Con la presencia de más de 35.000 personas llegadas de todo el país, se inauguró ayer la undécima edición del Congreso Eucarístico Nacional, que se celebrará hasta el domingo en Tucumán. Las imágenes de Nuestra Señora de la Merced y de la Inmaculada Concepción estuvieron presentes en la ceremonia.
DE LA REDACCION. Congresistas de todo el país comenzaron a llegar, desde el mediodía de ayer, al Hipódromo de San Miguel de Tucumán, predio central donde se celebrarán las actividades principales del XI Congreso Eucarístico Nacional, hasta el domingo.
Luego de que una multitud acompañara desde la parroquia de la Merced (Victoria) hasta el Campo Eucarístico y predio central, a las imágenes de Nuestra Señora de la Merced, patrona de la arquidiócesis de Tucumán, y de la Inmaculada Concepción, patrona de la diócesis tucumana de Concepción, escoltadas por gendarmes, el arzobispo de Tucumán, monseñor Alfredo Zecca, presidió a las 17:00 la solemne misa de inauguración del XI Congreso Eucarístico Nacional, ante -según lo que estimó la Policía y Gendarmería- unas 35.000 personas de todas las edades. Con el prelado tucumano concelebraron 5 cardenales, una treintena de obispos y más de un centenar de sacerdotes.
Episcopado
El Congreso fue convocado por el Episcopado argentino para dar gracias a Dios por la presencia constante de Jesucristo, Señor de la Historia, en la historia de nuestra Nación, y para pedir que los argentinos podamos hacer de esta bendita tierra una gran Nación justa y solidaria, abierta al continente e integrada al mundo, recordó Alfredo Zecca.
Por nuestra Patria Argentina, es la súplica que hacemos a Aquél que es Camino, Verdad y Vida, aseguró. La Patria es mucho más que el país o la nación y es necesario que los argentinos volvamos a hablar de Patria, que volvamos a valorar sus signos distintivos: el Himno, la Bandera, la Escarapela, aseveró.
Sin reconciliación
Luego, mostró su preocupación ante las divisiones habidas, particularmente las de las décadas de los 60 y 70, que parecen habernos paralizado. No nos engañemos a nosotros mismos, los argentinos no estamos reconciliados, expresó. Y afirmó que: Reclamamos justicia y está muy bien que lo hagamos. Sin justicia no hay reconciliación posible. Pero justicia no es venganza. Y, además, la justicia debe ser superada por la misericordia.
Ser misericordiosos
En el marco del Año de la Misericordia, aseveró que no podemos pedir a Dios misericordia si no somos misericordiosos. Ser misericordioso es hacerse cargo, con el corazón, de las miserias del otro, como el otro de las nuestras. Y este ser misericordioso debe traducirse en obras concretas, no puede ser simplemente declamado, exige ser actuado.
También, señaló que el inicio de un nuevo gobierno abre un horizonte de esperanza. Pero no hay que olvidar que la esperanza es virtud de lo arduo y que, por lo mismo, exige fortaleza. Enfrentamos un momento político, económico y social difícil, con ajustes económicos indispensables pero cuya carga cae de modo desigual en los distintos estratos sociales.
Forma de caridad
Afirmó que la política debe ser recreada para poder llegar a ser lo que por naturaleza debe ser: una forma de caridad, condenó a la corrupción, el narcotráfico, la trata de personas, y la degradación moral, y exhortó urgentes medidas a los jueces que estén a la altura de las circunstancias. Tenemos que hacernos cargo de los más pobres que no llegan a fin de mes por carecer de trabajo o por tener un trabajo precario que no les da acceso a la salud, a la educación, a un aporte jubilatorio que les asegure una vejez digna, manifestó.
Si bien el prelado destacó el deber del Estado en estos ámbitos, afirmó que es tarea de todos. Debemos dejar la avaricia y la mezquindad de lado y ser generosos. Sin justicia y equidad no habrá nunca paz.
Basta de mirar hacia el otro lado, basta de indiferencia, de divisiones, de continuas y sesgadas revisiones del pasado. Miremos el futuro con alegría. No es momento para el desánimo sino para el esfuerzo y la renuncia que sostiene la esperanza de un futuro mejor para todos, aseveró.
El fuego del amor
Finalmente, el arzobispo pidió a Dios que encienda en nosotros el fuego de su amor y el deseo de un justo progreso en nuestros hermanos, para que los bienes destinados a todos promuevan la dignidad de cada persona y afiancen en la sociedad humana la equidad y la justicia superando toda división.
La presencia del Cardenal Re
El cardenal Giovanni Ba-ttista Re, legado pontificio al XI Congreso Eucarístico Nacional, participó ayer de un acto protocolar con las autoridades de la provincia de Tucumán en la exLegislatura (avenida Sarmiento al 600), en San Miguel de Tucumán, y luego se trasladó al Teatro San Martín, donde recibió las llaves de la ciudad.
Participaron del acto oficial el gobernador de Tucumán, Juan Manzur, el vicegobernador Osvaldo Jaldo y el intendente de San Miguel de Tucumán, Germán Alfaro, además de autoridades eclesiásticas, gubernamentales, legislativas, universitarias y militares.
El representante papal agradeció la entrega de las llaves de la ciudad y aseguró que el Santo Padre está espiritualmente presente aquí con nosotros, hoy, en San Miguel de Tucumán. En cierto sentido sentimos firmemente su cercanía, porque bien conocemos su amor para con la Eucaristía y por la Argentina.
Asimismo, destacó que el Congreso Eucarístico se realice en una ciudad que hace 200 años jugó un rol histórico a favor de toda la nación y aseguró que estos dos siglos han sido marcados en profundidad por la fe y los valores morales y espirituales: en la Argentina el Evangelio ha sido la fuerza y la inspiración de la patria.
Ahora, queridos amigos de la Argentina, se necesita una verdadera reconciliación de los argentinos en la justicia, el perdón, la serenidad y la paz. Solamente el amor y la reconciliación que curan las heridas pueden conducirnos a todos hacia la meta de la justicia y el progreso pacífico. Al respecto, se siente la necesidad de fortalecer la cultura del diálogo, del encuentro -como dice el Papa Francisco- en la solidaridad y la honestidad. Se necesita un compromiso común para un futuro próspero y digno para todos, planteó.