En Argentina se duplicó en el último año la cantidad de personas que las poseen y muchos pergaminenses las han obtenido para satisfacción personal o con un fin laboral.
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En Argentina se duplicó en el último año la cantidad de personas que las poseen y muchos pergaminenses las han obtenido para satisfacción personal o con un fin laboral.
Las impresoras en tres dimensiones han generando una verdadera revolución áreas como medicina, arquitectura, construcción, industrias (autopartista y agrícola), entre otras.
Estas máquinas de gran precisión son capaces de producir desde tornillos y prótesis, hasta edificios e incluso tejidos corporales.
Lo que ha generado que estas impresoras lleguen a hogares de todas partes del mundo es que cualquier individuo puede confeccionar a muy bajo costo, piezas complejas que ya no se consiguen o que tardan semanas en llegar del exterior.
El dispositivo reproduce objetos tridimensionales a partir de un modelo ya digitalizado y la pieza se obtiene fundiendo un filamento de un material determinado, el cual sale en pequeñas cantidades por un cabezal que recorre la superficie de la base de impresión.
Se puede utilizar plástico, madera, acero y hasta tejido orgánico.
Aunque es difícil cuantificar, ya que hay distintas formas de obtenerlas, se estima que en Argentina en el último año se duplicó la cantidad de personas que ya poseen una y muchos pergaminenses las han obtenido, ya sea como hobby o con un fin comercial.
El caso de Luciano Nardi es uno de ellos. “Siempre me gustó el diseño y los dibujos en 3D y como tenemos una empresa familiar de productos de limpieza plásticos un amigo me sugirió comprar una impresora. Empecé a mirar videos, a informarme, participé de algunos congresos y me largue a dibujar. Cuando vi que tenía los conocimientos básicos compré la impresora en la localidad de Los Molinos, cerca de Rosario a un diseñador industrial en robótica que las fabrica a pedido. La máquina es de industria nacional y está fabricada con muy buenos materiales. Eso es importante para imprimir con mejor calidad”, explicó el joven.
Hobby y utilidad comercial
Con algunos conocimientos sobre el tema, Nardi comenzó a fabricar piezas a modo de hobby y luego lo aplicó en la empresa familiar Italimpia. “Resulta muy útil para diseñar piezas de alguna maquinaria que pueda romperse y no se consiga, o lleve mucho tiempo obtenerla. Con esta máquina ya no recurro más al modelista para realizar una pieza, porque tengo la posibilidad de hacerla yo mismo, rediseñarla en caso de que no se adapte y volver a imprimirla en un plazo corto de tiempo”.
Un ejemplo de ello es una horquilla para una rodamiento que se había roto y que él mismo rediseñó. “También hice otros diseños como un velador, un broche sin resorte, un portalapiceras, un soporte de reloj para la bicicleta”.
Con la máquina en pleno proceso de fabricación de una férula para la mano, el joven explicó el funcionamiento de la impresora. “El trabajo comienza con el diseño en 3D, en papel de la pieza y luego se cargar a la computadora a través de un software sencillo que incluso se pueden obtener gratuitamente en forma online. Una vez que tengamos el diseño en formato STL se pasa a otro programa que genera las coordenadas “Y”, “X”, y “Z” que marcan el alto, el ancho y la profundidad para que la máquina lo imprima. El material para viene en estado sólido, como una tanza, pasa por el engranaje, luego por el extrusor, se funde y sale con un diámetro de 0.4 décimas. Luego se va solidificando de abajo hacia arriba, capa por capa”, explicó.
Por último, Nardi explicó que estas máquinas “comenzaron a utilizarse inicialmente por las industrias o en la confección de modelos, maquetas y prototipos, pero como vieron que era tan amplio se empezó a usar en forma doméstica y se abarataron los costos. Hoy en día hay máquinas desde 12.000 pesos y otras muy caras, dependiendo la calidad y el tamaño. Muchos hobbystas y modelistas las tienen en su casa y creo que esto va a ser un boom y que en un futuro va a haber impresoras 3D en los hogares, como sucedió con las primeras impresoras de papel”.
Fabricación casera
Otro caso llamativo sobre la revolución que han generado estas maquinarias es el de Facundo García, quien fabricó su propia impresora. “Como ingeniero industrial uno utiliza las impresoras 3D para hacer maquetas o prototipos y por eso surgió la idea hacer una impresora con componentes que se imprimen con la misma impresora. Se pueden hacer un montón de cosas y lo que comenzó como un hobby ahora lo estoy utilizando un poco mas comercialmente”, explicó García.
El ingeniero reconoció que “si bien no es mucho el trabajo, surgen pedidos como por ejemplo el de una pieza determinada para un tipo de máquina agrícola que se está desarrollando para tomar la temperatura y humedad. Son por lo general cosas específicas que no se consiguen fácilmente. Hace un tiempo me pidieron un soporte para las cámaras Go Pro para bucear”.
Los aficionados a esta tecnología han conformado comunidades virtuales donde intercambian y comparten proyectos. “Además existen páginas donde se instruye sobre cómo armar una impresora e incluso venden los kits de plásticos, tornillos, rodamiento, lo electrónico y en base a los tutoriales se puede armar. Con esos tutoriales idea es que este tipo de impresoras no comerciales lleguen a todo el mundo y que cualquier persona la pueda armar”.
Facundo García fabricó su propia impresora 3D. (FACUNDO GARCIA)