Reunidos en la vieja casona de los Illia, los presentes recordaron la figura de uno de los pergaminenses más ilustres de su historia. Este antiguo pueblo de llanura, sin memoria exacta de fundación, nacido y crecido a la vera del arroyo que le diera nombre, vio crecer en los albores del siglo XX, a unos de los hombres públicos más dignos que ha dado la Nación, expresó el historiador Luis Libera Gil. Y haciendo un poco de historia se recordó que Arturo Umberto Illia nació, como todos sus hermanos, el 4 de agosto de 1900 en una de las habitaciones de la casona de avenida Jáuregui. La antigua habitación había sido la génesis de esta hermosa casa, y allí aquel intrépido inmigrante italiano que era su padre, inició el trabajo de almacenero, que complementaba su primigenia y muy importante ocupación de fabricante de ladrillos. Eran épocas en que los italianos de diversos lugares de la querida península, ayudaban a hacer la patria, desde sus ocupaciones, formando sus familias, criando y educando hijos. En esa habitación de la esquina, nació Arturo, el más probo y más digno de los hijos de Pergamino, detalló el historiador.
Bandera de la honestidad
Luego del recibimiento de las autoridades, se dio paso al canto del Himno Nacional Argentino.
A posteriori, una integrante de la Banda Municipal, llevó adelante el toque de clarín, rememorando en él el grito de victoria de las luchas de la Independencia hace doscientos años, recordamos las gloriosas huestes que formaron la Nación, pero fundamentalmente recordamos aquí al triunfador de tantas otras luchas por la paz, al que empuñó las banderas de la honestidad, de la transparencia, la bandera de la humildad y el civismo, expresó Libera Gil.
Palabras alusivas
El acto de desagravio a la figura del doctor Illia contó con 3 oradores que, con sus palabras, permitieron un momento de reflexión de la historia argentina y de las virtudes del expresidente.
En tal sentido, el primero en dirigirse a los presentes fue el sobrino del expresidente: Ernesto Illia. A continuación lo hizo la presidente de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos Fuerzas Unidas, profesora Teresa Iris Cosentino.
Por último expresó palabras alusivas quien ocupa actualmente el sillón que también ocupó Ernesto Illia: el intendente Javier Martínez.
La gran familia
En primer lugar lo hizo uno de los sobrinos del expresidente: Ernesto Illia que visiblemente emocionado agradeció al intendente Javier Martínez y a la Sociedad Italiana por tan sentido homenaje.
En primer lugar, Ernesto destacó las figuras de Martín y Emma padres de once hermanos a los que, con un horno de ladrillo y esta quinta, les proporcionaron educación y les infundieron valores relacionados con la solidaridad social y con el compromiso político.
Haciendo valer esa figura de familiar humilde y trabajadora de los Illia, Ernesto contó que todos los hermanos Illia estudiaron, trabajaron y militaron en la Unión Cívica Radical.
Construcción colectiva
Reivindicando a Don Arturo, Illia aseguró que en su carrera política fue fiel a sus orígenes, se identificó con la democracia con un sentido social, la consideró como una construcción colectiva en la que la sociedad en su conjunto es responsable de esa construcción en la que los cambios y las soluciones de los problemas requieren permanente adaptaciones para resolver los nuevos desafíos.
De acuerdo con lo expuesto por Ernesto, el 12 de octubre de 1966, Arturo llamó a llevar adelante una revolución democrática y el lugar que eligió para llevar adelante esta política fue desde la UCR.
En otro párrafo de su alocución, el sobrino del expresidente, enumeró los logros de su tío, por ejemplo, la sanción de la Ley del Salario Mínimo, Vital y Móvil, la aplicación del 82 por ciento móvil para las jubilaciones, el aumento del presupuesto educacional, disminuyó la desocupación, llevó adelante una política energética independiente, una política internacional independiente, redujo la deuda externa, impulsó el desarrollo técnico y científico.
Superar a Illia
Por último afirmó que Arturo fue un hombre honesto, inteligente y culto, y admitió que hoy la honradez es un valor superlativo pero el mejor homenaje como sociedad sería tomar su ejemplo y ser capaz de superar a Arturo Illia.
Inmigrantes
La Sociedad Italiana también reconoció a la familia Illia con la colocación de una placa dado que Martín Illia fue socio de dicha entidad. Vale en este punto aclarar que la familia Illia se destacó por sus valores, tanto desde la Presidencia de la Nación, como desde la Intendencia Municipal que ejerció Ernesto Illia, o los distintos cargos que ocuparon algunos de los hermanos, todos se formaron en esta casa con el ejemplo de Don Martín y Doña Emma, aquellos italianos que supieron educarlos en valores.
Pero Don Martín no solo trabajó para educarlos, enseñarles las primeras letras, hablares bien a sus hijos del lejano país que había dejado, del bello paisaje del Valle de la Valchiavenna, de su hermoso Samolaco, sino que se ocupó de inculcarles junto a Doña Emma, el verdadero sentido de la honestidad, de la humildad, del amor al prójimo.
En su casa se hablaría seguramente del desarraigo, pero se hablaba aún más de la bondad, la virtud y la modestia.
Don Martín que fue socio de la Sociedad Italiana y que garantizó con su propio peculio a los constructores del querido y desaparecido Teatro Verdi, merece el reconocimiento de la Sociedad, por haberse propuesto formar esta familia que nos identifica en el país y el mundo con el nombre de su hijo más distinguido, Arturo Illia, destacaron desde la Sociedad Italiana.
La presidenta de la institución, Teresa Iris Cosentino se dirigió a los presentes y dijo: Ha pasado ya medio siglo desde que un grupo armado expulsó de la Casa Rosada a un presidente de la Nación elegido por el pueblo en comicios libres, un presidente como Arturo Illia que había venido a traer paz a la convivencia ciudadana, comenzado a reparar las instituciones y a solucionar los terribles problemas económicos existentes.
En esta oportunidad histórica, la Sociedad Italiana, señaló Teresa, no puede dejar de estar presente reconociendo a Martín Illia y Emma Francesconi, gestadores de valores tales como la solidaridad, respeto, humildad, esfuerzo, valores de los que fueron portadores todos los hijos de la familia.
Como referente de una entidad que ensalza los valores de los inmigrantes, Teresa informó que Martín Illia era un inmigrante italiano, socio de la Sociedad Italiana que fue garante del teatro Verdi en Pergamino. Por ello desde 2015 nos hemos comprometido a gestionar y a apoyar la puesta en valor de esta casona como patrimonio histórico cultural de nuestra ciudad.
Llevar el nombre Arturo
El último en hacer extensiva una reflexión sobre la fecha y sobre todo considerando las virtudes de Arturo Illia fue el intendente Javier Martínez que recordó, primeramente, cuando su padre le contaba sus anécdotas en la vieja casona de los Illia.
Muchos de nosotros llevamos el nombre de Arturo con responsabilidad y admiración. Y no es casualidad que nuestros padres hayan elegido su nombre para que se mantenga vivo el ejemplo de nuestro querido presidente. El presidente que sancionó la ley de medicamentos que ponía fin al abuso de los laboratorios, el presidente que fue criticado, pero nunca por su austeridad y honestidad, el presidente que murió prácticamente en la pobreza porque dedicó su vida a los demás, destacó Martínez.
Honestidad y austeridad
Haciendo alusión a la vida de Don Arturo Illia, el jefe comunal indicó que fue médico, político de raza, es quien inspiró a buena parte de la clase dirigente que aún hoy hacemos lo posible para tener un país mejor. El ejemplo olvidado en los últimos años por muchos de los políticos que día a día vemos con vergüenza, como desfilan por los juzgados por casos de corrupción.
Don Arturo es el orgullo de nuestra ciudad, es parte de nuestra identidad, es la historia que una y otra vez les contamos a nuestros hijos; porque luego de muchos años, sabemos que a cualquier dirigente argentino se le debe exigir honestidad y austeridad ante todo, es la muestra cabal que en nuestra historia existen muchos casos de hombres que sí hicieron la diferencia, que marcaron el rumbo, que dejaron su marca, su estilo, su impronta ineludible.
Historia negra
Repasando la historia, el intendente recordó que en la madrugada del 28 de junio de 1966 fue usurpado el gobierno en mano de los militares. Esa mañana, el general Alsogaray invitó a Don Arturo a salir de la casa de gobierno diciendo que era un usurpador del poder, a lo que Illia respondió: Usted es un usurpador que se vale de la fuerza de los cañones y de los soldados de la constitución.
Ese fue Don Arturo Umberto Illia. Nuestro ejemplo, nuestra guía. Cincuenta años después, veremos como muchos de los niños que van al colegio lo recuerdan con cariño. Cincuenta años después, nuestra gente se pone de pie una vez más por habernos dado tanto. Cincuenta años después vemos con horror, cómo nuestro país y en especial parte de nuestra clase dirigente no ha tomado su ejemplo. Cincuenta años después de aquel lamentable suceso, pensemos juntos qué país queremos para nuestros hijos. Pensemos qué clase dirigente queremos. Pensemos juntos cómo volver a lo mejor de nuestra historia y avanzar hacia el futuro.
Hoy muchos como yo, con alegría, entendemos por qué nuestros padres querían que lleváramos el nombre de Don Arturo, concluyó Martínez.
Colocación de placas
Luego de las palabras de los oradores de la jornada se dio paso al descubrimiento de placas en reivindicación de los valores, de la hombría de bien y de la voluntad de transformar la República del expresidente Arturo Illia.
Fue el jefe comunal, acompañado de Ernesto Illia y Carlos Mosca, el encargado de realizar el descubrimiento de la placa que reza: La falta de ostentación es fundamental en todo hombre que quiera ejercitar una acción docente de cualquier finalidad. Para ser útil hay que ser austero, desinteresado y modesto. (Arturo Illia). Mientras que luego lo hizo Teresa Iris Cosentino acompañado de Guillermo Illia.
El doctor Illia es el símbolo de otra época de la Argentina, él transitaba por la calle sin custodia, salía de la Casa Rosada caminando y lo hacía por la emblemática Avenida de Mayo, rumbo al cine o a tomar un café en algunos de los tantos bares. Seguramente con la preocupación de dirigir un Estado al que quería transformar para bien de los argentinos, pero despreocupado porque le había puesto a su administración el rigor de su conducta austera hasta el desprendimiento; alguna de esas veces, se habrá cruzado con el incesante mundo de palomas de la plaza o la avenida, que habrán saludado su paso por allí, como lo harán ahora recordando su paso por la historia.