En una labor mancomunada que combina la salud y la educación, el Hospital San José de Pergamino, a través del Servicio de Área Programática y Redes en Salud (Saps), junto al Centro de Prevención y Tratamiento del Juego Compulsivo, está implementando un proyecto para prevenir los consumos problemáticos, no solo de sustancias psicoactivas, sino también de tecnologías, especialmente el uso problemático de celulares y computadoras. Esta iniciativa, que comenzó con talleres en la Agrotécnica de Pergamino, se está expandiendo y tiene el objetivo de crear un cambio duradero en la comunidad educativa.
Aurelia Colombo, jefa del Saps, se muestra optimista con los avances y el alcance del proyecto. En una entrevista con LA OPINION, explicó los detalles de la iniciativa, que se apoya en el trabajo conjunto con las residencias de Psiquiatría y de Educación del hospital, así como con el Centro de Prevención y Tratamiento del Juego Compulsivo. La intervención en consumos problemáticos comenzó con los equipos de orientación de las escuelas, con el objetivo de que los docentes puedan transmitir herramientas y conocimientos a los estudiantes.
“El año pasado comenzamos con la Agrotécnica, pero la estrategia está diseñada para llegar a muchas más escuelas. El propósito no es solo que esta iniciativa crezca, sino que sea sostenible en el tiempo y tenga un efecto multiplicador. Estamos hablando de educar a docentes, a estudiantes y, lo más importante, involucrar a las familias”, explicó Colombo.
De tecnologías
Una de las grandes preocupaciones del proyecto es el uso problemático de la tecnología, que afecta de manera alarmante a los adolescentes. Como señala Colombo, este fenómeno no es nuevo, pero se ha intensificado con el acceso masivo a dispositivos digitales. La directora sostuvo que el patrón del consumo problemático es el mismo, independientemente de si se trata de sustancias psicoactivas, juego compulsivo o uso excesivo de tecnología. Los jóvenes, que deberían estar jugando o desarrollando su creatividad de manera sana, a menudo se ven atrapados por el juego en plataformas digitales o se sumergen en actividades que ponen en riesgo su bienestar.
“El consumo problemático de tecnología es un tema complejo, que afecta a nuestra vida cotidiana. Hoy en día, los adolescentes pasan mucho tiempo conectados, y en ocasiones eso los lleva a situaciones peligrosas, como jugar en plataformas ilegales o endeudarse a través de apuestas. La tecnología debe ser usada con responsabilidad, y la prevención es clave”, señala Colombo.
Docentes como agentes multiplicadores
El proyecto también reconoce la relevancia del docente como un referente fundamental para la detección temprana de los consumos problemáticos. Según Colombo, muchos docentes, a pesar de estar capacitados en diversas áreas, no tienen la formación específica para abordar temas de consumos problemáticos, por lo que el proyecto busca darles herramientas y materiales adecuados.
“Nosotros sabemos que los docentes no siempre están preparados para abordar estos temas en profundidad. Por eso, ofrecemos capacitación y les proporcionamos materiales que pueden utilizar en el aula. Queremos acompañarlos en este proceso y, sobre todo, crear un espacio de confianza donde ellos puedan sentirse respaldados en caso de que surja un caso de consumo problemático entre los estudiantes”, manifestó Colombo.
La escucha atenta
Además, el proyecto pone un énfasis particular en la importancia de escuchar y acompañar a los estudiantes en lugar de sancionarlos. Según la jefa del Saps, uno de los principales desafíos es evitar que los adultos, en especial los docentes, caigan en el error de sancionar o juzgar a los jóvenes cuando detectan un problema. En cambio, el enfoque debe ser de escucha activa, preguntando por el contexto y buscando una solución colectiva.
“Nosotros trabajamos mucho con los docentes para que aprendan a identificar signos de consumo problemático, pero también a manejar los casos con sensibilidad. El primer paso es escuchar sin juzgar, entender por qué el joven está atravesando esa situación y luego buscar la forma adecuada de canalizarlo. Las escuelas deben tener circuitos claros de comunicación con los equipos de orientación, los directivos y, en caso necesario, con nosotros en el hospital”, señaló Colombo.
El rol de la familia en la prevención
Otro de los aspectos que destacó la entrevistada es el rol fundamental que tiene la familia en el proceso de prevención. Sin embargo, el acompañamiento familiar suele ser un desafío. A menudo, cuando un estudiante enfrenta problemas de consumo, la respuesta de la familia es nula o tardía. Según Colombo, uno de los mayores obstáculos es la falta de convocatoria de los padres, quienes, en muchos casos, no asisten a las reuniones convocadas por las escuelas para abordar estos problemas.
Prevención y concientización, claves del éxito
Uno de los pilares fundamentales del proyecto es la prevención, que, según Aurelia Colombo, se basa en la información, la concientización y la detección temprana. La intervención en etapas tempranas es crucial para evitar que los jóvenes lleguen a situaciones más extremas de adicción.
“Lo que estamos tratando de hacer es que los docentes y los referentes educativos puedan detectar a tiempo posibles casos de consumo problemático. Los cambios en el comportamiento, el rendimiento escolar o las relaciones sociales pueden ser indicios de que algo no está bien. Es fundamental que los docentes estén atentos a estas señales y sepan cómo reaccionar”, sostuvo la consultada.
Además, el proyecto busca garantizar que las estrategias implementadas sean sostenibles a largo plazo. “Queremos que este trabajo continúe y se pueda sistematizar para el próximo año y más allá. Cada vez que descentralizamos estos procesos, aprendemos más y mejoramos la forma de intervenir”, concluyó.
Quienes deseen obtener más información o ser parte de esta propuesta, deben contactarse con el Saps al 2477-531348 o bien enviando un mail a: [email protected].
Taller de consumo problemático.jpg