Para cualquier amante del automovilismo, el Gran Premio de Mónaco representa mucho más que una carrera. Se trata de una de las pruebas más emblemáticas y prestigiosas de la historia de la Fórmula 1, disputada en el icónico circuito callejero que serpentea entre las calles de Montecarlo y La Condamine, en el Principado de Mónaco. Glamour, lujo, tradición y velocidad se combinan en un escenario único que cada año concentra la atención del mundo motor.
El pasado fin de semana, el pergaminense Hernán Capdevila tuvo el privilegio de vivir esa experiencia en vivo y en directo. A sus 53 años, concretó un sueño que lo acompañaba desde la infancia y que quedó grabado para siempre en su memoria.
LA ENTREVISTA COMPLETA A HERNAN CAPDEVILA
Un sueño hecho realidad
“Había algo que quería hacer desde muy chico y finalmente lo pude cumplir”, confesó Capdevila -aún en territorio europeo- durante una entrevista en el programa Fuera de Página de LA OPINION Play y FM 105.1. Quien pasó por el karting, el automovilismo y el rally reconoció que estar presente en el Gran Premio de Mónaco superó ampliamente todas sus expectativas. “La verdad que fue una experiencia increíble. Más allá de que la carrera en Mónaco suele ser bastante lineal, todo lo que la rodea es una cosa de locos”, aseguró.
No es una opinión menor viniendo de alguien que ya había asistido a otros grandes eventos del deporte motor, incluyendo carreras de Fórmula 1 y de NASCAR. Sin embargo, para él, nada se compara con lo vivido en el Principado.
Del circuito abierto al espectáculo mundial
Una de las situaciones que más lo sorprendió fue la velocidad con la que la ciudad se transforma para albergar uno de los eventos más importantes del calendario de la Fórmula 1. Capdevila tuvo la oportunidad de recorrer el circuito apenas unos días antes de la competencia.
“Fui el lunes previo a la carrera y todavía estaban armando los boxes. Había algunos paredones colocados, pero se podía circular normalmente. Cuando volví el fin de semana no lo podía creer. Todo estaba cerrado y convertido en un espectáculo impresionante”, relató.
Esa circunstancia le permitió vivir una experiencia reservada para pocos: manejar por el mismo trazado que días después recorrerían los pilotos de Fórmula 1. “Mientras iba llegando me fui dando cuenta de que estaba dentro del Gran Premio. Empecé a reconocer las curvas, los carteles, lugares que vi miles de veces por televisión. Se te pone la piel de gallina”, recordó.
El túnel que emociona a los fanáticos
Si hay un sector emblemático del circuito de Mónaco, ese es sin dudas el famoso túnel por donde los monoplazas aceleran a máxima velocidad antes de llegar a la chicana del puerto. Capdevila también pasó por allí durante su recorrido previo. “Para el que le gusta el automovilismo, realmente te dan ganas de llorar. Te emocionás muchísimo. La verdad es que me pasó durante todo el fin de semana”, confesó.
La emoción no se limitó al recorrido. También quedó impactado por las características del circuito, considerado uno de los más difíciles y exigentes del mundo. “Cuando lo transitás con un auto común pensás que es imposible que ahí adentro circulen autos a más de 300 kilómetros por hora. Es tan angosto que parece un estacionamiento. Después ves pasar los Fórmula 1 y te das cuenta de que las paredes están realmente muy cerca”, describió.
Glamour, yates y autos de lujo
Más allá de la competencia deportiva, el Gran Premio de Mónaco es reconocido por el entorno exclusivo que lo rodea. “Fue una carrera de yates, autos deportivos, lujo y ostentación”, resumió entre risas.
Las imágenes que habitualmente se observan por televisión se vuelven aún más impactantes en persona. “Hay Ferrari y Lamborghini como si fueran Gol Trend en Argentina. Es literalmente así. Los yates son enormes, de 50 metros para arriba. Es algo difícil de explicar”, contó. Según explicó, el ambiente que se vive durante esos días convierte a toda la ciudad en una gran celebración, donde el espectáculo excede ampliamente a la carrera en sí.
La emoción de ver a Franco Colapinto
La edición de este año tuvo además un atractivo especial para los argentinos: la presencia de Franco Colapinto en la máxima categoría. Capdevila llevó una bandera de Pergamino para acompañar al joven piloto y vivió con intensidad cada una de sus vueltas.
“La primera vez que pasó Franco te empieza a temblar la voz. No lo podés creer. La otra carrera de Fórmula 1 a la que había ido fue cuando todavía no estaba Colapinto. Vivir esto ahora es algo muy especial”, señaló.
Si bien el resultado final no fue el esperado para Colapinto, que terminó 14º tras verse perjudicado por distintas circunstancias de carrera, el pergaminense destacó la importancia de verlo competir en uno de los escenarios más exigentes del campeonato. “Es un circuito muy difícil. Ahí la cabeza juega un papel fundamental. Ver cómo manejan esos autos en un lugar tan angosto es impresionante”, afirmó.
Entre los mejores recuerdos de su vida
Cuando se le preguntó dónde ubica esta experiencia dentro de su historia personal ligada al automovilismo, la respuesta fue inmediata. “Automovilísticamente hablando, sin duda está entre los mejores momentos de mi vida”, aseguró.
Para quien es un apasionado del automovilismo y sigue de cerca las distintas categorías del deporte motor, estar presente en el Gran Premio de Mónaco representó mucho más que asistir a una carrera: fue la concreción de un sueño largamente esperado. Y mientras continúa disfrutando de su viaje por Europa junto a su esposa, Capdevila mantiene intacta otra ilusión: la posibilidad de que la Fórmula 1 vuelva a correr en Argentina. “Creo que se está trabajando más de lo que la gente sabe. Ojalá podamos tener una buena noticia pronto”, expresó. Después de haber vivido la magia de Mónaco en primera persona, nadie mejor que él para entender lo que significaría volver a escuchar el rugido de la Fórmula 1 en suelo argentino.