miércoles 13 de mayo de 2026

Rami, el joven sirio que huyó de la guerra y forja su futuro en Pergamino

6 de marzo de 2016 - 00:00

Tiene 22 años y hace siete meses que llegó a nuestra ciudad por contactos con un familiar. La comunidad sirio libanesa le facilitó las condiciones para su radicación y a fuerza de trabajo y humildad se ganó la confianza de sus “paisanos”. Su deseo es continuar los estudios de ingeniería civil y el sueño mayor es traer a su madre y a su hermana que quedaron en Siria.

DE LA REDACCION. Con matices pero con la misma esencia, la historia de Rami Krd reedita el escape del horror que significa la guerra. Casi un siglo después este joven sirio de apenas 22 años llegó a Pergamino como tantos antepasados suyos lo habían hecho por el mismo motivo y se radicaron aquí para siempre. Es otro tiempo, otra guerra y otras circunstancias, aunque con varios denominadores comunes: el temor a no sobrevivir, el punto de partida, el terruño buscado, el sueño de tener un futuro.

La guerra que por estos días sumerge a Siria lo llevó a buscar una salida que no sea la de ser obligado a estar en un frente de combate. Educado en una comunidad cristiana, Rami siempre tuvo en claro que con planificación y esfuerzo era posible concretar sueños. La libertad es uno de sus ideales y no estaba dispuesto a mezclarse en una lucha que considera estéril, de otro tiempo, sin razones por las que valga la pena derramar ni una gota de sangre.

Así, con el apoyo de su mamá, apenas terminó sus estudios, a los 21 años, buscó refugio en Líbano, pegado a su país de origen. Pero, en especial por la cercanía, no era un lugar demasiado seguro para él y por eso decidió por la alternativa más difícil en términos de distancia, pero más conveniente para forjarse un porvenir.  La Argentina, esa tierra lejana que alguna vez muchos de sus antepasados tuvieron como destino desconocido pero que los recibió con los brazos abiertos, retumbó en la cabeza de Rami y no lo dudó.

En Pergamino había contactos familiares y previas escalas en Qatar y Brasil, hace siete meses puso sus pies en esta ciudad y -según dice- será por mucho tiempo.

Su hermano mayor huyó hacia Bélgica en las mismas circunstancias, mientras que su madre y su hermana (que por ser mujeres no son obligadas a enrolarse en la milicia) permanecen en Kafaram, el pueblito habitado por cristianos que dista a unos 40 kilómetros de la conocida Homs, la ciudad desde donde en otro tiempo vinieron tantos sirios a Pergamino.

 

En Argentina

Rami llegó a la Argentina el 13 de agosto invitado por un familiar que reside en Pergamino pero al poco tiempo, como la relación no era la mejor, se acercó a la comunidad sirio libanesa local, especialmente en la Iglesia San Jorge donde lo recibió el padre Víctor, quien luego lo presentó en el Club Sirio Libanés, donde por esos días estaba desarrollándose la campaña de ayuda a los refugiados sirios que padecían las atrocidades de la guerra. 

De inmediato le contrataron un hotel y a los pocos días apareció un miembro de la comunidad ofreciendo una vivienda en préstamo, y es allí donde Rami habita actualmente. De manera paralela le consiguieron un trabajo, en la fábrica de indumentaria de la familia Degleue, ubicada en el Parque Industrial, donde le abrieron las puertas para que pueda sustentar su estadía y empezar a forjarse un futuro.

En cuanto a su situación legal en el país, cuenta con un documento de extranjero, que tiene validez por dos años, con posibilidades de ser renovado.

Rami no sabía casi nada de la Argentina y ni por asomo había pronunciado una palabra en castellano. “Mate –porque en Siria tomamos mate-, Messi y Buenos Aires era lo único que sabía de Argentina”, dice a LA OPINION entre risas y con un español bastante claro que aprendió en estos meses de estadía en la ciudad.

Y después empezó a contar su historia, acompañado por Norma “Beba” Batch, ese ícono que tiene la comunidad sirio libanesa de Pergamino que adoptó a Rami como un hijo.

“Cuando pasas los 18 años y no estudias tienes que hacer el Servicio Militar. Yo seguía estudiando y pedí la prórroga, pero a los 21 terminé y estaba obligado a hacer el Servicio, por eso decidí salir de Siria, porque estando en guerra era muy peligrosa la situación”, confiesa este joven aplomado, de inconfundibles rasgos árabes.

“El día que rendí el último examen salí de Siria y fui a Líbano, porque si no me iban a incorporar al ejército. Mi hermano salió antes y pasó al Líbano, después a Turquía, Grecia y ahora vive en Bélgica. Viajó por el mar y fue muy peligroso. Mi madre no quería que yo fuera por el mar porque se habían  hundido muchas embarcaciones, entonces me dijo que había unos familiares en Argentina y que se podía buscar una salida hacia este lado. Entonces se estableció el contacto, desde Argentina se envió la carta de invitación y con eso pude ingresar al país”, explicó.

También recordó que en su corta estadía en Líbano estuvo trabajando y tenía recursos para pagar el pasaje. “Tuve que salir vía Qatar, porque no dejaban volar a Europa, y desde allí tomé un vuelo a Brasil. Después llegué a la Argentina”, recordó a la vez que destacó que “no es fácil ser árabe y andar viajando por el mundo, todos desconfían, siempre se es un sospechoso”.

 

Kafaram y Pergamino

Rami contó a LA OPINION que su ciudad, Kafaram “es chiquita, todos somos cristianos y allí no se ve la guerra, pero  al lado, a 15 kilómetros había combates”. Y remarcó: “Mi mamá no quería que me quedara allí, era muy peligroso para mi hermano y para mí por ser varones. Ella se quedó con mi hermana, a la que por ser mujer no la llaman para la guerra”.

Sobre su ciudad adoptiva dijo: “Me gusta Pergamino, me gusta la gente, es abierta. En muchos lugares no quieren a los extranjeros, acá son amables, me ayudan. Además tengo madre sustituta, hermanos sustitutos, trabajo, me dieron una casa, me siento muy cómodo acá. Trabajo hasta las 15:00, vuelvo a mi casa y me cocino para comer, descanso un poco y casi todos los días voy al negocio de un amigo a estar con gente para hablar y conocer. En mi casa me aburro, entonces salgo a conocer. Además voy a la casa de ‘Beba’, a la iglesia con el padre Víctor, también me invitan mis compañeros a comer asados ¡Qué rico es el asado eh!”, acotó.

Pero Rami vuelve sobre sus palabras y asegura que “todas las personas en Siria quieren que este horror termine pero la guerra hoy está y es lamentable. Si yo volviera sería para ver a mi mamá y mi hermana, porque todos mis amigos  han abandonado Siria. Si Dios quiere ya vamos a traer a mi madre y a mi hermana, porque yo no puedo ir, ya que hasta los 40 años me convocarían para el Servicio Militar. La otra posibilidad son cinco años fuera de Siria y pagar 12 mil dólares para no hacer el Servicio, pero pasas a ser un extranjero. Para juntarme con mi familia vamos a dejar que pase un poco de tiempo, ya veremos, pero eso está en mi mente”.

 

Estudiar es el camino

Rami quiere estudiar. No tiene en claro las equivalencias de los estudios que tiene aprobados con los que se requieren en nuestro país. Estudió Ingeniería Civil en la Universidad de Homs y refiere haber concluido el curso, aunque es probable que haya sido un ciclo básico, por la edad en la que terminó (21 años). De todos modos el año próximo buscará la manera de retomar los estudios, seguramente en la Unnoba, porque considera que “al que estudia se le hace más fácil vivir”, en clara referencia a que en el conocimiento está el mejor porvenir.

Mientras tanto trabaja, se afianza en una comunidad que le está brindando posibilidades y explora el terreno para cumplir su sueño de reencontrarse aquí con sus mayores afectos. Igual que muchos sirios lo hicieron hace años.

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Fondo de Promoción Cultural. Referentes de distintas disciplinas culturales trabajaron en el diseño y formulación de proyectos destinados a fortalecer la vida cultural del partido de Pergamino.

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