miércoles 13 de mayo de 2026

El Papa Francisco aconseja a seminaristas sobre cómo llegar a ser buenos sacerdotes

28 de enero de 2016 - 00:00

El pasado lunes la liturgia católica recordó la conversión de San Pablo. A modo de historia vale recordar que, Judío de la tribu de Benjamín, Saulo (nombre original de Pablo) fue enviado por sus padres desde muy joven a Jerusalén, donde se instruyó en la Ley de Moisés con el fariseo Gamaliel. Luego, ingresó a la severa secta de los fariseos, convirtiéndose en un perseguidor y enemigo de Cristo. Lo apasionado de su persecución lo llevó a ofrecerse al sumo sacerdote para ir a Damasco a arrestar a todos los judíos que confesaran a Jesús, pero Dios decidió mostrar su misericordia y paciencia con Saulo y ya cerca de Damasco, una luz del cielo brilló sobre él y sus compañeros, cegándolo por espacio de tres días, tiempo en el que permaneció en casa de un judío llamado Judas, sin comer ni beber.

Por revelación de Cristo, el cristiano Ananías fue al encuentro de Saulo, quien recuperó la vista y se convirtió, accediendo al bautismo y predicando en las sinagogas al Hijo de Dios, con gran asombro de sus oyentes. Así el antiguo perseguidor blasfemo se convirtió en apóstol, San Pablo, y fue elegido por Dios, como uno de sus principales instrumentos para la conversión del mundo.

 

Vocaciones sacerdotales

En el marco de la festividad de la conversión de Saulo, el pasado lunes, en nuestra Diócesis se celebró el Jubileo para las Vocaciones sacerdotales y religiosas. La ceremonia tuvo lugar en la ciudad de Salto, en la parroquia Conversión de San Pablo. Allí  se pidió por los seminaristas de la Diócesis de San Nicolás, y por el aumento de la perseverancia y la santificación de las vocaciones a la vida consagrada.

 

Consejo Papal

Por su parte, ese mismo día, pero en Italia, el Papa Francisco recibió en la Sala Clementina a los jóvenes del Pontificio Seminario Lombardo de Roma (Italia), a quienes dio algunos consejos. Para ser un buen sacerdote, afirmó el Pontífice, es esencial el contacto y el acercamiento con el obispo. “La característica del sacerdote diocesano es precisamente la diocesaneidad” y esta “tiene su piedra angular en la relación frecuente con el obispo, en el diálogo y en el discernimiento con él”, señaló el Papa.

El Santo Padre exhortó a los jóvenes a cultivar este lazo, porque “un sacerdote que no tiene relación constante con su obispo, lentamente se aísla del cuerpo diocesano y su fecundidad disminuye”.

 

Impulso del Espíritu

En su discurso, Francisco les recordó, y a través de ellos a todos los seminaristas del mundo, que como tales “se preparan a obedecer el impulso del Espíritu, para ser ‘el futuro de la Iglesia’ según el corazón de Dios; no según las preferencias de cada uno o de las modas del momento, sino como lo requiere el anuncio del Evangelio”.

“Para prepararse bien -continuó- se necesita trabajar a fondo, pero sobre todo una conversión interior, que cotidianamente radique en el misterio de la primera llamada de Jesús y lo reviva en la relación personal con él, como hizo el apóstol Pablo, de quien recordamos la conversión”.

 

San Carlos

Además, se refirió a la figura de San Carlos Borromeo, quien presentó su vida como “un constante movimiento de conversión, reflejando la imagen de Pastor. Él se identificó con esta imagen, la nutrió con su vida, sabiendo que el discurso se convierte en realidad al precio de la sangre: los ‘sanguinis ministri’ eran para él los verdaderos curas. Él realizó la imagen perdiéndose. Puso toda su pasión para reproducirla”.

 

Santidad pastoral

“Esta es la meta a alcanzar. Aunque a menudo aparece en el camino una tentación para expulsar: aquella de la normalidad, la de un Pastor que se contenta con una vida normal. La normalidad en cambio para nosotros es la santidad pastoral, el don de la vida. Si un sacerdote elige ser una persona normal será un sacerdote mediocre o algo peor”, advirtió.

“Puede anunciar palabras de vida solo quien hace de su propia vida un diálogo constante con la Palabra de Dios, o mejor, Dios que habla”, indicó.

 

Muros de carga

En ese sentido, señaló que como parte de su formación “se les ha confiado la misión de entrenarse en este diálogo de vida, el aprendizaje de las varias disciplinas que estudian no termina en ellas, sino que se concreta en el coloquio de la oración y en el encuentro real con las personas.

“No hay que formarse por partes, oración, cultura y pastoral son muros de carga de un único edificio y deben estar siempre fuertemente unidas para sostenerse entre sí, para que los sacerdotes de hoy y mañana sean hombres espirituales y pastores misericordiosos interiormente unificados en el Señor y capaces de difundir la alegría del Evangelio en la simplicidad de la vida”, indicó Francisco.

 

Fraternidad

Antes de concluir, el Pontífice alentó a los jóvenes a cultivar “la belleza de la amistad y el arte de establecer relaciones, para crear una fraternidad sacerdotal más fuerte que las diversidades particulares”.

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