jueves 14 de mayo de 2026

Los fieles renovaron el amor y la fe por la beata María Crescencia

19 de noviembre de 2015 - 00:00

Se cumplieron tres años de la ceremonia religiosa en la que fue beatificada la religiosa pergaminense. Se celebraron cuatro misas, una presidida por el obispo de la Diócesis de San Nicolás, Héctor Cardelli. “Crescencia vivió los vaivenes que todos vivimos cotidianamente pero el amor la fue modelando, la perfeccionó hasta su encuentro con Dios”, expresó monseñor.

DE LA REDACCION. El martes la feligresía recordó uno de los acontecimientos más importantes de la historia litúrgica de nuestra ciudad: la beatificación de la hermana María Crescencia Pérez.

Apodada “Sor Dulzura” por Angelo Amato, prefecto de la Congregación de la Causa para los Santos, la religiosa que se destacó por la mansedumbre y la aceptación de la voluntad de Dios, fue “elevada a los altares” el 17 de noviembre de 2012 en una ceremonia multitudinaria que se llevó adelante en el circuito El Panorámico.

Al cumplirse tres años de ese acontecimiento, las referentes locales de la Congregación de las Hermanas del Huerto organizaron un cronograma de cuatro misas. 

La ceremonia central estuvo presidida por el obispo de la Diócesis de San Nicolás, monseñor Héctor Cardelli que también realizó la clausura del Año a la Vida Consagrada.

En cada misa muchos fieles renovaron su fe hacia la sierva de Dios que se caracterizó por la humildad. Se acercaban al lugar donde descansa el cuerpo incorrupto de la beata, algunos sonreían, otros lloraban, se arrodillaban y hubo quienes dejaron ramos de flores, predominando las violetas que identifican a Crescencia.

 

Santo Cristo

Por otra parte ayer, en horas de la tarde, fue trasladada desde la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás y San Carlos Borromeo a la Capilla del Huerto, la reliquia del Santo Cristo, que será expuesta junto a las sagradas reliquias de la beata hasta su traslado definitivo al Hogar de Jesús.

Este acontecimiento fue relevante para la comunidad del Hogar de Jesús ya que la Cruz fue venerada por María Crescencia en la época en que ella estudiaba en la Escuela.

Destacando el traslado del Santo Cristo, monseñor Héctor Cardelli, antes de iniciar la última misa de la jornada, señaló: “En su origen este crucifijo estuvo en la Capilla del Hogar de Jesús y ante el cual las hermanas del Huerto, y hasta la misma Crescencia, contemplaron el misterio del amor por Cristo redentor, fuente de gracia y de salvación”.

Rememorando la historia del crucifijo, Cardelli señaló que cuando se eligió el nuevo centro de culto en el antiguo barrio José Hernández, la cruz fue donada como gesto misionero a la nueva comunidad que nacía con el patronato de San Carlos Borromeo. 

Con el transcurso del tiempo la Parroquia creció, y también emergió la figura de Crescencia como modelo de adhesión a Jesús, ante el cual ella había militado tantas veces. Como gesto de gratitud y reconocimiento, el Santo Cristo fue nuevamente donado al Hogar de Jesús para homenajear la memoria de “tan ilustre hija de esta Iglesia”.

 

Alimentar la fe

Como es habitual, luego de dar lectura del Evangelio correspondiente al día litúrgico, el obispo de la Diócesis de San Nicolás se dirigió a los presentes recordando el cierre del Año a la Vida Consagrada, dedicado precisamente para que “este signo tan fuerte de la Iglesia sirva para que nosotros entendamos un poco más y practiquemos un poco más lo que se escucha en el Evangelio, quedarnos a los pies del Señor para escucharlo. Escuchar al Señor alimenta y aumenta nuestra fe, que es el paso fundamental para entender lo que significa consagrar la vida a un Dios que no vemos”.

 

Vivir sin oscuridad

Estableciendo una comparación entre la fe y el sol, el obispo aseveró que “cuando nos falta la fe es como cuando se apaga el sol, se oscurece todo. Con el sol vemos el paisaje, las formas, el color, la vida de la naturaleza, pero cuando se apaga el sol todo es oscuridad. En las tinieblas caminamos tanteando, no sabemos bien qué hay más allá del primer paso”.

Destacó que quienes viven en la luz forman parte de la vida consagrada, “que se presenta como la persona que está iluminada por la luz de la fe, a la que no le sobreviene la noche, para la que siempre está de día, siempre sabe por dónde tiene que caminar. La persona que tiene fe, que escucha al Señor, que lo conoce y que lo ama, vive en el sol”, dijo monseñor y aclaró que todos somos consagrados por el Bautismo, no es exclusividad de quienes se consagran en la vida religiosa. Estos “caminamos en la luz, caminamos en la fe, en la sabiduría que nos permite diferenciar qué es lo que es válido y qué es lo superfluo. No podemos transitar la vida preocupándonos por las cosas perecederas, por lo efímero y transitorio, y en esta condición de la vida temporal se nos escapa lo sobrenatural: escuchar la Palabra de Dios, aceptar su voluntad, servir a mi hermano. Si no tenemos la ciencia que nos da el escuchar al Señor, interpretamos la vida como una cosa del momento sin prestar atención a las ‘alarmas’ que nos indican que esta vida no es la única que existe, sino que debemos prepararnos para la próxima vida”.

 

Testimonio en la tierra

Los consagrados a Dios, dijo Cardelli, “son aquellos que adelantan en estos días el gozo de la vida futura, la felicidad plena que no se conoce en la tierra sino que está más allá de esta vida, los consagrados somos los que damos testimonio sobre la experiencia de amor que viviremos en el Cielo que es el objetivo final de nuestra vida, el encuentro con Dios”.

Destacando las virtudes de María Crescencia, el obispo aseguró que vivió en el silencio, en el anonimato, en la entrega, no se lució con ninguna de sus cualidades sino que las puso al servicio de Dios. Por todo esto “hoy Crescencia es nuestro modelo a seguir, nuestro ejemplo. Está muy cerquita de nosotros porque conocemos su vida, su historia, contamos con algunos familiares directos de ella. Crescencia vivió los vaivenes que todos vivimos cotidianamente, pero el amor la fue modelando, la perfeccionó hasta su encuentro con Dios”.

 

Una vida de amor

A modo de mensaje a los fieles el obispo expresó que lo que realmente vale es “comprometer la vida en el amor, convertirse en adoradores del amor, entender lo que nos dice Dios, asumir el compromiso con la vida y ser levadura, luz, sal, y por qué no como la humedad que empieza siendo pequeña hasta que termina brotando en toda una pared, por ejemplo. Así debe ser la santidad hermanos. Debemos testimoniar el amor de Dios en todos lados, replicar la experiencia de nuestro corazón. Pongamos bajo la mirada de Crescencia toda la vida consagrada de la Iglesia, de modo particular la de nuestra Diócesis, porque esta beata es de aquí, es la señal que nos insta a prestar atención para que escuchemos al Señor ya que todo lo demás se nos dará por añadidura”.

 

Mañana misa

Mañana, al igual que todos los 20 de cada mes, se oficiará una sola misa, a las 19:00, pidiendo por la pronta canonización de la beata Crescencia, presidida por el padre Carlos Miri. Después de la misa se proyectará una animación de luces y sonido en 3D.

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