miércoles 13 de mayo de 2026

La Iglesia celebra hoy la Transfiguración del Señor

1 de marzo de 2015 - 00:00

Recuerda cuando Jesús se aparece vestido de gloria a los apóstoles Pedro, Juan y Santiago, a quienes exhortó a que lo siguieran por el camino de la cruz y del sacrificio. Los discípulos habían quedado desconcertados al presenciar los hechos de la Pasión.

DE LA REDACCION. La fiesta de la Transfiguración del Señor recuerda la escena en que Jesús, en la cima del monte Tabor, se apareció vestido de gloria, hablando con Moisés y Elías ante sus tres discípulos preferidos, Pedro, Juan y Santiago. Este acontecimiento se celebra desde muy antiguo en las Iglesias de Oriente y Occidente, pero el Papa Calixto III, en 1457, la extendió a toda la cristiandad para conmemorar la victoria que los cristianos obtuvieron en Belgrado, sobre Mahomet II, orgulloso conquistador de Constantinopla y enemigo del cristianismo, y cuya noticia llegó a Roma el 6 de agosto.

 

Para mostrarles el futuro

Jesús había anunciado a los suyos la inminencia de su Pasión y los sufrimientos que habría de padecer a manos de los judíos y de los gentiles. Y los exhortó a que le siguieran por el camino de la cruz y del sacrificio. Pocos días después de estos sucesos, que habían tenido lugar en la región de Cesarea de Filipo, quiso confortar su fe, pues -como enseña Santo Tomás- para que una persona ande rectamente por un camino es preciso que conozca antes, de algún modo, el fin al que se dirige: “Como el arquero no lanza con acierto la saeta si no mira primero al blanco al que la envía. Y esto es necesario sobre todo cuando la vía es áspera y difícil y el camino laborioso... Y por esto fue conveniente que manifestase a sus discípulos la gloria de su claridad, que es los mismo que transfigurarse, pues en esta claridad transfigurará a los suyos” (Santo Tomás).

Los discípulos quedarían profundamente desconcertados al presenciar los hechos de la Pasión. Por eso, el Señor condujo a tres de ellos, precisamente a los que debían acompañarlo en su agonía de Getsemaní, a la cima del monte Tabor para que contemplaran su gloria. 

 

Camino al cielo

La vida de los fieles es un camino hacia el Cielo. Pero es una vía que pasa a través de la cruz y del sacrificio. Hasta el último momento se habrá de luchar contra corriente, y es posible que también llegue la tentación de querer hacer compatible la entrega que pide el Señor con una vida fácil, como la de tantos que viven con el pensamiento puesto exclusivamente en las cosas materiales. “¡Pero no es así! El cristianismo no puede dispensarse de la cruz: la vida cristiana no es posible sin el peso fuerte y grande del deber; si tratásemos de quitarle esto a nuestra vida, nos crearíamos ilusiones y debilitaríamos el cristianismo; lo habríamos transformado en una interpretación muelle y cómoda de la vida” (Pablo VI, alocución del 8 de abril de1966).

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