Los Veleros Producciones reestrena este sábado a las 20:30 en Espacio GAE (Guido 722) la obra La omisión de la familia Coleman, una potente pieza dramática escrita por Claudio Tolcachir y dirigida por Facundo Cruz, que vuelve a escena con una propuesta renovada y un destacado elenco.
Tras una primera etapa con gran recepción, la segunda temporada continuará los sábados 18 y 25 de abril, y 2, 9, 23 y 30 de mayo, siempre en el mismo horario. La obra apuesta a consolidarse como una de las propuestas teatrales más atractivas de la cartelera local.
El elenco, integrado por Pablo Mansilla, Pamela Lombari, Matías Lanzillotta, Marta Lere, Lucía Tiseyra, Meme Santoro, Fernando Songini y Luis Furlano, aporta solidez interpretativa y profundidad a una historia cargada de matices emocionales. Cada uno de los actores construye personajes complejos que transitan entre lo trágico y lo cotidiano con notable naturalidad.
Uno de los pilares de esta producción es su cuidada estética escénica, donde confluyen diversas disciplinas artísticas. La música original, interpretada en vivo por Lucho Carrasco, suma una capa sensorial que intensifica la experiencia. A esto se suma el trabajo técnico de Enzo Duarte en iluminación y sonido, con diseño lumínico del propio Facundo Cruz y escenografía de Raúl Samarone, que contribuyen a crear un clima envolvente y opresivo.
El apartado visual también tiene un rol fundamental: la fotografía y comunicación están a cargo de Natalia Tealdi, mientras que el diseño gráfico y la gestión de redes sociales corresponden a Carla Testatonda. El contenido audiovisual fue realizado por Daniel Fernández, completando una propuesta integral que trasciende el escenario.
Con una duración de 90 minutos y recomendada para mayores de 13 años, la obra invita a sumergirse en una historia tan incómoda como reconocible. Las reservas de entradas pueden realizarse a través del teléfono 2477 508104.
De qué trata La omisión de la familia Coleman
La obra explora el universo íntimo de una familia atravesada por el silencio, los conflictos no resueltos y una violencia que se vuelve parte de la rutina. En ese entramado de vínculos frágiles, los personajes revelan sus contradicciones y miserias, construyendo un retrato tan crudo como humano.
A través de una combinación de drama, humor y absurdo, la historia propone una mirada inquietante sobre la convivencia y los lazos familiares. En un espacio donde el encierro es tanto físico como emocional, la familia Coleman parece avanzar hacia su propia disolución, mientras naturaliza lo patético y evita enfrentar aquello que la desmorona.
La obra interpela al espectador desde lo cotidiano, mostrando cómo los conflictos más profundos pueden permanecer ocultos, volviéndose invisibles, pero no por ello menos devastadores.