En 1935 marchó a Buenos Aires. Vivió en cuartos de pensión y comenzó a desarrollar su sueño de realizar una carrera de actriz. Sus inicios fueron en la Compañía de Teatro de José Franco. La consagrada actriz Pierina Dalesio fue su protectora, como una segunda mamá. El cine y la radio eran entonces las actividades con mayor perspectiva laboral. Evita incursionó en ambos medios. En 1939 ya encabezaba la Compañía de Teatro del Aire en Radio Belgrano y su nombre comenzó a trascender. Allí protagonizó un recordado ciclo en el que encarnaba a heroínas celebres, como Juana de Arco y Rosa Luxemburgo. Con 20 años ya era tapa de revistas muy populares como Radiolandia.
En cine trabajó dirigida por uno de los más grandes directores del cine nacional, Mario Soffici, en las películas La Prodiga y La Cabalgata del Circo, esta última junto a Hugo del Carril.
Con Perón
El 15 de enero de 1944 un terremoto en la provincia de San Juan sumió al país en una tragedia de proporciones. La comunidad de actores se organizó para recaudar fondos. Evita salió a recorrer la calle Florida con alcancías en busca de donativos. El 22 de enero el coronel Perón, como titular de la Secretaría de Trabajo y Previsión organizó un gran festival benéfico en el Luna Park, al que asistió junto a unos de sus asistentes, el coronel Imbert, que era amigo de la actriz. Allí, por su intermedio, se conocieron Perón y Evita. Y comenzó la maravillosa épica de la abanderada de los humildes, empeñada en que la justicia social llegara a cada rincón del país.
A partir de 1946 se convierte en nexo entre Perón y los trabajadores. Ella va recabando las sugerencias de los estos últimos y se los transmite al presidente. Armando Cabo, uno de los principales dirigentes gremiales de la época diría: Su tarea era fundamental como puente entre Perón y la clase trabajadora. En el armado policlasista del Frente Liberación Nacional, el general necesitaba ese contacto directo con la columna vertebral. Ella ya empezó a ser Evita.
La Fundación
Después de un viaje a Europa vino al país para poner en marcha su Fundación, duplicando así la tarea social de apoyo al pueblo. Fue una tarea personal que ella asumió como propia. Sabía por experiencia propia que para los pobres siempre es tarde.
Contaba su confesor, el padre Hernán Benítez: No era beneficencia lo que hacía. Le llevaba remedios a un enfermo pero además lo besaba sin importarle sus llagas. Yo, pastor de Cristo, daba un paso atrás para no contagiarme y ella me reprendía no venimos a traer remedios, padre. Venimos a dar solidaridad, afecto al compañero que sufre.
Otro día -continua hablando el padre Hernán Benítez- íbamos en auto a la residencia cuando ella advirtió que en la puerta de un banco una anciana lloraba. Hizo detener el auto y cuando se enteró que no le habían pagado la jubilación por una cuestión burocrática, entró ella al banco y dijo bien fuerte en medio del salón: ¿Quién fue el hijo de p
que le dijo a esta señora que viniera otro día?. Y agregaba el padre: por supuesto que cobró.
Contaba el maestro Fermín Chávez lo que había vivido ese intelectual de fuste, nacionalista y muy católico llamado José María Castiñeira de Dios. Relata que él estaba en la Fundación donde Evita atendía hasta altas horas de la madrugada y que era un lugar donde permanentemente llegaba gente con problemas de todo tipo o simplemente con los sueños rotos.
Una noche muy fría llega sola una señora, humildemente vestida y que tenía en las manos y en la cara llagas muy visibles. Castiñeira tenía a su lado un médico y le preguntó qué enfermedad tenía esa mujer, a lo cual el médico le contestó que la señora tenía lepra.
El doctor se acercó a Evita y disimuladamente le dijo: Tenga cuidado señora, porque es leprosa. Evita lo corrió con el brazo, se acercó a la señora, la tomó de las manos y le dio dos besos en las llagas. Contaba después Castiñeira de Dios a su amigo Fermín Chávez que esa noche no pudo dormir y se cuestionó profundamente su cristianismo.
Eso era Evita. Nunca nadie, en tan poco tiempo dio tanto a tanta gente.
En esta tarea entregó su vida, cuando el cáncer comenzó a roer su cuerpo, siguió trabajando hasta altas horas de la madrugada -aún pesando 38 kilos- porque ningún argentino debía ser defraudado por una falta de respuesta.
El pueblo entendió ese amor desenfrenado. La oligarquía también, por eso el odio. Viva el cáncer escribieron en las paredes. Ella consumida por la enfermedad, dijo sus últimas palabras: Gracias Juan.
Luego secuestraron su cadáver. Al devolverlo 16 años después en 1971, en Puerta de Hierro, abrieron el féretro y resultó evidente que la habían golpeado hasta quebrarle la nariz y hacerle un tajo profundo en el cuello.
Tal era el odio y como la contrapartida, la veneración de su pueblo. Perón solo dijo la palabra que correspondía a ese furioso ensañamiento clasista: ¡Miserables!.
Vicente Acuña, un gran compañero peronista
Vicente Chiche Acuña fue una persona de bien y un militante integro, leal y solidario con el que todos podían contar en los tiempos más complejos y adversos. Obrero ferroviario y también gastronómico, fue un peronista de la primera hora, de aquellos que acompañaron a Perón y Evita en la heroica gesta de construir una Patria justa, libre y soberana. Fue uno de los muchos que asumió su puesto de lucha política cuando el movimiento peronista fue proscripto y perseguido.
Para Chiche, el peronismo era parte natural de su identidad, siempre al lado de los más humildes. El presidente del Partido Justicialista, Manuel Elías, destacó que desde el Consejo de Distrito del PJ se le rindió su merecidísimo tributo en vida en dos oportunidades.
El primero -recordó Elías- fue el 15 de mayo de 2010 cuando en el edificio escolar de Merced 618 organizamos un muy emotivo acto de homenaje a nuestros militantes del peronismo fundacional. Como parte del homenaje proyectamos la película Los Resistentes, testimonio de las luchas clandestinas de los compañeros peronistas durante los años duros de nuestra Resistencia (entre 1955 a1973) y fue allí que le entregamos una medalla.
El segundo reconocimiento, es más cercano, el 17 de octubre de 2015, en el marco de la celebración del Día de la Lealtad, que se realizó en la sede del club Racing. Allí, tuve el honor de entregarle en mano el diploma que sintetizaba todo nuestro sentimiento de gratitud por su conducta política que fue siempre ejemplar.
Chiche Acuña partió a los 93 años. Su recuerdo estará siempre presente en las barriadas populares, acompañándonos en las luchas de hoy, de ayer y siempre. Desde el Consejo de Distrito del Partido Justicialista estaremos siempre agradecidos por su ejemplo, remarcó Manuel Elías.
El recuerdo del Partido Justicialista de Pergamino
Al cumplirse el 64 aniversario del adiós terrenal de Eva Perón, la Secretaría de la Mujer del Partido Justicialista, a cargo de Mariela Ghío, recordó a quien es considerada la Abanderada de los Humildes. Lo hizo a través del siguiente comunicado: Ya han transcurrido más de seis tumultuosas décadas desde aquel 26 de julio de 1952, jornada en que la compañera Evita iniciaba su tránsito a la inmortalidad mientras una marea de dolor ensombrecía el país. Motor de la transformación iniciada el 17 de octubre de 1945 y compañera inseparable del más grande líder del siglo XX, hizo de la causa de la Justicia Social su propia causa. Por eso dedicó cada instante de su corta trayectoria política al objetivo supremo de terminar con la eterna postergación a la que habían sido sometidos los pobres, los desposeídos y los débiles durante los gobiernos conservadores. Paralelamente a su formidable tarea de reivindicación social, trabajó incansablemente para consagrar legislativamente los derechos de la mujer, de la ancianidad y de la niñez, logros que ubicaron a la República Argentina en la senda de las democracias más avanzadas de Europa.
Evita fue antes que nada una revolucionaria empeñada en lograr una sociedad más inclusiva, solidaria e igualitaria, batalla política y cultural que asumió hasta las últimas consecuencias.
Evita nos dejó cuando sólo tenía 33 años. Había sido capaz de postergar su propio sueño para velar el sueño de los más humildes. Hoy, como lo hacemos todos los años, recordamos a quién supo guiar, comprender y sentir al pueblo argentino.