Usted sabe doña que durante la marcha en homenaje al fiscal Alberto Nisman en Buenos Aires llovía a baldazos. Pero la gente igual se volcó a las calles, con paraguas, para marchar en su recuerdo. Los políticos que acompañaron no tenían lugares de privilegio, debían mezclarse con la gente, porque así lo decidió la familia del fiscal de la causa Amia y los organizadores del Poder Judicial. Y aquí está, solito entre la gente ¿quién? El mismísimo Cachirulo, que no se pierde una doña. Salió paraguas en mano y marchó a la Plaza de Mayo. Uno dice paraguas por decir, porque lo que lleva es un paragüitas de ocasión. ¿Lo habrá comprado en la calle a los vendedores ambulantes que apenas caen tres gotas salen a hacer negocio?
No sabemos, pero un dirigente tan viajado como el Cachirulo no puede tener un paragüitas tan penoso, tan chiquito que hasta creemos que se le mojaron los mocasines, porque no alcanzaba a taparlo. Mire que el Cachirulo es finito, pero con eso, no atajaba ni un pomo de agua de carnaval, doña. Pero bueno, lo importante es que cumplió con su cometido de ir al homenaje. Pero el paragüitas queda para la anécdota
para la historia mejor dicho.
Le vamos a contar una anécdota que le va a gustar, doña. Resulta que un dirigente peronista de barrio Centenario, Angel Farías, que fue funcionario y concejal en su momento, iba a todos los actos con su hijito Matías. Era como la mascota de los encuentros, el más pequeño entre la muchedumbre de pejotas adultos. Cuán no fue la sorpresa cuando lo vimos, ya hecho un hombre y militante de la agrupación Kolina de Lisandro Bormioli, trabajando a full de cara a las elecciones, recorriendo los barrios, gestionando, haciendo reuniones, colaborando con algunas instituciones.
El nenito que aprendió a cantar la Marcha Peronista sobre las espaldas del papá, ahora es un activo militante. No se puede creer cómo pasan los años para todos. Usted Tota no se haga la que no se acuerda, porque no se cuece en el primer hervor, ¡haga el favor!
La cuestión es que Matías Farías ya está siguiendo los pasos del padre. En fin, los años pasan para todos.
LIOS Y MAS LIOS
Los recurrentes líos en la Municipalidad por cuestiones del personal se están acomodando porque puso mano Omarcito Pacini directamente y parece que con quien fuera su mano derecha, Juanjo Marconato, están surgiendo desavenencias casi irreconciliables. No concuerdan con los estilos doña, parece que ese es el asunto. Además no es un secreto que Marconato y Cachirulo no se pueden ver ni en foto y este asunto se ha terminado por transformar en todo un tema para la unidad definitiva entre Pacini y Cachirulo.
Todo parece indicar que si se liman estas asperezas, Cachirulo apoyaría a Pacini para su reelección como intendente y reinaría la paz, de lo contrario, vaya uno a saber en qué conflicto se mete Unen con una Paso furibunda entre ambos sectores, cachirulos y pacinistas.
De todas maneras Marconato tiene armado un partido vecinalista para enfrentar, en todo caso, las elecciones si la situación sigue profundizándose y deviene en su desplazamiento. Mire doña, el enjambre es complicado, pero Omarcito va a tratar de llevar la paz al reino. Veremos cómo lo consigue, porque a un año de roces entre cachirulos y pacinistas, no será fácil que todos canten el feliz cumpleaños juntos.
LOS PRO DE FIESTA
Los que no paran de festejar son los macristas de Pergamino, desde el grupo de Chelo Pacífico hasta el sector de Lucio Tezón. La razón es válida: en Santa Fe donde esperan que gane la fórmula de Miguel del Sel a la gobernación, se ha sumado como candidato a senador Carlos Reutemann. Ellos piensan que es un refuerzo importante para las elecciones generales, aparte de las santafesinas que se realizarán dentro de muy poco tiempo.
Al fin Reutemann tomó una decisión porque también coqueteó con Sergio Massa y no terminaba de dar el sí. Tiempista como siempre, tenía a ambos opositores en vilo. Al final se decidió por Macri.
En contraposición, los que están preocupados son los massistas, que no están en su mejor momento y encima se le fugan nombres interesantes hacia sus opositores.
Macri dijo que estaba feliz porque el Lole era el ídolo deportivo de su infancia (ya empezó llamándolo vejete) y Massa no dijo ni pío.
Los kirchneristas tampoco, porque sabían que el Lole iba a ir a cualquier lado menos al oficialismo.