Primeras salas en Pergamino
Porque el teatro, que refleja la vida, que pinta la expresión del alma humana es un teatro instructivo, útil, traduce la vida y la lleva a escena. El teatro sano es una escuela de adultos. Por lo tanto hay que fomentar en el pueblo el arte. El artista que es sensible ante lo bello y lo bueno, es también sensible ante la miseria y el dolor ajeno. El arte tiene el poder de despertar los aletargados sentidos del pueblo, dormidos a la sombra de los laureles de sus antepasados, abandonados a la más deplorable inacción.
Con esta fundamentación la comisión directiva de la Sociedad Italiana Forze Unite de Pergamino expresaba la necesidad de construir un teatro en 1907, cuando aún estaba presente el dolor que había causado el incendio del Teatro Florida, la primera sala que tuvo Pergamino, inaugurada en 1889 y ubicada en calle Florida entre 9 de Julio e Italia, donde además se proyectaron las primeras películas que presenciaron los pergaminenses.
Después llegó el señorial Teatro Verdi, inaugurado en 1910 sobre calle Merced, al lado de la Escuela Nº 1, que durante muchos años fue motivo de orgullo local.
Los incendios, la falta de visión empresarial y la indiferencia de la población y de los gobernantes de turno terminaron con estas majestuosas salas, cerrando un capítulo importantísimo en la historia cultural de la ciudad.
Décadas más tarde brillaron en Pergamino las salas del cine-teatro Monumental, el cine Ideal y del San Martín, esta última la más destacada, surgida de la iniciativa empresarial de Juan Manuel Pacheco, Isidoro Pacífico, Néstor y Nilda Micheloni y Primo, Segundo y Virgino Gilli. Inaugurado en 1958, fue para la época de una admirable belleza arquitectónica, confort y avance tecnológico, dotado de un piso con declive para una perfecta visión, pantalla ancha y cóncava, tres canales de sonido, una confitería en la planta alta y capacidad para mil quinientas personas.
Este cinematógrafo, que pasó a formar parte de la vida y hasta la historia misma de la ciudad, tuvo un intento de recuperación en los años 90 por parte de Luis Quaglia y Fernando Sokolowicz, que procuraron infructuosamente revalorizar la industria del cine en nuestra ciudad.
Historia reciente
Paralelamente a las buenas intenciones oficiales que señalamos anteriormente; desde la iniciativa privada los propios protagonistas de la cultura lograron concretar sus proyectos dando lugar a nuevos espacios para la expresión artística.
El más importante y trascendental es la Fundación Casa de la Cultura, que el 6 de este mes cumplirá 20 años de actividad. Se trata de la materialización del esfuerzo aunado de un grupo integrado por varios referentes de la cultura pergaminense encabezados por la escritora Edna Pozzi y que en su momento reclamaron a las autoridades comunales un espacio apto para desarrollar las más diversas actividades del área. Un ámbito, por otra parte, que la sociedad estaba necesitando en los años 90, década durante la cual se cerraron varias salas.
La otrora Terminal de Omnibus se rediseñó como centro cultural, con dos salas de exposiciones, un patio de esculturas, un anfiteatro al aire libre y dos salas de teatro: una de ellas con capacidad para 60 personas y otra con más de 350 localidades, que aún con constantes adecuaciones no logra alcanzar los estándares de una sala para el óptimo lucimiento de los artistas y el placentero disfrute de los espectadores.
A 20 años de aquella epopeya sus instalaciones necesitan y merecen ser renovadas para lograr una mejor utilidad.
A comienzos de los años 2000, en plena crisis económica, se abrieron salas como Florentino Bar, única en su estilo, que fue refugio durante más de una década de muchas propuestas teatrales y musicales del ámbito local, regional y nacional. La sala polifuncional de Cinema Pergamino, con su capacidad de 280 localidades, brindó un importante aporte para la realización de espectáculos artísticos de distinto tipo.
Después llegaron salas como Habemus Theatrum, Merello y Espacio GAE y lugares que también cuentan con gastronomía como Bowling Strike o el más reciente Estudio Bar, por mencionar a los más concurridos. Sin embargo estos espacios, que son de gran utilidad para los espectáculos locales y regionales, no superan las 100 localidades y, en algunos casos, no cubren las necesidades técnicas para el desarrollo de un espectáculo de mayor envergadura.
Los teatros San Martín y Unión
La recuperación del viejo Cine San Martín en 2003 por parte del Gobierno municipal fue una iniciativa que en principio ilusionó porque se trataba de la remodelación de una sala que, en su esplendor, llegó a albergar unos 1.500 espectadores. Sin embargo el Municipio planificó junto al Colegio de Arquitectos un nuevo espacio cultural y no una gran sala de teatro.
La historia reciente señala que para darle forma se llamó a un concurso nacional de anteproyectos cuyos ganadores, los profesionales Martín Chavanne y Yamil Kairuz, ambos de la Universidad de Buenos Aires, fueron elegidos entre 28 trabajos de distintos puntos del país.
El proyecto y los ganadores fueron presentados con gran pompa en diciembre de 2007 considerando al primer premio incuestionable, según palabras de Emilio Sessa, jurado representante de la Federación Argentina de Arquitectos, presente en el acto realizado en el Colegio de Arquitectos en Pergamino.
Una vez iniciadas las obras pasó el tiempo y, sin presupuesto para continuarlas, el Municipio cedió en comodato por seis meses las instalaciones del futuro teatro a una comunidad evangélica que las destinó a la realización de reuniones y ceremonias religiosas con el compromiso de hacer una recuperación del lugar. Esta decisión despertó el rechazo de referentes de la cultura local, que alzaron su voz de disconformidad.
Recién en abril de 2010 la Secretaría de Planeamiento, Obras y Servicios Públicos presentó oficialmente el inicio de la primera etapa del proyecto de construcción del nuevo espacio cultural.
Agotados los recursos económicos con los que contaba la Comuna, en abril de 2011 se analizó la constitución de un fideicomiso con el fin de hacer frente a la importante inversión.
En diciembre de 2012, y después de los procesos licitatorios correspondientes y un préstamo otorgado por el Banco de la Provincia de Buenos Aires, se anunció la reiniciación de las obras con un presupuesto de 3.450.000 pesos.
Sin embargo, en 2013 y con casi el 20 por ciento del proyecto realizado, las obras se paralizaron hasta la actualidad.
Como compensación a este incumplimiento, en 2012 el Gobierno local adquirió el exCine Teatro Unión, que pasó a formar parte del patrimonio del Municipio merced al apoyo económico brindado por la empresa Walmart.
Un año después se realizó el corte de cintas y la comunidad artística y la población comenzó a disfrutar de una confortable sala de una capacidad de 195 localidades, camarines, sonido y luces de última generación y equipo de climatización.
El estancamiento de la construcción del futuro Teatro San Martín reavivó los cuestionamientos que en su momento le cayeron al proyecto original, al que muchos definieron como faraónico, por lo costoso y por lo poco viable.
Colofón
Gracias a los emprendimientos particulares y a las inversiones del Municipio, los generadores de la cultura local, especialmente actores y artistas plásticos, cuentan con distintos espacios donde mostrar su arte. Pero por otro lado, mientras las salas pequeñas abundan, en la planificación del gasto municipal en este rubro no se ha contemplado la necesidad de contar con un lugar que reúna las condiciones para alojar a espectáculos de mayor envergadura, tanto en despliegue escénico como en amortización del gasto.
Con espíritu emprendedor, los productores locales se esfuerzan por acercar espectáculos que se ofrecen en Buenos Aires y para ello recurren a espacios no concebidos para tal fin, como estadios deportivos.
Tal vez si el dinero que el Municipio destina a Cultura que, vale reconocerlo, no es poco en relación con otras ciudades, se utilizara con un criterio más ajustado a las actuales demandas, contaríamos con esta pata de la mesa que nos está faltando en Pergamino. Ya no más salas chicas y pensar en una grande acercaría a los vecinos, que hoy se ven obligados a viajar cientos de kilómetros para ver un espectáculo, la posibilidad de disfrutar de ese tipo de shows en su propia ciudad
La necesidad de una sala grande es imperiosa, expresó Willy Chalón
Con 16 años de experiencia en la producción artística, el empresario local Willy Chalón aseguró que nunca fue consultado desde el oficialismo y que eso lo extrañó, no porque sea la persona indicada, sino porque ante un emprendimiento de una sala de teatro lo primero que hay que hacer es consultar a la persona que está en el tema o en el palo.
Para Chalón el haber llamado a un concurso nacional de anteproyectos para la recuperación del Teatro San Martín es sólo una pata de trípode, la otra pata es conseguir la solvencia y por supuesto consultar a la gente que esté en el tema y que sea idónea. No es que los arquitectos no sepan del tema sino que nosotros más que nadie conocemos las necesidades que tiene Pergamino, indicó.
El productor local también apunto al proyecto aprobado calificándolo de erróneo por su capacidad. 435 butacas nos vuelve a limitar para un montón de espectáculos de cara al futuro, por más que tengamos la sala con la última tecnología.
Puso como ejemplo la sala de Venado Tuerto, similar a la del San Martín que, recuperada por la Municipalidad, cuenta con una capacidad de 700 localidades en la planta baja y de 350 en el piso superior.
El San Martín se pensó como un centro cultural pero hay un montón de espacios para esto y la concurrencia no es tan masiva, apuntó, al tiempo que agregó que el principal error es hacer la sala en la parte superior, porque complica subir por montacargas la parte técnica y escenográfica. Es decir que todo es más costoso, además hay un foso para los músicos que me parece totalmente obsoleto para la época y además le quita 3 ó 4 filas a la capacidad de la sala. Por otra parte, no podemos tener un escenario para una sinfónica y una capacidad de 400 espectadores para pagar la entrada porque eso encarece sobremanera el precio final del espectáculo; no hay forma de solventarlo, si no tenemos que esperar que la Provincia nos mande un show subsidiado.
El productor local señaló como muy positivo que desde el año 2000 a esta parte se hayan incrementado las propuestas culturales y artísticas en Pergamino, con apertura de pequeñas salas, lo que marca a las claras una mayor demanda de parte de la gente. Lo increíble es que la gente responde, pese a que no tenemos salas importantes en Pergamino.
Sin embargo, Chalón destacó que, conociendo los borderó de otros lugares, Pergamino, en teatro, mete más gente en los mismos espectáculos que ciudades como Junín y San Nicolás. Estamos entre 100 y 150 personas más que en cualquiera de las dos ciudades vecinas y no tenemos una sala adecuada.
Otra particularidad de nuestra ciudad que remarcó Chalón es que el 40 ó 50 por ciento de público en cada función es de ciudades vecinas: vienen de Rojas, Arrecifes, Salto, Arroyo Dulce y pueblos de alrededores, para esto ha sido una solución la tiquetera.
La necesidad de una sala grande es imperiosa, fundamental, afirmó Chalón al tiempo que aclaró que sería ideal una sala con capacidad para 700 u 800 personas y si fuera en dos plantas sería mejor todavía, porque se las utilizaría dependiendo de la magnitud del espectáculo. Además hay obras que no hacen dos funciones por día porque no pueden, porque los artistas tienen su edad y porque el desgaste es enorme. Por eso muchos de los espectáculos terminamos haciéndolos en Centenario.
El productor artístico cerró expresando: Si tuviéramos la sala que necesitamos, no tengo dudas que funcionaría los tres días del fin de semana, no solamente con los espectáculos que vienen en gira, sino también con propuestas culturales locales.
El testimonio de artistas de nuestra ciudad
LA OPINION consultó a cuatro artistas de Pergamino, referentes de espectáculos musicales y danza, ya que se trata de disciplinas que necesitan de una sala de grandes dimensiones y de elementos técnicos de última generación; Verónica González, cantante, protagonista del éxito Piaf, el musical; Florentina Pansecchi, directora del Estudio de Danzas CascaNueces; Alberto Bianco, saxofonista e impulsor de los proyectos Boleros y 70; y Matías Miglioretti, cantautor, líder de la banda local La Cisura de Silvio hablaron con el Diario sobre la paralizada obra del Teatro San Martín.
- Verónica González: Veo que por un lado es un proyecto muy caro y muy grande pero que tiene años. La verdad que ya parece la autopista Pilar-Pergamino, cada gobierno lo promete y nunca se concreta.
Me parece que el proyecto tendría que haberse hecho por etapas para ir inaugurándolo por partes y tal vez así tendríamos algo funcionando y se podrían dictar clases o hacer espectáculos en una sala más pequeña.
Entiendo que todos los candidatos a la intendencia en su momento prometieron terminarlo, me gustaría ver esto concretado y no convertido otra vez en iglesia evangélica, con todo respeto por la iglesia, pero el fin de este edificio es cultural.
- Florentina Pansecchi: Desconozco los motivos que llevaron a la paralización de la obra y si existe la posibilidad de ser retomada, que sería lo ideal considerando el tiempo y dinero invertidos en el proyecto de restauración y en el inicio del trabajo.
De lo que estoy convencida es de que Pergamino necesita un Teatro con un escenario de amplias dimensiones, que permita no sólo el lucimiento coreográfico de quienes nos dedicamos a la danza (que en las salas de Pergamino estamos supeditados al espacio), sino también despliegue escenográfico y posibilidades técnicas, con butacas cómodas y buena acústica para el espectador.
Si bien celebro la cantidad de salas independientes o espacios más pequeños que hay en la ciudad, creo que en Pergamino debemos tener un Teatro que posibilite la presentación de obras de mayor magnitud, para continuar con el desarrollo de los artistas locales.
- Alberto Bianco: Desde siempre me pareció que el proyecto encarado no era algo viable. Como en casi todos los proyectos los que utilizamos esos espacios (músicos, actores, poetas, artistas plásticos, cineastas y otros) no fuimos consultados en aquel momento, como si no tuviéramos nada que aportar, como si fuéramos sólo inspiración y no fuéramos capaces de brindar nuestra experiencia y señalar las necesidades que padecemos al momento de montar un espectáculo.
El San Martín se resolvía de una manera mucho más simple (y más económica) que el proyecto comenzado. Simplemente había que armar una sala en planta baja para 250 personas y otra en planta alta para 100 personas, aprovechando lo que ya había instalado, y el resto del espacio se hubiese podido provechar para aulas, salas de ensayo, etcétera.
Hoy, con este camino recorrido es difícil decir que se debe hacer -sin poder visitar el estado actual de la obra-, pero entiendo que de una buena vez, todos -autoridades y artistas- deberíamos juntarnos a fin de resolver este tema que nos preocupa como parte del espectáculo pero mucho más como ciudadanos. Quienes como yo hicimos música en el San Martín, nos duele pasar frente a su fachada y sentimos la necesidad de que se resuelva la obra de una manera inteligente y realista, mucho más allá de los sueños que pudieron haber volcado en el papel sus diseñadores, porque una vez más hay una gran distancia entre lo que se proyectó y lo que la realidad permite hacer.
- Matías Miglioretti: Mi opinión es que hagan un multiespacio cultural para que los artistas locales puedan mostrar sus obras. Que se incluya todo tipo de música, por ejemplo el rock, como es nuestro caso. Que sea gratuito y que cuente con sonido, escenario y luces profesionales, y que tenga todas las habilitaciones necesarias. Que el artista no tenga que pagar por tocar y que, por el contrario pueda beneficiarse con su espectáculo como se debe.