Un productor frutícola de la zona de San Pedro denunció un violento ataque en su campo durante la noche del miércoles, cuando desconocidos ingresaron al predio y destruyeron alrededor de 50 plantas de durazno. El hecho reavivó el malestar de los vecinos por la reiteración de hechos similares y la falta de respuestas efectivas.
Daños intencionales a metros del Destacamento Policial
Según relató el productor, identificado como Gabriel, los agresores utilizaron “machetes o hachas” para arrasar el monte frutal, pese a que el establecimiento rural se encuentra a solo 50 metros del Destacamento Policial del barrio. La proximidad con la dependencia policial generó aún más indignación entre los habitantes de la zona, que aseguran que este tipo de ataques se repite con frecuencia.
Gabriel afirmó que mantiene un campo en un sector cercano a Papel Prensa y que los hechos vandálicos se han vuelto un problema constante en los últimos años. “Ya estamos cansados de que nos larguen los animales y nos destrocen las cosechas, y nadie hace nada”, expresó en diálogo con La Opinión.
Embed - La Tosquera: un productor denunció la destrucción de 50 plantas de durazno
Animales sueltos y pérdidas económicas que se acumulan
El productor sostuvo que no se trata de un hecho aislado sino de una práctica que se ha naturalizado en la zona. Según explicó, es habitual que suelten animales dentro de los lotes, lo que provoca la destrucción de plantaciones y genera importantes pérdidas económicas para quienes trabajan en el sector rural.
Uno de los recuerdos más duros que mencionó fue el ataque sufrido el año pasado, cuando cerca de 20 hectáreas de soja fueron arrasadas. “En distintos lotes pasó lo mismo. Ya nadie siembra cereales en esta zona”, lamentó, describiendo un panorama que desalienta la producción y desmotiva a quienes intentan sostener economías regionales de pequeña escala.
Temor a denunciar y un reclamo que crece entre los productores
Pese al grave impacto de estos hechos, muchos productores prefieren no denunciar por miedo a represalias. Gabriel destacó el trabajo del jefe del Destacamento, Marcos Lezcano, y del personal policial local, aunque aclaró que la problemática excede la actuación de los agentes y requiere medidas más profundas y articuladas.
“El problema es que nadie dice nada. Las cosas pasan y todos nos quedamos callados”, sostuvo, subrayando que el silencio termina perpetuando prácticas que dañan la producción y ponen en riesgo la seguridad rural.
En la zona, la preocupación es creciente y los vecinos esperan que este nuevo episodio sirva para acelerar respuestas concretas y reforzar los controles en un territorio que combina actividad productiva, viviendas y tránsito constante.