miércoles 15 de abril de 2026

Con la Virgen al hombro, se desarrolla la peregrinación a Luján

5 de octubre de 2016 - 00:00

El  domingo pasado, desde la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás partieron los caminantes que tienen como objetivo llegar a la Basílica de Luján. Diariamente los peregrinos transitan decenas de kilómetros uniendo  ciudades y pueblos donde descansan por las noches. Días pasados recibieron la visita del obispo, Héctor Cardelli.

DE LA REDACCION. Bajo la consigna: “Alegres en familia a tu casa peregrinamos”, el domingo partió desde nuestra ciudad la Peregrinación Diocesana a Pie a Luján. La Parroquia Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás y San Carlos  Borromeo (J.  J. Valle 1113) fue el punto de inicio de una larga caminata hasta llegar a “la casa de la Madre”: la Basílica de Luján.

Día tras día, los peregrinos, llevando en los hombros a la Virgen, caminan numerosos kilómetros uniendo ciudades y pueblos que los albergan para que puedan cumplir con el descanso nocturno. Días pasados, el pastor de la Diócesis de San Nicolás, el obispo Héctor Cardelli visitó a los caminantes en la vera del camino. Mantuvo con ellos una breve charla y los bendijo para que pudieran luego continuar con su peregrinar.

 

Recorrido

Es importante recordar cuál es el recorrido trazado por los peregrinos durante la semana. Ayer unieron Arrecifes con Capitán Sarmiento y hoy, en las primeras horas de la mañana, partirán para llegar al anochecer a San Antonio de Areco. Mañana unirán San Antonio de Areco con San Andrés de Giles y el viernes lo harán hacia  Cortínez. Allí descansarán el sábado y el domingo por la mañana,  rumbo a la Basílica de Luján, donde arribarán en horas del mediodía.

 

Consejos

“La peregrinación es un acontecimiento comunitario de fe en Dios, Jesús y en la Santísima Virgen María. El camino que vayas recorriendo por fuera también te abrirá por dentro”, manifiestan los organizadores de la peregrinación. Y expresan a los caminantes que “muchos te ayudarán a llegar a tu destino. Allí te espera nuestro Señor Jesucristo y nuestra Madre del Cielo que te reciben en su casa. Lleva en tu corazón las peticiones, agradecimientos, pedidos de perdón y de oración, alabanzas no solo tuyos, sino también de aquellos que no pueden acercarse a Luján”.

 

Un poco de historia

La procesión diocesana nació en la década del 70, cuando un grupo de seminaristas decidió acercar a jóvenes de la comunidad nicoleña a María y a la Palabra de Dios. La convocatoria tuvo una muy buena aceptación entre los fieles, que cada año fueron siendo más y desde entonces se realiza de manera ininterrumpida.

En los comienzos todas las ciudades de la Diócesis (San Nicolás, Pergamino, Arrecifes, San Pedro, Ramallo, Colón, Rojas y Salto) peregrinaban de manera conjunta pero, con el transcurso de los años, cada uno fue tomando una ruta diferente. Por cuestiones organizativas y de alojamiento es que se decidió dividir la peregrinación en distintas columnas, aunque todos están bajo el mismo objetivo de llevar sus ofrendas, pedidos y agradecimientos a la Madre celestial.

Tradicionalmente son cerca de 50 los pergaminenses que realizan esta gran demostración de fe y caminan durante una semana sin importar el cansancio, las inclemencias del tiempo o los obstáculos que pueden presentarse en los siete días de procesión a pie.

La devoción del pueblo argentino a la Virgen de Luján nació hace 386 años, cuando en 1630, a orillas del Río Luján, ocurrió un prodigioso suceso que obligó a dejar una pequeña imagen de la Santísima Virgen en ese lugar.

En mayo de 1630 la milagrosa imagen de la Virgen de Luján llegó a la Argentina. Antonio Farías Sáa era un hacendado radicado en Sumampa (Santiago del Estero) que quería colocar en su estancia una capilla para la Virgen. Este hombre le pidió a un amigo que vivía en Brasil que le enviara una imagen que representara la Inmaculada Concepción de María. El amigo le envió dos, la que le había encargado y otra de la Virgen con el Niño Jesús. Cuando llegaron, fueron colocadas en una carreta y partieron en una caravana rumbo a Sumampa.

La caravana se detuvo a orillas del Río Luján, a 67 kilómetros de Buenos Aires, en una hacienda conocida como la estancia de Rosendo. Al llegar el otro día los carreteros iban a proseguir con el viaje, pero la carreta que llevaba la imagen no se movía, intentaron de todas las formas posibles que caminara, bajaron la mercadería, colocaron más bueyes, pero todo fue inútil. Las dos imágenes estaban en el fondo de la carreta en dos pequeños cajones. Los carreteros retiraron una imagen y no se movió, la subieron y bajaron la otra, y la carreta marchó normalmente. En ese instante los hombres comprendieron que estaba ocurriendo algo milagroso. Al ver que la Virgen no quería marcharse se dirigieron a la casa más cercana, la de don Rosendo.

La familia se emocionó al ver la imagen y la colocaron en su casa, la noticia corrió por toda la región y se enteraron hasta en Buenos Aires. Las personas empezaron a viajar al lugar, entonces don Rosendo construyó una pequeña capilla, entre los pajonales de la pampa. En este lugar permaneció la Virgen desde 1630 hasta 1674.

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