El Grupo de Teatro La Barraca repone esta noche, a las 21:30, en la sala Leonardo Rodríguez de la Casa de la Cultura, Cuchicheo (versión libre del cuento "El jorobadito" de Roberto Arlt) de Patricia Suárez y María Rosa Pfeiffer con un elenco integrado por Lalo Bonacalza, Aníbal Poracchia, Carmen Rolandelli, Adriana Ninona y Eugenia Rubio, con puesta en escena de Jorge Sharry y la dirección general de Jorge Abal.
Aurelia Alesso, profesora en Lengua y Literatura y licenciada en Educación, escribió el siguiente comentario.
El jorobadito es un cuento de Roberto Arlt que ya desde la segunda oración anticipa un final trágico y a la vez grotesco debido a las circunstancias que rodearon el hecho. El clásico antihéroe arltiano, Ernesto, estrangula a Rigoletto porque ya no soporta su presencia pavorosa y repugnante -por expresarlo en palabras del autor-. Tan cruel que yo me veía obligado a decirle todos los días: - Mirá, Rigoletto, no seas perverso. Prefiero cualquier cosa a verte pegándole con un látigo a una inocente cerda.
La narración en primera persona es la de un hombre que intenta justificar el crimen apelando a un exceso de sensibilidad que le ha provocado ver el mundo (como lo veía Arlt) a través del tamiz de la angustia, el sinsentido, el desprecio por la hipocresía que sustenta a cada una de las instituciones humanas (el matrimonio, por ejemplo)
Lentamente, se agrió mi natural bondad convirtiéndome en un sujeto taciturno e irónico- dice Ernesto.
Aprovechando la impecable versión de Patricia Suárez y María Rosa Pfeiffer, el grupo La Barraca logra crear la atmósfera de la época y le da vida, en una puesta exquisita, a los personajes arltianos sin caer en ningún exceso.
La señora X (Xiomara), artífice del noviazgo, es interpretada por Carmen Rolandelli. Deja muy en claro desde el primer momento quién maneja los hilos en su casa y va envolviendo al protagonista (en el rol de este último, Lalo Bonacalza) para llevarlo directamente al altar junto a su hija Elsa (personaje que anima Adriana Ninona con gracia y simpatía pero sin perder de vista la ambigüedad que Elsa encubre).
A este juego del cortejo se suma la hermanita menor, Lucy, pizpireta y atrevida en la personificación de Eugenia Rubio. Las tres mujeres en torno al galán no imaginan qué artificio terminará fabricando el banquero para librarse de tanta presión. (Recordemos que esto del matrimonio siempre resulta dudoso en Arlt).
En este escenario bien logrado (no podemos soslayar el trabajo de Luisina lo Russo en la realización audiovisual; Fabricio Sceglio en la iluminación; Roberto Picco impecable en la asistencia de escena y el hermoso vestuario a cargo de María Laura Pérez Tejedor) aparece sobresaliente la figura del jorobadito (Aníbal Porachia) quien con sus ácidas ironías (si se permite esta adjetivación) desprende risas y aplausos en la platea. A pesar de su condición, despreciable a los ojos de Ernesto, el actor hace del personaje lo que se debe hacer: un ser lleno de sarcasmo e insensibilidad porque sabe que su defecto físico solo puede sobrellevarse si se anticipa todo el tiempo al rechazo que este genera en los demás.
Completa este equipo de trabajo el director general de la obra: Jorge Abal; Jorge Sharry en la puesta en escena y Laura Fontana en la asistencia de dirección.