La liturgia cristiana indica que con la bendición de los ramos de olivo, los fieles participarán del comienzo de la Semana Mayor de este credo, en el que se recuerda la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Misericordia quiero y no sacrificio es el lema escogido por el Papa Francisco para su mensaje de Cuaresma 2016.
DE LA REDACCION. El 10 de febrero, con la imposición de las cenizas, los cristianos empezaron su peregrinar en la Cuaresma.
Dicho tiempo está ordenado a la preparación de la celebración de la Pascua: la liturgia cuaresmal prepara para la celebración del misterio pascual tanto a los catecúmenos, haciéndolos pasar por los diversos grados de la iniciación cristiana, como a los fieles que recuerdan el bautismo y hacen penitencia.
Hijo de David
El próximo domingo, con la bendición de los ramos de olivo, los fieles participarán del comienzo de la Semana Mayor de la Iglesia Católica: la Semana Santa en la que se recuerda la Pasión de Cristo desde su entrada mesiánica en Jerusalén.
La mitología judeocristiana cuenta que Jesús ingresó a Jerusalén montado en un burro y que recibía a su paso el saludo de los que allí se encontraban que, agitando ramas de olivo y palmas, aclamaban al hijo de David con gritos de hossana, (que significaba: ¡viva!). Era costumbre entre la gente reunida para la Pascua recibir con gritos y cánticos a los nuevos grupos que llegaban. Los Reyes eran recibidos además echando mantos, ramos de olivo y palmas a los pies de las monturas reales, alfombrando el suelo para que estos pisaran sobre ellos. Es por ello que la bendición de los ramos de olivo es la celebración de los feligreses en este Domingo de Ramos.
Para la tradición cristiana es un día en el que se conmemora un triunfo, la entrada de Cristo en Jerusalén con el reconocimiento de un rey pero a lo largo de la semana el tono es distinto ya que rememora la Pasión y Muerte de Cristo para finalizar con la Resurrección, que se celebrará el domingo 27.
Lectura de la Pasión
El Domingo de Ramos es uno de los días más celebrados de la Semana Santa. En esta jornada la celebración de la misa comienza con la bendición de las palmas y ramos de olivo que llevan los asistentes y una vez que comienza el oficio se realiza la lectura del relato completo de la Pasión, que en algunos templos es dramatizado y es leído entre varias personas para enfatizarlo más.
Pasión y muerte
La Semana Santa es la celebración anual en la que los cristianos conmemoran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Es un período de intensa actividad litúrgica dentro de las diversas confesiones cristianas.
El Domingo de Ramos, que se celebra el 20 de marzo, es el primer día de la Semana Santa, período donde se conmemoran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.
Las ceremonias litúrgicas del Domingo de Ramos comienzan con la bendición de las palmas y ramas de olivo que llevan los fieles. De este modo se rememora el pasaje evangélico de la Entrada de Jesús en Jerusalén.
El Jueves Santo, se celebra el jueves anterior al Domingo de Resurrección, en el transcurso de la Semana Santa cristiana. En este día se recuerda la última cena de Jesús, y la Iglesia Católica conmemora la institución de la Eucaristía.
El Viernes Santo es una de las principales celebraciones del catolicismo. Este día recuerda la muerte de Jesús de Nazaret.
El Sábado Santo (o Sábado de Gloria) es el día de espera litúrgica por excelencia, de espera silenciosa junto al sepulcro, que se manifiesta con la ausencia de celebraciones o símbolos visibles en las iglesias.
La Vigilia Pascual es una celebración que conmemora la Resurrección de Jesús y tiene lugar en la madrugada del Sábado Santo al Domingo de Resurrección.
Es, sin lugar a dudas, la ceremonia litúrgica más importante del año en la mayoría de las confesiones cristianas, y en todas ellas tiene un ritual muy semejante que incluye los símbolos de la luz y el agua, dado que en la antigüedad los neófitos recibían el bautismo en este acto.
El Domingo de Resurrección (o Domingo de Pascua) es la fiesta más importante para todos los cristianos, que conmemoran la Resurrección de Jesús.
Siete claves
Misericordia quiero y no sacrificio es el lema escogido por el Papa Francisco para su mensaje de Cuaresma 2016. Como cada palabra de Bergoglio, este lema no es casual: el Papa invita a vivir la Cuaresma de este Año Jubilar con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios, centrándose en los actos concretos. Por eso, ofrece siete propuestas concretas para vivir la Cuaresma: Escuchar la Palabra de Dios, con esta invitación, Francisco propone hacer hincapié en la primacía de la escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra profética. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio.
Acercarse a un misionero de la Misericordia, acreditados para perdonar los pecados habitualmente reservados a la Santa Sede.
Profundizar en el origen bíblico de la misericordia. A través de la lectura del Antiguo y Nuevo Testamento, el Papa anima a recorrer la Sagrada Escritura en clave de misericordia. La misericordia expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador. En Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de El, expresa el Papa.
Conocer las obras de misericordia. Son siete corporales (dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir a los cautivos y sepultar a los difuntos) y siete espirituales (enseñar al ignorante, dar buen consejo al que lo necesita, corregir a los pecadores, tener paciencia en las tribulaciones, perdonar con gusto las ofensas, consolar a los afligidos y orar por los vivos y los difuntos). Las obras de misericordia nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu.
Ponerlas en práctica. Las obras de misericordia ayudarán, según el Papa, a despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. Tomar a María como ejemplo de misericordia: La Virgen fue la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez, reconociéndose como la humilde esclava del Señor, recuerda Francisco.
Y por último pero no menos importante, convertirse. Solo en el amor de Dios está la respuesta a la sed de felicidad y de amor infinitos del hombre. Cuarenta días por delante para emprender el camino de vuelta hasta el corazón misericordioso del Padre.