Beatriz Udenio, analista de la Escuela de Orientación Lacaniana, fue la disertante en la última jornada sobre psicoanálisis que se concretó días pasados en Unnoba. LA OPINION conversó con la profesional sobre la actualidad de la práctica psicoanalítica.
DE LA REDACCION. Con el auspicio del Institut du Champ Freudien (Instituto del Campo Freudiano), el Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII y el Centro de Investigación y Docencia (CID) Pergamino, el Instituto Oscar Massotta (IOM) días pasados se concretó el cierre del año con un importante seminario que tuvo lugar en el aula 9 de la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires (Unnoba), sita en Monteagudo 2772. La última clase fue dada por la directora del CID Pergamino, Beatriz Udenio.
En diálogo con LA OPINION, Beatriz Udenio, analista de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL), habló de su vínculo profesional con la ciudad y de las características de la corriente a la que adscribe.
-¿Qué es el IOM?
-El Instituto Oscar Masotta es una instancia que se creó para favorecer lugares de enseñanza e investigación en distintos lugares de nuestra extensa Argentina, donde hay muchos practicantes del psicoanálisis y estudiantes interesados en formarse en la orientación lacaniana, pero que no pueden desplazarse a los centros donde hay mayores ofertas de cursos y seminarios. Entonces, se pensó en invertir la fórmula: que sean los docentes los que se desplacen a los lugares donde esta propuesta fuera bienvenida. Esta experiencia del IOM ha dado lugar, desde hace unos años, a una renovada dirección de la instancia, que se ha dado en llamar IOM2.
Además, desde hace muchos años hay, en ciudades de provincias diversas, agrupaciones psicoanalíticas que han tomado como referencia al campo freudiano, y luego a la Escuela de la Orientación Lacaniana y al Instituto del Campo Freudiano al que se refiere el IOM- que se mostraron entusiasmados con esta posibilidad. Pergamino es una de estas ciudades entusiastas y laboriosas en el camino de querer transmitir el valor que el psicoanálisis como discurso y como práctica puede tener en la ciudad y en el campo socio-comunitario.
- ¿Qué motiva su trabajo en nuestra ciudad?
- Es más de una razón. Empiezo por el largo tiempo de intercambio -al que se ha ido sumando el afecto- que me liga a varios de los integrantes del CID Pergamino del IOM, con María Laura Melo. Los afectos que se fundan en lo que llamamos una transferencia de trabajo son sólidos, y se mantienen, permitiendo los debates que nos hacen crecer en el lazo y en un modo de tratar nuestra práctica y nuestros conceptos de modo que cada quien tenga que poner de sí en cada lectura, exposición, investigación o discusión clínica.
Ese aspecto provoca mi entusiasmo, me mantiene despierta y nos mantiene despiertos, para no confortarnos en lo que creemos ya sabido. Y, en mi opinión, esto hace de motivación para todos los que integramos este CID.
-¿Qué es el psicoanálisis hoy o cómo trabaja un psicoanalista en la actualidad?
- Lo que me gustaría decirles es que el psicoanálisis ofrece a aquel que quiera hacer esa experiencia, la posibilidad de hacer un recorrido al cabo del cual encontrar, en el corazón mismo de sus máximos padecimientos, los útiles con los cuales transformar ese malestar en un modo de arreglárselas en la vida con aquello que lo ha determinado, incluso, que lo ha traumatizado. Es una herramienta fabulosa, y a la vez, muy circunscripta. El psicoanálisis no es, ni se presenta como un discurso totalizador. Al contrario, en la medida en que se ubica en el justo lugar de aquello que ofrece y propone, se vuelve potente en sus alcances, para cada uno de los que atraviesan esa experiencia y de cara a lo social.
-¿Cómo llegó al psicoanálisis?
- El psicoanálisis forma parte de lo que me hace sentir viva. Me interesé por la doctrina freudiana hace más de 40 años, cuando era aún estudiante de Medicina en la UBA. Enseguida, llegué a las enseñanzas de Lacan. Y comencé a analizarme. Muchos años, tres analistas diferentes, y finalmente concluí mi análisis. Recuerdo el instante de extraña mezcla de alegría, alivio, emoción, que experimenté cuando dejé el consultorio de mi analista en esa oportunidad. Y meses después, decidí presentarme al dispositivo con el que las Escuelas de la Asociación Mundial de Psicoanálisis dentro de la cual está la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL)- verifican que alguien puede hacer demostrativo ese momento de final del análisis. A eso se lo denomina Pase. Si se logra hacer pasar esa demostración, que implica una construcción lógica del desarrollo del propio caso, entonces se le nombra Analista de la Escuela (AE), nominación que es vigente por tres años, durante los cuales se espera de cada AE que pueda articular su caso con los problemas cruciales del psicoanálisis y de las instituciones a las que pertenece.
Para mí, esta posibilidad de articulación me vivifica y me produce, cada vez, un deseo de compartir, con otros, las elaboraciones que puedo desprender de aquello que la experiencia por la que atravesé, me dejó como sedimento. En mi caso, lo que tomó valor de herramienta tiene estrecha relación con mi gusto por el ir y venir, compartir con otros de distintos lugares, disciplinas y lenguas.