Como cada 20 de mes, la feligresía se prepara para participar de las celebraciones de la Eucaristía que en esta oportunidad serán a las 8:00, 10:00 y 18:00. A modo de adelanto, las Hermanas del Huerto contaron a LA OPINION que están preparando el programa de actividades para el Día de la Beata, a celebrarse el 20 de mayo.
DE LA REDACCION. Todos los 20 de mes, la Capilla del Colegio Nuestra Señora del Huerto se prepara para honrar a María Crescencia, dar gracias por las peticiones concedidas y pedir a Dios por la pronta canonización de la beata. Por ello, hoy serán celebradas tres misas: a las 8:00,a las 10:00 (ambas presididas por el padre Mariano Díaz), mientras que la misa central será a las 18:00, presidida por el sacerdote Carlos Miri.
Con una amplia convocatoria, los pergaminenses confirmarán en esta fecha, una vez más, su admiración por esta sierva de Dios que el 17 de noviembre de 2012 fue beatificada, en una ceremonia desarrollada en el Circuito El Panorámico.
Desde la comisión que organiza las actividades en torno a la beata se informó que están ultimando detalles en la preparación del programa de acciones que se llevarán a cabo el 20 de mayo, fecha establecida por la liturgia católica para honrar a la beata pergaminense, María Crescencia. Próximamente se brindará información al respecto.
La humilde violeta
Cuenta la historia que María Angélica Pérez nació en San Martín, provincia de Buenos Aires, un 17 de agosto de 1897. En 1905 su familia se mudó a Pergamino y dos años después, junto a una de sus hermanas, ingresó al Hogar de Jesús.
En esta institución educativa, a cargo de la Congregación de las Hermanas del Huerto, permaneció pupila hasta fines de 1915. Por ese entonces la vocación de María Angélica estaba definida. Tanto es así que abandonó el Hogar de Jesús para ingresar al noviciado. En ese momento dejó a sus dos familias: a sus padres y hermanos, y a las Hermanas del Hogar. Se trasladaba para cumplir con su gran vocación a la Ciudad de Buenos Aires, a la Casa Provincial de las Hermanas del Huerto, en el barrio de Villa Devoto. Era el 31 de diciembre de 1915. Un año después, con la vestición del hábito religioso, comenzó a llamarse Hermana María Crescencia en honor del santo mártir Crescencio.
La Hermana Crescencia, luego de hacer su primera Profesión Religiosa en 1918, es enviada al Colegio del Huerto en la Ciudad de Buenos Aires, donde enseña el catecismo y da clases de labores a las niñas pupilas y externas. Siempre pronta para cumplir la voluntad de Dios, es enviada para seguir prestando su servicio en el ámbito asistencial a fines de 1924. Viaja a Mar del Plata, al Sanatorio Marítimo, donde es responsable del cuidado y educación de las niñas con tuberculosis.
En Mar del Plata permanece hasta 1928, cuando a causa de este frágil estado de salud sus superiores deciden enviarla a Vallenar (al norte de Chile), donde el clima sería más benévolo. Continúa allí, junto a las Hermanas de la Comunidad, trabajando por y para los enfermos internados en el hospital Nicolás Naranjo.
En Vallenar, Chile, el 20 de mayo de 1932 María Crescencia falleció serenamente y en concepto de santidad tras padecer una gran enfermedad.
Su cuerpo incorrupto descansa en la tumba de la Capilla del Colegio Nuestra Señora del Huerto de Pergamino.
Beatificación
El proceso diocesano de beatificación de la hermana Crescencia comenzó un 27 de febrero de 1986 (iniciado por el entonces obispo de San Nicolás, monseñor Domingo Salvador Castagna). En 1989, el proceso fue presentado en Roma.
En 2004 el Papa Juan Pablo II reconoció las virtudes heroicas de la Hermana Crescencia, por lo que pasó a ser considerada venerable. En 2011 la Santa Sede reconoció un milagro atribuido a su intercesión y el Papa Benedicto XVI firmó el decreto de su beatificación, ceremonia que se llevó a cabo el 17 de noviembre de 2012, en el Circuito El Panorámico con una celebración que fue presidida por Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos.
Cardelli
En una de las numerosas veces que monseñor Héctor Cardelli, obispo de la Diócesis de San Nicolás, se refirió a la beata expresó: Crescencia fue una niña frágil, muy buena, humana, con infinidad de condiciones espirituales, cognitivas, y servicial.
Comenzó cultivando la fe, el amor a Dios y aceptó su plan. El encuentro con Dios la fue llevando, a través del servicio, de la sencillez, de las pequeñas cosas, de la caridad, de su cotidianeidad, a fortalecer ese amor. Eso es la santidad, ser consciente de que Dios me ama y amar a mi prójimo como él me amó.
Dios estaba haciendo su amor concreto en María Crescencia. Por eso le damos gracias a Dios por esta beata, por el nacimiento de Sor Dulzura, por este llamado a la santidad que el Padre nos hace a través de ella, una fiel servidora que supo escuchar a Dios, aceptó su plan, lo hizo vida en su vida y hoy se constituye en un ejemplo a replicar.