Brian Meza pasó por Nota Al Pie, el programa de La Opinión Play, y dejó mucho más que declaraciones futboleras. En una charla distendida, el jugador de Douglas Haig mostró su costado más humano: su historia, sus aprendizajes y el presente que lo encuentra más maduro dentro y fuera de la cancha.
Nacido en Granadero Baigorria y criado en Rosario, Meza dio sus primeros pasos en el fútbol en el club de barrio Santa Teresita, en la zona norte rosarina. “Arranqué atajando porque era el único lugar que había. Pero me aburría el arco, yo quería jugar, gambetear, hacer goles”, recordó entre risas.
Su amor por la pelota empezó desde muy chico: “A los 6 o 7 años jugaba todo el día en la calle, mi mamá me tenía que meter adentro de casa”. Ya en la adolescencia, entre los 12 y 13 años, entendió que quería dedicarse de lleno al fútbol. En ese camino, el apoyo familiar fue clave: “Mi mamá fue la que más me empujó, siempre buscaban la forma de que pudiera ir a entrenar y tener todo lo necesario”.
Entre los recuerdos más fuertes de su carrera, hay uno que lo atraviesa emocionalmente: “Siempre tuve una promesa con uno de mis hermanos que ya no está. Él quería verme llegar a Primera, y haberlo logrado fue muy emocionante”, confesó.
Aprender, crecer y liderar
Fuera de la cancha, Brian se define como una persona tranquila. En su tiempo libre disfruta de jugar a la play, pero también decidió apostar a su formación: actualmente está realizando cursos de director técnico y de videoanalista.
“Fue algo que descubrí más de grande y la verdad que me gusta mucho. De acá a unos años me veo dirigiendo, pero primero hay que dar otros pasos. Quiero prepararme bien, tener herramientas, porque es un lugar al que hay que llegar capacitado”, explicó.
En ese proceso, reconoce la influencia de los entrenadores que tuvo a lo largo de su carrera: “No solo en lo táctico o estratégico, sino también en lo humano, que es fundamental para manejar un grupo”.
Esa evolución también se refleja en su rol dentro del plantel. “Hoy lo llevo con tranquilidad. Antes me enojaba mucho y vivía atado al resultado. Ahora trato de escuchar más, mantener la calma y pensar mejor las cosas. Cuando no salen, hay que trabajar y aportar al grupo”, sostuvo.
El legado que empieza a rodar
Padre de dos hijos, Meza también vive el fútbol desde otro lugar con Agustín, quien está dando sus primeros pasos en este deporte. “Es un gran chico, muy aplicado y obediente, aunque también es emocional y se frustra. Pero no se rinde, siempre le busca la vuelta, y en eso somos parecidos”, contó.
El vínculo entre ambos se sostiene en el diálogo constante: “Charlamos mucho y, si me pide consejos, trato de acompañarlo”. Incluso reveló un dato curioso: “Era anti fútbol y a los 10 u 11 años quiso empezar. Yo no quería que jugara, pero él tiene las cosas claras”.
Hace unos días, ese camino se reafirmó: “Me dijo con seguridad que quiere dedicarse a esto”. Verlo en la cancha, admite, le despierta recuerdos: “Me hace revivir mucho mi infancia”.
Un sentido de pertenencia que creció con el tiempo
A pesar de no ser oriundo de la ciudad, el baigorriense reconoce que su vínculo con Pergamino y Douglas Haig trascendió lo profesional. “Es un lugar donde me encanta estar, donde estoy muy bien. Me gustan las raíces que fui haciendo, el club, la gente… todo lo que me hicieron sentir fue muy bonito”, expresó.
Esa conexión se hizo aún más evidente cuando tuvo que irse en 2024: “Sentí mucho la salida, extrañé mucho. Ahí me di cuenta de que ya no era solo un trabajo, era mi casa”.
Con el corazón puesto en el presente, pero sin ocultar sus deseos, cerró con una definición clara: “Me encantaría que el resto de mi carrera sea acá, en Douglas. No me adelanto a lo que venga, pero es algo que tengo muy claro”.