata de un problema sectorial, sino de una crisis estructural.
Mientras tanto, los profesionales continúan sosteniendo el sistema, poniendo todo de sí, muchas veces más allá de sus propios límites. Sin embargo esa etapa ya no alcanza.
Ahora es el turno de quienes tienen responsabilidades de gestión. Las miradas comienzan a dirigirse hacia los niveles de decisión política y administrativa. En ese marco, aparece el nombre de José Agudo, director adjunto de la Región Sanitaria IV, señalado como uno de los responsables con injerencia directa en la organización y funcionamiento de los efectores de salud provinciales. También quedan bajo la órbita de responsabilidad el Gobierno de la provincia de Buenos Aires, encabezado por el gobernador Axel Kicillof, y el ministro de Salud Nicolás Kreplak.
El diagnóstico ya está sobre la mesa. La crisis fue expuesta con datos y testimonios en primera persona. Ahora, advierten quienes sostienen la atención día a día, es momento de que las respuestas lleguen desde la gestión antes de que el sistema termine de colapsar.