Como es habitual en cada fin de semana largo de agosto, se llevó adelante en nuestra ciudad el Encuentro Diocesano de Catequesis, cita que convoca a numerosos catequistas de las capillas y parroquias de las localidades que integran la Diócesis de San Nicolás.
En esta oportunidad el encuentro se desarrolló el lunes feriado en el Colegio del Huerto. Durante la mañana, se concretaron talleres y charlas. Además se expuso el Santísimo Sacramento y diferentes sacerdotes confesaron a los participantes.
En horas del mediodía, luego de una pequeña procesión y de abrir la puerta santa en el templo jubilar de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced, el obispo Héctor Cardelli, presidió la misa en que también fue ordenado de diácono el joven Nicolás Albornoz.
Reino de los cielos
Durante su homilía, el obispo se mostró conmovido por la ordenación al diaconado de Nicolás Albornoz y dijo que no hay evangelización, si no hay quien anuncie, si no hay quien testifique con su vida esa palabra y nos damos cuenta entonces, la gran unidad que existe entre el anuncio y el sacramento del orden. La evangelización y gestación del reino de los cielos está en medio de nosotros y tiene tanto que ver con María porque qué hubiera sido de nosotros si no hubiera nacido Jesús, no hubiera tomado Jesús nuestra naturaleza humana y se hubiera hecho como uno de nosotros y no hubiera conferido este poder al ser humano para transformar la historia, para que se haga presente el reino.
Misterio de fe
También se refirió a la Asunción de la Virgen a la que calificó como un gran misterio de nuestra fe que a partir de 1950 el Papa Pío XII lo declara dogma, aun cuando ya estaba presente en el pueblo de Dios, el Papa recoge la fe del pueblo y hoy nosotros gozamos de esta síntesis, gozamos de este gran misterio de salvación.
Catequistas comprometidos
La misa fue celebrada en el marco del Jubileo de los Catequistas que entregan horas, entregan su vida y muchas veces con un espíritu de renuncia y de sacrificios, porque ellos están comprometidos con su vocación laical, con su vocación cristiana, con su vocación esponsal, con su vocación de familia y de trabajo.
Por último hizo extensiva la invitación que hace el Papa Francisco y expresó: No basta con encender el corazón, el amor, la misión. Debemos tomar la decisión de salir y anunciarlo con la vida, testimoniarlo con la vida.
Decía el Papa quiero una Iglesia con rostros alegres no con rostros agrios, tristes, que tienen sombras, que no reflejan la alegría, la plenitud, la nobleza del cristianismo. Ahí comienza esta etapa de una iglesia presente realmente en la palabra, vayan por el mundo y anuncien a todos, bautizándolos.